La última selección de fotografías de mis vacaciones en Viena es la de uno
de sus cementerios, el Sankt Marxer Friedhof. Lo visité el 19 de agosto de 2023,
cogiendo el tranvía 71 desde la zona turística y llegando allí a las cuatro y
cuarto, con un sol de justicia. Era un recinto pequeño comparado con el
Cementerio Central, pero tras hacer un poco de investigación previa y ojear un
par de vídeos en YouTube había
decidido que este parecía más interesante, además de estar más cerca de la zona
centro. Hay una autovía elevada de varios carriles pasando casi por encima de
la tapia en dos de sus cuatro lados, aunque está muy bien insonorizada y desde
abajo no se oye el ruido del tráfico.
Quitando el detalle de la autovía, el ambiente que se respiraba era bastante
poético, con muchas de las tumbas engullidas por la vegetación, igual que en el
Cementerio de Olsany en Praga, y en algunos casos incluso se podía ver pequeños troncos retorcidos brotando
de las grietas de las lápidas. El camposanto ya no está en funcionamiento y ahora
es un parque, los enterramientos son sobre todo de la primera mitad del S.XIX. Se
sabe que aquí estaba la fosa común donde se enterró a Mozart,
aunque no exactamente dónde; hay un pequeño monumento conmemorativo al
respecto. En general las tumbas son bastante discretas en cuanto a tamaño, con las
inscripciones de las lápidas borradas por el paso de casi dos siglos.
Me tropecé con muy poca gente; algo más a última hora de la tarde pero siempre
en los dos caminos principales, bastante más anchos, o en el que bordeaba la
tapia, que un par de runners usaban para contar las vueltas; serían en total
entre cinco y siete personas, no recuerdo… Lo que sí sé es que en las cuatro
horas que pasé allí no me crucé absolutamente a nadie en los senderos secundarios más estrechos. El efecto de la luz solar pasando a
través de las hojas de los árboles siempre me ha parecido muy hermoso, y pude
hacer varias buenas fotos de este tipo. Encontré una amplia variedad de plantas:
hiedra, bayas rojas, cardos, musgo, dientes de león e incluso hongos blancos
que parasitaban las hojas de algunos de los árboles.
Tal vez el entorno o las tumbas no fuesen tan bonitos como en Praga, pero sí experimenté aquí una mayor sensación de aventura, y en varios
momentos incluso de miedo a plena luz del día, al ser los senderos más
estrechos y estar más ocultos del resto del cementerio por la espesa maleza… Muchos
estaban incluso cortados por la vegetación, impracticables sin recurrir a un machete,
o con grandes montones de leña en medio del camino interrumpiendo el paso;
y de hecho por esta razón me desorienté varias veces mientras intentaba barrer de
forma eficiente el mayor porcentaje posible de la cuadrícula.
Al miedo irracional a un posible encuentro con el Más Allá se le unía el
peligro bien real de los mosquitos, que eran abundantes y atacaban con
agresividad. Al poco rato de llegar acabé poniéndome una camisa fina de manga
larga a pesar del fuerte calor, y aun así acabé con las pantorrillas y la mano
derecha (la de sujetar el móvil) llenas de picaduras. En el recinto había
también varias colmenas de abejas, aunque esas no me picaron (tampoco me acerqué tanto como para
tentar a la suerte). Otro detalle que me resultó extrañamente inquietante fue un
banco desvencijado y con los listones rotos que me encontré en medio de la
espesura, sin ningunas buenas vistas que justificasen su colocación allí…
Pero el susto más gordo me lo llevé al tropezarme con una taza de cerámica colgada
de una rama en otro rincón escondido del cementerio… Mientras la miraba de
cerca, extrañado y tratando de comprender su significado, no pude evitar
recordar las figuritas de madera que colgaban de los árboles en El Proyecto de la Bruja de Blair, y justo en ese
momento rompió el silencio el fuerte graznido de un cuervo solitario, que me
hizo pegar un salto como no os podéis imaginar; seguro que en ese segundo perdí
como mínimo diez minutos de vida… Tenéis a continuación las primeras veinte
fotos de la selección, que he dejado por orden cronológico; la próxima semana
veremos las otras veinte, en las que el Sol se irá acercando poco a poco al
horizonte y la luz se convertirá en oscuridad.




















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