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lunes, 6 de septiembre de 2021

Hasta Pronto

De nuevo por motivos de trabajo y por la consiguiente falta de tiempo voy a hacer una pausa en el blog, como muy tarde hasta el próximo julio, aunque puede que en Navidades o en Pascua publique también alguna entrada suelta, no sé… En cualquier caso no os preocupéis, seguro que volveré. Ya sabéis que la mayoría de entradas del blog tratan temas que no caducan, así que podéis leer las entregas más antiguas (si no lo habéis hecho ya) hasta mi regreso. ¡Un abrazo y hasta pronto!

 

Cartel pegado en la pared con la frase “¡Quedamos en contacto!”

lunes, 20 de abril de 2020

Pandemonium (IV)


Para empezar con buen pie esta cuarta entrega sobre el Coronavirus intentemos ver la parte positiva de la situación… En estas últimas semanas, desde que vuelan menos aviones (creo que en algún momento llegaron a ser el 3 ó 6% de los habituales en España), las emisiones de CO2 y la contaminación han descendido bastante tanto aquí como en el resto del Mundo. Supongo que ahora mismo se estarán recogiendo datos muy interesantes con respecto a la influencia del Hombre en el cambio climático… También está habiendo menos accidentes de tráfico, lógicamente. Y los animales están recuperando algunos espacios que antes pertenecían a los humanos, generando estampas adorables o divertidas y también otras algo más inquientantes, todo sea dicho, como la de las palomas hambrientas acosando a una anciana solitaria por las calles de Benidorm.


Caballos salvajes paseando por las calles desiertas de Reno, Nevada


La semana pasada hablamos de cómo algunos se han tomado el confinamiento demasiado a la tremenda cuando en realidad no es para tanto. Durante estos últimos treinta años de capitalismo, sin grandes conflictos en el Mundo Occidental, nos habíamos acostumbrado a vivir demasiado bien… A lo de “bien” le podéis poner todas las comillas que queráis y dependerá de cada persona, lo sé, pero es verdad que en general nos hemos acomodado a depender de demasiadas chorradas y lujos superfluos, con los ojos cerrados a lo que ocurre en el Tercer Mundo. En otros países, por ejemplo de África, esta incertidumbre que estamos sufriendo es el pan suyo de cada día, y a veces ni eso, con regiones sin agua potable y azotadas por otras enfermedades, hambre y conflictos armados constantes; pero desde aquí arriba miramos para otro lado de forma bastante hipócrita. Históricamente hablando nuestros últimos treinta años no suelen ser lo normal, habíamos tenido bastante suerte hasta ahora. A toda generación le toca vivir algún mal momento y este es el nuestro; y si no, que se lo digan a los supervivientes de la Guerra Civil Española, de los que hablamos hace poco…

En resumen, cuanto más amplio es tu punto de vista y más sabes de Historia o de la situación mundial menos grave te parece el confinamiento. Hay quien dice que hace dos meses éramos felices y no lo sabíamos; yo digo que incluso ahora somos felices en comparación con otros lugares y otras épocas, pero no nos damos cuenta… Así que aprovecha el tiempo libre que tengas estos días para conversar con tus seres queridos si los tienes en casa (o por teléfono o videoconferencia si no los tienes), para ver documentales interesantes en la tele o aprender algo nuevo y relevante, para crear arte o para leer un buen libro o ver una buena película.


Fotograma de la película El Hoyo sobre el reparto desigual de la comida


Vivimos en un mundo globalizado, para bien y para mal. Todo está conectado, y a no ser que escapemos a una isla remota o un rincón del desierto todo nos afecta a todos, no solo en lo referente a los virus sino también a las migraciones humanas, el reparto de alimentos, el cambio climático, el despilfarro de energía… Nuestras acciones individuales tienen consecuencias a largo plazo y a nivel global, y por tanto dichas acciones no deberían regirse por el “Yo-Más-Ahora” sino por el “Todos-Mejor-Siempre”, tomando decisiones bien informadas… Como dice mi amigo José Blanca, que está bastante bien informado y tiene muy buen criterio: no tenemos derecho a comida para todos, sino a repartir equitativamente la comida que hay, pero si no recurrimos a los cultivos transgénicos en el futuro podría no haber suficiente para 10.000 millones de personas… Y no tenemos derecho a estar sanos, sino a repartir los recursos sanitarios disponibles, pero permanecer sanos es algo que nos tenemos que ganar, algo por lo que hay que esforzarse, sacrificando otros gastos para invertir en Investigación y Sanidad.

Hay mucha gente incívica y egoísta, malcriada y perezosa, que cree que tiene todos los derechos y ninguna responsabilidad, y que puede hacer lo que le venga en gana en todo momento sin pensar en los demás. No se dan cuenta de la Realidad hasta que esta les pega una bofetada en la cara (Y algunos ni por esas: en el caso del Coronavirus, gente insolidaria que ignora las recomendaciones y se salta las normas del confinamiento). Muchos de los que ahora están histéricos por la pandemia son los que hace dos meses se tosían en la mano, dudaban de la eficacia de las vacunas o ignoraban que un antibiótico no sirve para vencer a un virus. Y del mismo modo gente que ahora está en contra de los transgénicos se quejará cuando falte comida, gente que no recicla se sorprenderá cuando lleguen los conflictos internacionales por el agotamiento de recursos, gente que enciende el aire acondicionado a tope sin ser necesario se indignará y exigirá responsabilidades a otros cuando la subida del nivel del Mar inunde su chalet de la playa… Y ni siquiera entonces verán (o querrán ver) la conexión entre una cosa y la otra.


Tres chimpancés tapándose la boca, los ojos y los oídos


A pesar de que la semana pasada me metí con los programas de noticias y los especiales informativos, es verdad que, aparte de alguna estupidez que otra, también contribuyen a difundir la información importante… Pero no me resisto a hablaros de un programa de La Vida Moderna que vi hace poco y que me impactó por lo relevante de su contenido. En la recta final del programa Ignatius, Broncano y Quequé se pusieron serios y comentaron tres cosas con mucho sentido: Primero, no somos conscientes de los problemas hasta que nos afectan en primera persona, no escuchamos el consejo de los que los han sufrido antes, no hacemos caso a lo que está escrito en los grandes libros ni al mensaje de las grandes películas; solo se mira a los científicos cuando la amenaza está a las puertas, no se sabe prever a largo plazo.

Segundo: el capitalismo y el consumismo salvaje son una vía equivocada, hay que dejar de hacer tantas cosas a lo loco y sin pensar, hay que aprender a tener menos experiencias pero saborearlas más, y comprender lo importantes que son una buena Sanidad pública y la inversión pública en Investigación. Tercero: por mucho que se nos llene la boca ahora diciendo que hemos aprendido la lección, es probable que después de pasar la crisis sanitaria y económica no cambie absolutamente nada, y si cambia algo será mucho menos de lo que creemos… ¡No aprendemos! Como ya os digo, estas tres observaciones me parecieron todas muy acertadas; a ver si va a ser cierto que a veces es el bufón de la corte el que dice al Rey las verdades como puños a la cara… Este programa fue titulado, creo que de forma muy apropiada, Lo Esencial.


Ignatius Farray confinado en su bajo durante la grabación de La Vida Moderna


Estas últimas semanas yo he estado en todo momento tranquilo; tal vez algo molesto, pero no asustado… Molesto, digo, porque el estilo de vida que ha generado este problema es diametralmente opuesto al mío: llevo años estornudándome en el codo e incluso a veces sugiriendo a la gente que lo haga (¿a que ya no os parece un detalle tan impertinente?), y no me da por viajar a otro continente en cuanto tengo tres días de vacaciones, con el consiguiente riesgo de propagar un virus… Y también estoy tranquilo porque el verdadero problema ya lo teníamos, como habéis podido leer esta semana y la anterior, desde hace muchos años, no solo desde mediados de marzo. Cuando te esfuerzas por saber un poco de todo, cuando tu punto de vista de la Realidad es algo más amplio de lo habitual, estas situaciones nuevas no te pillan tan de improviso, te adaptas mejor, eres más resiliente. La gente que tenía memorizado su discurso vital antes de la crisis, la gente que pensaba como vivía y no al contrario, actuando primero por impulso y justificando a posteriori sus acciones con retórica, se siente perdida y descolocada cuando la cruda Realidad le desmonta el discurso, poniendo de manifiesto su incoherencia.


Ilustración de Álex Gross sobre el consumismo y la estupidez actuales


Hay que hacer un esfuerzo por ver otra consecuencia positiva de esta pandemia: en realidad es una cura de humildad, nos pone los pies en la tierra. Hay muchos que creen que somos el centro del Universo y no lo somos; episodios como este son los que nos quitan la venda de los ojos y nos hacen comprender que no somos invulnerables, que tenemos que ser cuidadosos a la hora de tomar decisiones tanto a nivel individual como colectivo, pensando no solo en nosotros mismos sino también en los demás y en la Naturaleza. Pero ¿conseguiremos aprender la lección a medio y largo plazo, o seremos tan idiotas como para no quedarnos con la copla y seguir cometiendo los mismos errores?

No deis nada por sentado: os recuerdo que hace un mes y pico en España alguien pensó (en un principio, aunque luego le enmendaron la plana) que ir a la peluquería a ponerse guapo era un servicio de primera necesidad. Y hace dos meses se realizó una encuesta a casi mil bebedores de cerveza estadounidenses y el 38% afirmó que ya no comprarían cerveza Corona para evitar el contagio… Francamente hay que estar tarado para hacer una asociación tan estúpida como esa, aunque con el presidente que tienen no me extraña en absoluto. Y luego están los que quieren abrazarse y besarse con todo el mundo desde el primer día tras el fin del confinamiento, como si hubiese un interruptor con dos posiciones, ON y OFF, y Pedro Sánchez hubiese apagado el virus por arte de magia… ¡Cuando llegue el día haced el favor de guardar la distancia de seguridad en la medida de lo posible, salvo con vuestros seres más queridos!


Varias botellas de cerveza Corona en la barra de un bar


Llegando ya a las conclusiones finales, tal vez deberíamos preguntarnos si la verdadera pandemia es el virus o la estupidez, porque no hay nada más peligroso que un ignorante que no sabe que lo es, un ignorante orgulloso de serlo. En cuanto a la supuesta tortura insoportable del aislamiento, saber que hay tanta gente que no se para a pensar ni dos segundos en las cosas a mí me hace sentir más solo que la propia cuarentena, la verdad… Y mucho peor que un estúpido es una mala persona, alguien que perjudica a los demás con conocimiento de causa; no me voy a meter a analizar el tema de los bulos que corren por Internet, ni las actitudes de algunos políticos, sobre todo de la oposición, porque me daría para otra entrega más.

Esperemos que la memoria colectiva no mute en unos meses, como el virus de la gripe común, y que cale en la conciencia de la sociedad que hay que escuchar a los expertos y no actuar por impulsos. Nuestras decisiones deben estar basadas en el Conocimiento y la Razón, no en dogmas, modas, prejuicios, intereses personales u opiniones sesgadas… Mientras escribía estas últimas dos entregas he llegado al convencimiento de que la mejor opción para la entrada de la semana que viene, a pesar de ser un tema extenso y arduo de preparar, es la de comenzar a hablar de Pensamiento Crítico y Escepticismo… Es mejor hacerlo ahora, en caliente, antes de que la gente se olvide de cuál es la moraleja cuando todo esto pase.


Tres grupos de vecinos en sus balcones, aplaudiendo a las ocho durante el confinamiento

martes, 14 de abril de 2020

Pandemonium (III)


El diccionario define Pandemonium como “reunión de demonios” o “capital imaginaria del reino infernal”, pero incluye también la acepción de “lugar en el que hay gran confusión y ruido”, lo cual no se aplica a las calles ahora mismo pero sí a las redes sociales, los medios de comunicación y en general la sociedad española. Me propongo hoy continuar esta trilogía sobre Enfermedad, Aislamiento y Estupidez con mis impresiones sobre el comportamiento de los españoles durante la presente epidemia de Covid-19, y lo que esta situación excepcional pone de manifiesto de nosotros como civilización.

Lo siento mucho por las personas mayores que están muriendo, por supuesto (la tasa de fallecimientos llegó a duplicarse respecto a lo normal en los peores días), pero hay que reconocer que como experimento sociológico y psicológico esta cuarentena es muy valiosa para aprender acerca de la manera de ser de la gente, sacando lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros… Sin duda es el momento ideal para que los filósofos saquen algunas conclusiones interesantes. Parece que el pico de fallecimientos ya ha quedado atrás… ¿Se puede decir que a nivel psicológico lo peor está aún por ver? Pasado posiblemente el ecuador del confinamiento todavía no se ha desatado la locura en los más débiles, al menos en mi barrio, pero el último par de semanas podría ser el más difícil.


Pájaros encerrados en jaulas


Allá por principios de marzo a los de las noticias de la tele les pilló por sorpresa que uno de los temas tratados, como de costumbre, de forma alarmista y apocalíptica acabase siendo realmente grave para nosotros, no solo de boquilla… Varias semanas después, fieles a su filosofía, se pasan el día actualizando las cifras de muertos y contagiados, con letreros llamativos de “Urgente” o “Última Hora”, como si realmente fuese algo que necesitásemos saber para garantizar nuestra superviviencia… Es puro sensacionalismo, pura búsqueda del morbo incluso en una situación como esta. Hasta se ofrecen imágenes y testimonios de los enfermos en el hospital, con el consiguiente riesgo de contagio para el resto de personas que tratan luego con los reporteros… El proceso de recuperación del país es forzosamente lento pero en la tele se empeñan en tratarlo como si fuera una película de acción, para entretener al personal que está aburrido en casa.

Yo me fijo más en las noticias solo los días importantes, cada vez que se activa o desactiva la hibernación o el estado de alarma, para enterarme del resumen de la normativa aprobada, y el resto del tiempo intento seleccionar otros programas que no tengan que ver con “El Tema”. No es bueno obsesionarse tanto, hay que estar al día pero sin pasarse. Al inicio del confinamiento, antes de que los anunciantes pudieran reaccionar, me llamó la atención lo desconectada que se había quedado la publicidad de nuestra nueva Realidad: “¡Consume, disfruta, ve a donde quieras y haz lo que quieras!” Los únicos anuncios que se volvieron realistas fueron los de coches conduciendo en solitario por el centro de una gran avenida, cual vehículos propiedad de trabajadores esenciales… Con el paso de las semanas la publicidad ha cambiado en dos direcciones: están los nuevos anuncios de bancos y compañías energéticas, aportando el optimismo y esperanza necesarios para fidelizar a la clientela, y por otra parte las telepromociones cutres y spots de Galería del Coleccionista, que han ocupado los nichos abandonados por los anunciantes más serios.


Rajoy saltándose el confinamiento en Al Rojo Vivo


Otra de las cosas que me jode ver, en los escasos momentos en que no estoy deslomado con mis tareas para el teletrabajo, son los retos y los vídeos virales (nunca mejor dicho) que graba la gente en su casa y que llegan a las noticias y a los programas de entretenimiento… Es alucinante la de tíos y tías que hay en su salón grabando chorradas, disfrazándose o ensayando coreografías, en vez de ponerse a leer un libro; hay mucho tonto suelto por el Mundo con poca faena y un móvil con cámara… Y lo bueno es que esto ya se hacía desde el mismo principio del confinamiento; me hace gracia esta gente que llevaba solo cuatro días en casa y se creía que llevaba ya cuatro años.

La tele tampoco ayuda, porque selecciona a diario los vídeos más estúpidos o con los comportamientos más incívicos, induciendo a la imitación y retroalimentando el problema (citar las multas que les caen a algunos de los susodichos es un atenuante, pero ni aun así…). ¡Es como si aburrirse fuese más peligroso que contagiarse! Ya os dije que los vecinos de mi patio interior de manzana no salen a las ventanas a hacer el chorra, así que hay una clara brecha entre la Realidad y los contenidos que seleccionan los medios. Es más, no me extrañaría que a veces fuesen los propios periodistas los que animaran desde abajo a los vecinos a hacer el ridículo en el balcón… La tele, como siempre, dando ideas, pero casi ninguna buena.


Futbolistas haciendo el challenge del papel higiénico


Ya en otras ocasiones hemos hablado en el blog de que la mayoría de la gente no sabe estarse quieta sin hacer nada, necesitan mantenerse ocupados… Es como si tuvieran miedo a escuchar sus propios pensamientos y reconocer que a veces vienen épocas malas en las que apenas controlamos la situación; se limitan a tirar para delante e ignorar los problemas, dejando que se enquisten en lugar de afrontarlos… Este mismo razonamiento se podría extender al Problema con mayúsculas, el de la fugacidad de nuestra existencia: incluso en medio de una pandemia muchos se niegan a ser conscientes de la insoportable levedad del Ser, a reconocer que no vivirán eternamente, a prepararse para una buena Muerte con la conciencia tranquila, llegue esta cuando llegue (tarde o temprano escribiré en el blog sobre este tema, pendiente ya desde hace mucho Tiempo).

En vez de aprovechar este periodo de reclusión para reflexionar sobre si en general estamos haciendo las cosas bien o no, sobre si nuestras decisiones en la Vida han sido las correctas, nos pasamos el rato contando las muertes (las de los demás; de la nuestra, ni hablar) y los minutos que faltan para que “todo esto pase”… Una cosa más para zanjar el tema de los challenges: el verdadero reto es pararse a pensar en cómo puedes ayudar de verdad a los demás, donando dinero a las causas apropiadas o echando una mano con la compra (sin que nadie más tenga que enterarse) a esa vecina mayor que está sola, en lugar de pedir casito por Redes e intentar ganar un puñado de followers.


Vecinas aplaudiendo en la ventana con pelucas y globos


Acabo de utilizar una de esas frases-cliché que se repiten una y otra vez y que tanta rabia me dan: “Cuando todo esto pase, que pasará”… Hay otra que también me hace bastante gracia: “Estamos juntos en esto”… ¡No, hombre, no! ¡Precisamente hay que estar separados! Ya sé que la expresión se utiliza por contraste, para mayor efecto dramático, pero no deja de recordarnos que realmente NO estamos juntos… Llamadme tiquismiquis, pero también me tocan un poco las narices esas frasecitas sensibleras estilo Paulo Coelho que se ponen algunas personas en su usuario de WhatsApp, y sobre todo la dichosa cancioncita de “Resistiré”, que parece que va bien para todas las crisis y de la que estoy ya hasta el gorro… ¡Tengamos un poquito más de originalidad, por favor!

Las maneras de responder a la pandemia a nivel individual han sido muy diversas, y no siempre ejemplares. Están los que adoptan perros para poder salir a la calle o alquilan los suyos por Internet para sacar tajada de la situación… Seguro que hay jóvenes que se han pasado estas semanas jugando sin parar a videojuegos online; están en su salsa, sí, pero por miedo a enfrentarse al Mundo real, igual que ocurría antes del Covid-19. Están los que echan de menos quedar con los amigos y luego los que están hartos de convivir 24 horas al día, 7 días a la semana con su familia o su pareja (o peor aún, con su expareja)… La cuestión es quejarse siempre por algo, y a ser posible en algunos casos salir por la tele haciéndolo, contando unas “desgracias” que en realidad no son para tanto con el fin de ser el centro de atención. Últimamente se habla mucho de héroes, y en verdad os digo una cosa: héroe es el que se queda en casa, sí, pero el que lo hace manteniendo la normalidad, sin volverse medio loco, sin ponerse tan intenso como se ponen algunos y sin lamentarse tanto.


Portada del single Resistiré del Dúo Dinámico


Por lo general los ciudadanos del Primer Mundo hoy en día no tenemos paciencia. Hay gente que se pone de los nervios por estar retenida en casa con espacio de sobra, luz, agua, comida, wifi, televisor, consola, libros… Hay otros que no tienen esas comodidades y aun así se tienen que quedar encerrados en un espacio de diez metros cuadrados, hacinados y sin ventanas a la calle… Porque sigue habiendo clases incluso en el encierro, no nos engañemos. La manera que algunos tienen de tomarse una situación como esta pone de manifiesto lo ridículos que son ciertos aspectos de la sociedad occidental actual; si no sabemos pensar a largo plazo y aguantar siquiera unas semanas de arresto domiciliario entonces somos una sociedad de histéricos, y definitivamente hay algo que no estamos haciendo bien… Y menos mal que tenemos Internet, con la posibilidad para algunos de teletrabajar o recibir clases online, y para todos de comunicarnos a distancia sin problema; imaginaos esta misma pandemia en una fecha tan reciente como 1995, sin World Wide Web, compartiendo un teléfono fijo por vivienda y con una oferta de ocio mucho más limitada (ahí la gente sí habría tirado más de libros, seguro).


Mujer brasileña con sus dos hijos en una vivienda humilde


Como ya dije en la primera entrega, esta no es ni la primera pandemia que sufrimos como especie, ni de lejos la más catastrófica: durante la Plaga de Justiniano, en el año 541 de nuestra era, la peste se cobró 50 millones de víctimas, más o menos las mismas que la Viruela llevada a América por los colonizadores (a lo largo de varios siglos) o la Gripe Española hace cien años; y la Muerte Negra, la pandemia de peste del S.XIV, produjo unos 200 millones de muertos. En comparación, los 120.000 fallecidos por Covid-19 en todo el Mundo hasta el momento no parecen tantos…

Que sí, que está claro que la actual epidemia sigue siendo un duro golpe para la gente más vulnerable, y que esos sí tienen motivo para preocuparse y lamentarse… Pero aquellos que no hayamos perdido el trabajo y estemos bien de salud relajémonos un poquito, por favor, que no es el Fin del Mundo… Esta conclusión de la entrada sobre el Coronavirus se me ha alargado más de la cuenta, así que dejaremos para la próxima semana una serie de consideraciones realizadas desde una perspectiva algo más amplia, y hablaremos de capitalismo, globalización, decrecimiento, resiliencia, memoria, humildad y pensamiento racional.


Ilustración del mundo en llamas e invadido por demonios

martes, 31 de marzo de 2020

Pandemonium (II)


La semana pasada estuvimos hablando de la pandemia que nos asola y de las normas que hay que cumplir para aplanar la curva de contagios, reduciendo el contacto social al mínimo. Hoy os voy a dar algunos detalles sobre mi experiencia personal confinado solo en casa. He de confersar que esta situación temporal no me está afectando demasiado porque soy bastante casero y llevo una vida sencilla, sin lujos y sin una agenda frenética o una vida social de infarto. La verdad es que al menos durante los primeros cuatro o cinco días no se diferenciaban mucho mis rutinas diarias del confinamiento de las de las vacaciones o de un fin de semana de puente.

Después de una semana de estado de alarma sí se perciben algunos cambios… Por ejemplo empecé a realizar diariamente una sencilla tabla de estiramientos porque comenzaba a notar una ligera contractura en la espalda, por estar todo el rato inactivo, sentado frente a mi portátil. Y días después, en cuanto se hizo público que el confinamiento se prolongaría una quincena más, me confeccioné una tablita semanal con los menús de comidas y cenas de cada día para no tener que pensar mucho, intentando que fuese una dieta equilibrada, repartiendo bien los hidratos de carbono y las proteínas, e incluyendo todos los días algo de fibra… Otra cosa de la que te das cuenta al cabo de unos días es que no es saludable llevar el pijama puesto de seguido, aunque sea más cómodo; hay que echarlo a lavar o al menos cambiarse y dejar que se airee de vez en cuando.


Graffiti en una pared de ladrillo con la palabra "Alone"


Muchas familias, parejas o pisos compartidos están poniendo a prueba estos días la fortaleza de su relación; no debe ser fácil tener que convivir juntos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana… En ese sentido me alegro de pasar estas semanas a mi aire, sin tener que rendir cuentas a nadie… Lo que no quiere decir que no esté teniendo algún pequeño roce, en este caso con mis vecinos. El edificio al que me mudé hará cosa de tres años está bastante bien, pero las paredes parecen de papel, se escucha todo… No me quejo de la familia de al lado: el único rato en que la tele se oye un poco más fuerte es durante la tarde, mientras la abuela de la casa se pone Amar es para Siempre y El Secreto de Puente Viejo. Los de abajo tampoco son demasiado molestos: son un matrimonio muy mayor y a menudo la señora hace bastante ruido con el andador para ir al lavabo en mitad de la noche, pero se puede aguantar.

Los que me están jorobando un poco son los vecinos de arriba, recién mudados justo antes de comenzar la epidemia. Son una pareja joven que por el acento parecen cubanos, con un niño pequeño y un bebé de pocas semanas. Los lloros del bebé en mitad de la noche son comprensibles, por supuesto. Las carreras arriba y abajo del niño, que tendrá unos cinco años, también son tolerables, teniendo en cuenta que el pobre no puede bajar a la calle a jugar… pero ya no tanto cuando se oyen a la una de la noche. Que la pareja vea películas en su portátil para pasar el aburrimiento: Ok… pero en su dormitorio (justo encima del mío) y algunos días hasta las dos y pico de la madrugada es otra cosa bien distinta. Y por supuesto el reguetón puesto durante mis vídeo-reuniones del teletrabajo que no falte, pero lo de patear el suelo al ritmo de la música ya sobra. A veces también ellos hacen una vídeo-llamada a familiares de América para contarles cómo está la cosa aquí, cosa totalmente razonable… pero es que hablan a grito pelado, como si no supieran que para que lleguen las frases a Cuba ya está la fibra de Internet. En resumen, que sintiéndolo mucho a mis nuevos vecinos ya les han caído en un par de ocasiones algunos golpes en la pared para que bajaran el volumen… el volumen de todo, en general. No es algo continuo, afortunadamente, pero no pasa un día sin que me den un rato o dos de suplicio…


Hombre joven sentado en la cama tapándose los oídos y protestando a los vecinos de arriba


Mi patio interior de manzana afortunadamente es muy tranquilo; no como los que salen en las noticias de la tele, que están llenos de hijos de puta que se montan una fiesta balconera con la música a tope sin encomendarse a Dios ni al Diablo, molestando a todo el mundo solo porque se aburren (hablaremos más de esto la semana que viene). Los primeros días de confinamiento sí se oyó de vez en cuando música de temática fallera un poco más fuerte desde algún balcón, pero nunca a altas horas de la noche: los pobres falleros necesitaban quitarse el mono después de quedarse sin su fiesta, es comprensible… Menos mal que las Fallas se han aplazado; las pérdidas económicas son lo de menos comparadas con el enorme riesgo de contagio que hubiese supuesto su celebración ahora.

Parece ser que muchos monumentos se han guardado provisionalmente en la Feria de Muestras, y los que no podían desmontarse o trasladarse por su tamaño, como el de la Plaza del Ayuntamiento, se han destruido en Cremás a puerta cerrada y sin previo aviso, quedando solo para el recuerdo (y para las noticias del día siguiente) unas surrealistas imágenes grabadas de las llamas consumiendo los ninots con solo tres o cuatro personas de público… Y para sensación extraña la que tendremos en julio, fecha a la que se ha pospuesto la celebración (si el Covid-19 lo permite); este año sí que vamos a notar el caloret faller, el caloret del verano


Patio interior de manzana de la película de Hitchcock La Ventana Indiscreta


Creo que aún es pronto para que a alguna gente se le vaya claramente la olla (tiempo al tiempo), pero yo ya he oído un par de gritos sueltos dejados caer en medio del silencio, del estilo de ¡Me aburrooo! Dos grupos de vecinas veinteañeras, desde dos balcones distintos, se pusieron otro día a jugar al Veo-Veo durante un rato… Y más a lo lejos se oyó de vez en cuando durante los primeros días a una mujer con acento italiano que recriminaba educadamente con un megáfono desde su ventana a los paseantes que salieran a la calle; no sé si dejó de hacerlo porque empezó a haber más policía para encargarse de ello, porque se aburrió o porque alguien la insultó desde abajo. Aparte de esto, ha habido bastante tranquilidad en el vecindario, cosa que agradezco (Os aseguro que a mí no me está dando tiempo de aburrirme nada en absoluto; sigo, como siempre, con el petardo en el culo, que se suele decir).

Sí me parece bonita y pertinente la experiencia de salir a aplaudir a las ocho para agradecer su labor a los trabajadores de la sanidad pública, y de paso para darnos ánimos unos a otros… Durante estos últimos días, desde el cambio al horario de verano, ha sido también agradable salir aún con la luz del día y poner caras a lo que antes no eran más que siluetas recortadas contra la luz que salía de las ventanas. Este pasado sábado, justo tras el último aplauso en la oscuridad y poco antes de decretarse el cese de las actividades no esenciales, una vecina hizo una breve proclama a favor de Amancio Ortega y animando a una cacerolada para media hora después contra el Gobierno por su falta de previsión: la pobre se quedó sola, y después de veinte segundos aporreando una olla paró por pura vergüenza… Qué fácil es quejarse, me gustaría a mí verla a ella en el Gobierno ahora mismo… Y hablando de caceroladas: ¿os acordáis de aquella otra que hubo por lo de Juan Carlos I? Felipe VI ha hecho gala con la fecha de su anuncio de un timing perfecto: increíble sicronización del Coronavirus y el virus de la Corona.


Ninots de falla representando a Felipe Sexto y la familia real española


Desde el domingo 15 he roto mi aislamiento solo dos veces para hacer la compra de la semana, pero quiero relataros también brevemente mi visita al supermercado del viernes 13, cuando ya la histeria colectiva se había apoderado de la sociedad española. Yo siempre suelo ir a comprar los viernes por la tarde y os aseguro que ese día había en el Mercadona unas cinco veces más gente de lo normal, una aglomeración que no hacía sino favorecer los posibles contagios; en resumen, una panda de paranoicos de los que hacen más caso a los bulos sin contrastar que reciben en su WhatsApp que a lo que dicta el sentido común, y que creían que en lugar de una cuarentena organizada se nos venía encima la Tercera Guerra Mundial o un apocalipsis zombie. Ya en la larga cola para las cajas, intentando (sin éxito) mantener la distancia de seguridad, notaba claramente la ansiedad de algunas personas, hasta el punto de que decidí hacerle a una señora que estaba a mi lado un par de comentarios jocosos sobre que la cola más rápida es siempre la que no escoges, para relajar un poco el ambiente.

Las otras dos veces que he ido al súper son las únicas que he tenido oportunidad de comprobar lo vacías que estaban las calles (recordad que mis ventanas dan hacia un patio interior, amplio pero interior al fin y al cabo), y la verdad es que no noté tanta diferencia, porque tengo el Mercadona a una manzana y las aceras que recorro para llegar están llenas de pequeñas tiendas de alimentación cuyos dueños, de distintas nacionalidades, estaban sentados en los bancos o apoyados en la puerta, charlando entre ellos como de costumbre. En la primera de mis dos visitas tuve que hacer una cola de unos diez minutos (esta vez ya con distancia de seguridad) en la entrada del supermercado, y una vez dentro la cantidad de gente era razonable, aunque igual que el día 13 hubo algunos productos (leche, magdalenas…) que normalmente están en mi lista y que no pude encontrar… ¿El fin del mundo? No; nada que no se pueda arreglar comprando otra marca veinte céntimos más cara. En mi segunda y última incursión por ahora ya no tuve que hacer cola, a la entrada se había instalado un expendedor de gel desinfectante y una caja de guantes de los que se usan para la fruta, y pude encontrar todo lo que compro habitualmente. Me di cuenta de que ahora la gente saluda más efusivamente a las dependientas de las cajas, que se han convertido en auténticas heroínas… La verdad es que yo siempre lo hago.


Clientes de un supermercado haciendo cola con carros cargados y mascarillas en la cara


Una de las estupideces a las que se dedicó la gente durante unos días fue la compra compulsiva de papel higiénico en los supermercados… Bueno, mejor el papel de water que hacer una cola de cinco horas para agenciarse armas, como en los USA (otro tipo de estupidez bastante más peligroso). A mí no me ha hecho falta comprar rollos y además no voy a tener ningún problema al respecto… Tal vez algún día os explique mi técnica, refinada durante años, para limpiarme el trasero de forma eficiente y totalmente higiénica (valga la redundancia) para mis dedos utilizando tan solo (salvo casos de emergencia) tres rectángulos de papel (de doble capa, eso sí). No todo el mundo podría conseguirlo, lo sé, pero yo estoy bien entrenado… Se trata de un proceso en unos diez pasos, equiparable al del origami más exquisito, para aprovechar la mayor cantidad de superficie de forma segura… Es difícil de explicar con palabras, tendría que hacerlo con unos diagramas o con un videotutorial; quizás en otra ocasión. El caso es que con el rollo ya empezado y otros cuatro de reserva que tengo en casa calculo que me da perfectamente para subsistir dos o tres años… Lo que inicialmente se hace para no malgastar papel y cuidar del medio ambiente te puede ser muy útil luego en una “emergencia nacional” como esta… De saber vivir con pocos recursos os seguiré hablando la semana que viene.


Varios paquetes de rollos de papel higiénico amontonados


Y hablando de reciclar… Desde las pasadas vacaciones (que no Fallas) yo y mis compañeros de faena nos estuvimos reciclando para el teletrabajo que se avecinaba (así que tampoco fueron muy vacaciones). Después de dos semanas encerrado en casa tengo los ojos hechos polvo de tanto mirar a mis cuatro pantallas (Portátil del trabajo, portátil personal, televisión y móvil)… Un consejo para todo el mundo: de vez en cuando hay que asomarse por la ventana y fijarse en algún detalle pequeño que esté lejos, para relajar la vista; esto es especialmente importante en niños de menos de seis años, que todavía tienen el sistema visual bastante maleable y se pueden hacer más miopes (a ellos sí que les conviene jugar al Veo-Veo por la ventana). Otro consejo optométrico: para evitar la sequedad de ojos por el menor ritmo de parpadeo asociado al uso de pantallas conviene de vez en cuando parpadear activamente, abrir y cerrar los ojos con rapidez para segregar más lágrima.


Graffiti de una mujer encerrada en una burbuja con una corona y mirándose en un espejo


A lo largo de estas dos semanas he chateado por WhatsApp, aparte de con mi familia, con muchos de mis amigos y amigas; resulta bastante agradable saber que ellos también se encuentran bien y compartir unos minutos de buena conversación… Y luego están los presentadores y colaboradores de los programas de entretenimiento que suelo ver, que por el cambio de formato forzado por el confinamiento se han convertido como en otro grupo de amigos cuya charla escuchas de forma casual mientras comes o cenas… Apoyándose en el uso de vídeo-conferencias, algunos programas como Late Motiv han sabido reinventarse con éxito. Otros espacios de formato más radiofónico, como Todopoderosos o La Vida Moderna, han cambiado menos, y simplemente se siguen haciendo desde casa y sin público (últimamente, por cierto, estamos teniendo la oportunidad de ver el mobiliario de todo el mundo que trabaja en medios de comunicación).

…Y La Resistencia, que trabajaba con pocos recursos, ha conseguido sobrevivir tan divertida como siempre o más, mientras que El Hormiguero ha tenido que cerrar unos días para recalibrar la situación… Ya solo el equipo de los diez cámaras que se apelotonan en torno a la mesa de Pablo Motos podría haberse considerado como reunión no autorizada incluso antes del día 15, y en La Resistencia sin embargo se están apañando para hacerlo todo entre cinco o seis personas. En estos tiempos de precariedad prima el fondo sobre la forma, el contenido sobre la apariencia, la sencillez y espontaneidad sobre el espectáculo… De todos modos el virus es el tema que lo inunda todo, pongas lo que pongas las referencias son continuas; pero al menos en estos canales de YouTube se trata desde un enfoque más ligero y desenfadado, lo cual se agradece… En estos días extraños el entretenimiento se hace más necesario que nunca para que algunos no pierdan la cabeza. Parece ser que hay también bastante efervescencia creativa en Instagram o Twitter, pero esos campos yo no los domino, así que no entraré en detalles.


David Broncano en una videoconferencia con su casa de fondo


¿Y qué pasa con La Belleza y el Tiempo? ¿He notado un aumento de visitas al blog durante el confinamiento? Pues no de manera significativa… Sin embargo sí ha habido más comentarios (Corrijo: Sí ha habido comentarios, punto): dos en la entrada sobre las experiencias de mi abuela en la Guerra Civil y tres en la de la semana pasada, sobre los aspectos sanitarios de esta epidemia. ¿Casualidad? Creo que no, supongo que hay gente que ahora tiene un poco más de tiempo libre para visitar estas páginas… Por cierto, lectores y lectoras con menos faena en estos días: si queréis que os envíe una selección de recomendaciones de entradas sobre algún tema en concreto que os interese no tenéis más que pedirmelas, estaré encantado de ayudaros.

Lo dejamos por hoy… La próxima semana me permitiréis que haga un poco de crítica de esta sociedad occidental nuestra, llena de individuos egoistas y mimados, y veremos cómo a muchos, incluso sin sufrir directamente la enfermedad en su familia o círculo de amigos o los paros en su empleo, el confinamiento les ha pillado con la guardia baja y les ha caído como un jarro de agua fría, dándose cuenta de que esta sensación que teníamos en las últimas décadas de ser los reyes del Mundo y estar por encima de todo era un poco de mírame y no me toques, que no era más que una ilusión pasajera… Y también veremos cómo algunos de esos zoquetes, lejos de aceptar esta cura de humildad por parte de la Naturaleza, han emprendido una huida hacia delante y en vez de replantearse el sentido de su Vida han seguido con sus chorradas con ímpetu redoblado… Digamos que si tuviera que resumir de forma sintética cada entrega de esta trilogía sobre el Covid-19, los títulos serían claramente Enfermedad, Aislamiento y Estupidez.


Ilustración de una mano dibujando con un lápiz miles de círculos diminutos