Mi padre me
contó una vez que en uno de los trabajos que tuvo cuando era joven, en una
empresa de fabricación de muebles, se encargaba de llevar la contabilidad de la
empresa y las nóminas de los alrededor de cincuenta trabajadores, y que para
todo eso le bastaba con una facturadora que tenía una memoria de algo menos de
1k… ¿Qué haríamos hoy en día con 1k? Absolutamente nada… Los paquetes de
software aumentan de tamaño con cada nueva versión, requiriendo equipos de
hardware con más espacio en disco, procesadores más rápidos y mayor memoria
RAM. A veces el aumento de tamaño se debe a la introducción de aplicaciones que
la mayoría de usuarios nunca utilizará, y otras a la desidia de los
programadores que no se toman el tiempo necesario para depurar el código fuente.
Por ejemplo, las versiones nuevas de los productos de Linux
se pueden usar en computadoras antiguas, cosa que no se podría decir de los
programas de Microsoft… A esto se suma que al cabo de un cierto tiempo los
fabricantes de software dejan de proporcionar asistencia y parches
para las versiones antiguas, con lo que resulta más peligroso seguir
utilizándolas.
La semana
pasada os expliqué cómo esto mismo ha hecho que mis dispositivos electrónicos
se queden anticuados, y cómo a pesar de ello he aguantado lo máximo posible sin
cambiarlos. Algunos podríais pensar que me resisto por una cuestión de dinero,
por tacaño, pero no es así, os
aseguro que lo hago por principios… De hecho, aquí tenéis una prueba de lo que
digo: hace una semana y pico estaba dando una vuelta por el Parque Central
poco antes del cierre y me encontré por casualidad un móvil abandonado sobre un
bordillo. No había nadie en decenas de metros a la redonda, y el móvil parecía
moderno y bastante caro; para mí habría sido muy fácil cogerlo y ahorrarme
varios cientos de euros en un terminal nuevo, pero ni siquiera lo toqué, lo
dejé allí para dar a su legítimo dueño la oportunidad de volver y recuperarlo…
simplemente porque sabía que llevárselo estaba mal.

Como ya os
comenté en la entrega anterior, estos últimos días he estado intentando decidir
si me actualizo y me pongo WhatsApp o si aguanto un poco más, y para ello me he
confeccionado una lista de pros y contras. Una de las principales razones en
contra de comprar un móvil son los perjuicios derivados para el medio ambiente y para mucha gente en
países en vías de desarrollo, así que pasemos a explicar esto con algo más de
detalle… Ya hemos hablado antes en el blog de obsolescencia programada y percibida.
Una buena fuente de información sobre la obsolescencia programada es el
documental Comprar, Tirar, Comprar,
coproducción franco-española de 2011 dirigida por Cosima Dannoritzer. En él se
nos explica por ejemplo cómo los distintos fabricantes de bombillas se
reunieron tan pronto como en 1924 y se pusieron de acuerdo para acortar la vida
media de su producto a mil horas, dando lugar al llamado Cártel Phoebus,
que no ha sido más que el principio de la historia. Muchas de las cosas que se
comentan en el documental siguen vigentes hoy; al fin y al cabo no es tan
antiguo, tiene los mismos años que mi móvil y mi portátil.
Por tanto,
muchos de los aparatos que tenemos en casa están diseñados para romperse al
cabo de un tiempo, y cuando eso pasa lo más habitual es que no haya recambios
disponibles o que la reparación sea casi tan
cara como la compra de un aparato nuevo… Pero hoy en día ni siquiera hace falta
que el producto se estropee para que adquiramos otro; los responsables de marketing
y publicidad de las compañías se encargan de bombardearnos con anuncios en los
que todo es maravilloso y perfecto
cuando la realidad que hay detrás es bien distinta,
y la mayoría de consumidores tienen tan poco espíritu crítico que se tragan las
mentiras con patatas. La actual preocupación de los diseñadores de productos es
por tanto crear necesidades artificiales, no satisfacer necesidades reales. Es
la llamada obsolescencia percibida: la tecnología se convierte en una moda más,
y hay una auténtica obsesión por ser el primero en comprar la novedad más
reciente del mercado. Con cada nuevo lanzamiento se forman colas enormes en las
tiendas especializadas para hacerse con una de las unidades del último modelo…
Las cifras hablan por sí solas: se estima que en el Mundo se vende casi medio
millón de móviles cada día.

Y para
fabricar todos esos terminales nuevos hace falta una gran cantidad de recursos
naturales, recursos que son limitados, lo queramos o no. Se calcula que con un
crecimiento del 2% anual en la producción, hacia 2030 se agotarían las reservas
de cobre, plomo, níquel, plata, estaño y zinc. Ya en su día os hablé en el blog
de la huella ecológica y os comenté que para que todas nuestras actividades
actuales pudiesen continuar indefinidamente haría falta un planeta y medio.
El actual modelo económico y comercial no es sostenible; las compañías
multinacionales planifican sus estrategias pensando solo en sus beneficios
económicos a corto plazo, no en las consecuencias a largo plazo y a muy
distintos niveles, que ya no son tan fáciles de predecir (Las señales de que
esto acabará mal son muchas, pero no hay peor sordo que el que no quiere oír).
Según la ONU
en el Mundo se generan cada año cincuenta millones de toneladas de residuos
relacionados con los aparatos electrónicos (uno de estos millones es español),
que no se reciclan adecuadamente y acaban principalmente en vertederos de
países en vías de desarrollo, antes en Asia y ahora más en África (por ejemplo en
Ghana y Nigeria).
La exportación de residuos electrónicos es ilegal en la Unión Europea, pero no
en los USA; y aun así, muchas veces se exportan desde Europa aparatos
calificados como “de segunda mano” que en su mayoría son ya prácticamente
inservibles en su lugar de destino (Hecha la ley, hecha la trampa).
Arsénico, antimonio,
berilio, plomo, níquel, zinc, cadmio o mercurio son solo algunos de los
elementos presentes en los móviles que si no se tratan adecuadamente podrían
contaminar la Naturaleza durante cientos de años, y que también son dañinos
para nosotros. Las personas (en ocasiones niños) que manipulan estos aparatos para
extraerles el aluminio y el cobre se ven expuestas a sustancias tóxicas como los
citados plomo y cadmio, ftalatos o dioxinas que acaban afectando a su salud.
Y la gente de estos países no solo tienen que soportar la contaminación, sino
que a veces hacen de mano de obra barata para fabricar los productos (en zonas con
legislación injusta o insuficiente, como el sudeste asiático, África, China,
Brasil, México y Europa Central) que luego se venden con un amplio margen de
beneficio en los países desarrollados, lo que contribuye a aumentar las
desigualdades entre regiones (Actualmente el 15% de la población de los países
desarrollados acapara el 56% de todos los bienes).

Por poner un
ejemplo más concreto, quiero hablar ahora del coltán,
mineral mezcla de colombita y tantalita muy apreciado porque con él se pueden
fabricar condensadores muy finos y resistencias de alta potencia que permiten
la miniaturización de los componentes de los dispositivos electrónicos. El
problema está en que la producción anual apenas llega para satisfacer la
demanda de nuevos móviles… La República Democrática del Congo
cuenta con gran parte de las reservas mundiales, y allí la búsqueda de
beneficios a toda costa por parte de las multinacionales ha hecho que se deje
de lado la ética y se saque partido de la inestabilidad de la región y de una
serie de guerras internas que se han cobrado en las últimas dos décadas unos cinco
millones de muertes, genocidio difícil de explicar teniendo en cuenta que el
coltán que lleva un móvil no supera los dos céntimos. Comunidades enteras
destruidas, infinidad de casas reducidas a cenizas y miles de mujeres violadas han dado lugar a la considerada
como la peor crisis humanitaria del Mundo, que afecta hoy en día a trece
millones de personas; y para colmo una parte del país ha sido afectada por un brote de ébola… Incluso en las
minas que no son de sangre se produce explotación infantil y los sueldos son
ínfimos, de dos o tres dólares diarios, multiplicándose luego el precio del
material hasta por trenta en la venta a las compañías.
En los últimos
años, con la aprobación de normativas como la Ley Dodd-Frank, se han exigido
más garantías de que los aparatos hayan sido fabricados sin materiales
procedentes de zonas en conflicto, lo que ha impulsado a las minas africanas a
intentar regularizar su situación y ha hecho aumentar la importancia como
proveedores de Australia y Brasil
(país este último donde algunos están preocupados por las agresivas políticas
económicas de Jair Bolsonaro y la posibilidad de que acaben cometiéndose abusos
sobre los indígenas, tal y como ha ocurrido en el Congo)… Resulta irónico que para
que un niño de doce años en España pueda estar doce horas al día hipnotizado
con la nariz pegada a su móvil tal vez tenga que haber otro niño de doce años
en el Congo trabajando doce horas al día en una mina: lo más gracioso del
asunto es que, si bien por distintas razones, ninguno de esos dos niños tendría
que llevar ese tipo de vida; pero mientras mucha gente en África tiene
problemas de verdad nosotros aquí nos angustiamos por estupideces,
por nuestros putos problemas del primer mundo.

Pero no seamos
negativos y hablemos también de soluciones…
En Francia por ejemplo ya se han tomado medidas legales en 2014, con multas y
hasta penas de cárcel, para evitar la obsolescencia programada, y las empresas
están empleando materiales de mejor calidad en sus productos para que duren
más. En 2016 Suecia redujo el IVA del 25% al 12% en la reparación de aparatos
electrónicos para tratar de prolongar su vida media. También hay empresas que se dedican a combatir la
sulfatación de las baterías viejas para hacer que funcionen correctamente
durante más tiempo. Y uno de los resultados más palpables de este movimiento
antiobsolescente es el Fairphone, móvil modular
en el que las piezas se venden por separado y son fácilmente reemplazables, y
además están fabricadas siguiendo criterios de comercio justo (Y parece que
están teniendo buenas ventas).
Una vez
hayamos usado nuestros aparatos lo máximo posible, hemos de reciclarlos correctamente,
llevándolos al punto limpio
más cercano de nuestra ciudad, o reutilizarlos formateándolos y donándolos a
alguna ONG que les proporcione una segunda vida con usuarios que no pueden
permitirse comprarlos, tal como un lector de este blog me ha comentado por
privado que hace… Es importante estar bien
informados sobre estas cuestiones, lo cual a veces no resulta fácil en esta
sociedad consumista y superficial; por ejemplo los buscadores de Internet, al
ser preguntados por el tema, supondrán siempre primero que quieres comprar, no
evitar el despilfarro, con lo que los resultados que buscas tendrás que ir a
encontrarlos al fondo de la página… Pero que la información sobre el
agotamiento de los recursos naturales o sobre los minerales de sangre sea más
difícil de encontrar no significa que el problema sea menos grave. La verdad es
que no acabo de entender cómo esa gente que cambia dos o tres de sus dispositivos
cada año puede ser tan obtusa y corta de miras
como para no ver más allá de sus propias narices por mera pereza intelectual,
impasible ante el sufrimiento de otros o incluso ante nuestro propio
sufrimiento futuro con tal de conseguir un poco de gratificación instantánea o
una ilusoria sensación de alto status.

Al problema de
la obsolescencia programada y percibida se le añade el de nuestra privacidad
y lo mucho que las grandes compañías averiguan de nosotros sin nuestro permiso
para ampliar aún más su margen de beneficios, pero no me voy a meter en detalle
en ese tema porque la entrada se haría larguísima… En resumen, os animo a hacer
durar vuestros dispositivos un poco más antes de reemplazarlos por otros nuevos;
no nos fijemos tanto en las especificaciones y la potencia de un aparato como
en la manera en que lo vamos a usar… Haciendo un paralelismo con los
videojuegos, muchas veces un juego antiguo con
reglas muy sencillas y que no requiere apenas memoria resulta más divertido que
uno nuevo hiperrealista con unos gráficos de la leche, y la primera impresión, la fachada, acaba
siendo lo de menos.
Tal y como me
sucede a veces, me he dado cuenta sobre la marcha de que tenía material de
sobra para una tercera entrega, así que la semana que viene, en la conclusión, me
centraré de nuevo en las redes sociales y hablaré de los aspectos más sociológicos
y psicológicos del problema, y de cómo estas herramientas virtuales han
cambiado la Vida real de las personas, a veces para peor. Trataré también de
establecer una correlación entre el aumento de usuarios de WhatsApp y la
disminución de comentarios en La Belleza y el Tiempo y, lo que es más
importante, os explicaré las razones por las que al final he decidido
cambiarme la tarifa, comprar un móvil e instalarme la dichosa aplicación.
En la primera
parte de esta entrada doble voy a relataros algunas de mis desventuras con los dispositivos
electrónicos y el software que utilizan… Empecemos hablando de mi ordenador
portátil. Lo cuido bastante bien, tiene ocho años y aun así está prácticamente
nuevo. Hoy en día lo uso básicamente para las mismas tareas que hace casi una
década, por lo que en teoría no debería haber ningún problema con él; sin
embargo, las nuevas versiones del software son cada vez más pesadas
y requieren equipos más potentes… Hace ya casi un año, después de ejecutar una
actualización de Firefox, noté que YouTube me funcionaba muy lento y hacía que
se colgase el ordenador. No era la primera ni la segunda vez que tenía un susto
de este tipo así que, ya un poco harto, tomé la drástica decisión de restaurar la versión anterior
e impedir las actualizaciones de Firefox a partir de ese momento.
El
funcionamiento del portátil volvió a la normalidad, a excepción de los
insistentes mensajes diarios diciéndome que Firefox estaba muy desactualizado, mensajes
que yo ignoraba sistemáticamente. Así seguí durante varios meses, y el único
contratiempo que tuve fue que una de las actualizaciones de Windows disponibles
(a final de mes ejecuto solamente las que son imprescindibles) no se instalaba
correctamente, tal vez por culpa del Firefox o por cualquier otra razón, vete
tú a saber. Consulté mi situación con algunos amigos que controlan de informática y me dijeron que esto
era un poco peligroso a la hora de defenderse contra posibles virus informáticos,
pero lo único que pasó fue que en un par de ocasiones el antivirus se activó al
detectar erróneamente al Flash Player como una amenaza, lo que se solucionó
simplemente reiniciando el portátil.

Cuando la cosa
se puso algo más fea no fue por mi culpa, sino de los programadores de Mozilla:
el pasado 3 de mayo, debido a un bug con la caducidad de un certificado, dejaron de funcionar los complementos en Firefox,
entre ellos el AdBlock Plus
que elimina la molesta publicidad de las webs por las que vas navegando. En la
semana y pico o dos semanas que pasaron hasta que encontré la solución más sencilla
tuve que estar soportando con una paciencia de santo los anuncios intercalados en
los vídeos de YouTube (Creo que os hablé de ello hace poco en el blog… Lo de la
publicidad en Internet daría para escribir otra entrada entera. Hace dos o tres
semanas El País me obligó a desactivar el AdBlock Plus en
su página, pero en este caso se trata de un problema menor; basta con no mirar
a los márgenes, nadie te interrumpe mientras estás leyendo los artículos de
prensa, cosa que sí ocurre en los vídeos).
Finalmente,
después de este pequeño impasse, instalé la nueva actualización de Firefox que
incluía el parche para poder activar de nuevo los complementos (incluido el
AdBlock Plus), pero librarme de los anuncios me llevaba de vuelta al problema
inicial: durante unas semanas estuve al loro, a ver si el portátil funcionaba
lento en ocasiones… Las actualizaciones de Windows se instalaban ya
correctamente pero, como me temía, Firefox se volvió a colgar varias veces,
sobre todo cuando tenía abiertas muchas pestañas simultáneamente. Así que hace
muy poco me descargué el complemento que permite restaurar la versión clásica de YouTube,
que no lleva Polymer y por tanto (supuestamente) no va tan lenta en Firefox y
Edge (la versión nueva funciona perfectamente en Chrome;
hay quien dice que esto es una artimaña de Google para que los usuarios se pasen
a su software). Llevo unos pocos días con el YouTube Clásico y por ahora no
estoy teniendo problemas, pero veremos cuánto dura la cosa…

Hablemos ahora
de otra de mis pantallas, esta de menor tamaño: si el portátil lo uso más para
consultar información, el móvil lo utilizo exclusivamente para la otra mitad
del acrónimo TIC,
es decir, para la comunicación. Mi primer móvil era de los de tapita,
de los que se abrían en plan bisagra
para hablar. Me duró más de una década pero al final la batería empezó a hacer
cosas raras, así que heredé de mi padre otro más moderno que funcionaba bien
pero que a él se le había quedado corto de prestaciones (o sea, de memoria para
las fotos, etc). Calculo, por tanto, que este segundo aparato no llegará a la
década de antigüedad desde que lo compró mi padre, pero debe andar cerca, más o
menos como el portátil…
Lo tengo sin
datos contratados, con una tarjeta prepago, y cada seis meses la compañía me
obliga, para no dar de baja la tarjeta, a recargar un mínimo de diez euros, saldo
que no llego a agotar en el siguiente semestre porque, al no ser una persona
que decida sus planes en el último momento, en lugar de depender de los SMS o
las llamadas suelo comunicarme más por e-mail… o al menos lo intentaba hasta
hace poco. Para acceder a Internet me basta con mi conexión de casa, de fibra
óptica de 20 megas; el técnico que me la instaló, que parecía bastante
competente, me dijo que su conexión era de 5 megas y que le sobraba para
funcionar ya que, como yo, no jugaba a videojuegos ni necesitaba demasiada rapidez. Al
no disponer de datos en el móvil, lógicamente no tengo WhatsApp; estuve a punto de
instalármelo en 2017 para la búsqueda del nuevo piso
y la mudanza, pero al final no me hizo ninguna falta.

Como os decía,
para estar en contacto con mis amigos y conocidos utilizo sobre todo los
e-mails o en su defecto los SMS, pero en el último par de años se está
volviendo cada vez más difícil estar al día de los planes interesantes solo por
estos medios… Recuerdo que a principios del milenio las listas de correo electrónico
bullían de actividad, a veces con contenidos interesantes y otras con
chorradas. Poco a poco las listas se fueron utilizando menos,
a medida que surgían otros foros con formatos más ágiles y atractivos para
intercambiar información (y también en algunos casos para no sentirse solo, no nos engañemos), como los muros de Facebook,
los hilos de Twitter o las stories de Instagram…
Por estos lares a mí ya no se me vio, no estoy en las redes sociales; prefiero filtrar mejor el tipo de personas que tienen
acceso a mi intimidad (por eso este blog es anónimo).
No me gusta la interacción meramente digital con la gente, ya he comentado
muchas veces en La Belleza y el Tiempo que prefiero utilizar Internet para
quedar con los amigos en persona, es decir, como un medio y no como un fin en
sí mismo.
Hoy en día,
frente al estancamiento de Facebook,
los nuevos corrillos digitales son los grupos de WhatsApp,
y por falta de tiempo hay mucha gente que ya no da abasto a la hora de revisar todos
los formatos anteriores… Hay quien te responde a tu e-mail una semana o incluso
un mes después, y gente que ya ni siquiera te responde (no sé si porque ya no
los leen o porque ya no se dignan contestar por un medio tan anticuado
y con tan poco glamour, a no ser que se trate de una notificación de Hacienda).
En algunos de estos casos ya ni siquiera los SMS reciben respuesta, hasta el
punto de hacerse necesaria la llamada normal o el WhatsApp. Realizar una llamada
no me supone ningún problema cuando se trata de una interacción de individuo a
individuo, pero hay veces que la propuesta de quedar para hacer algo no parte
de mí, sino que la idea surge vagamente en un grupo de WhatsApp y no llega a
perfilarse y tomar forma hasta el último momento, con lo que no me da tiempo a
enterarme del plan.

Y llegamos así
a la pregunta del millón: todo esto me está haciendo pensar si no sería una
buena idea instalarme el WhatsApp en el móvil… Pero entonces me surge la
siguiente duda: ¿lo uso sin datos, revisándolo cada tarde con el wifi de casa,
o ya puestos me pongo conexión en el móvil, como me recomienda mi hermano?
Hasta ahora me he apañado perfectamente sin ella; ya os he dicho antes que soy
una persona organizada y por ejemplo cuando salgo de casa sé perfectamente cómo llegar a mi destino
sin necesitar Google Maps… Lo de ponerme o no datos no es cuestión de dinero,
porque seguramente la cuota mensual que pagaría si cambiara de tarifa de fibra óptica incluyendo la conexión del
móvil sería más o menos la misma, incluso puede que un par de euros más barata,
y con 100 megas de wifi en lugar de 20… Tampoco creo que haya problema en que
móvil e Internet los tenga actualmente en dos compañías distintas; seguro que mi permanencia
terminó hace años y se podría arreglar. Ni siquiera sería un problema la
cantidad de chorradas, chistes malos, memes y fotos de negros del wassup
que sé que me llegarían, por mucho que seleccionase en qué grupos entro;
supongo que tarde o temprano me acostumbraría a detectarlos y leerlos en
diagonal sin necesidad de prestar mucha atención.

El verdadero
problema está en que a lo mejor la última versión de WhatsApp le queda grande
al móvil heredado de mi padre, que un modelo tan antiguo tal vez ya no la soporta…
O que para sacar el máximo partido a esos 100 megas, si me los cambiara, tal
vez tendría que comprarme un nuevo portátil (con una tarjeta de red mejor, con
más memoria RAM o vete tú a saber con qué otras prestaciones), a pesar de que el mío todavía está
en perfectas condiciones. ¿Y por qué sería un problema, sobre todo teniendo en
cuenta que con un portátil nuevo solucionaría además las pequeñas dificultades
experimentadas con Firefox y YouTube de las que hablaba antes? No lo sería
tanto por el dinero que cuestan el móvil o el portátil (que también) o por el
tiempo que requiere comparar y escoger los modelos más apropiados para mi caso
(que también… ¡Decisiones, decisiones!)…
La principal
razón para pensárselo dos veces no está relacionada conmigo, mi tiempo o mi
dinero, sino con la conservación del Planeta y el bienestar de personas que no
conozco, en países muy lejanos… La semana que viene lo explicaré en detalle.
Espero que esta primera entrega no os haya resultado demasiado aburrida, pero
me interesaba poner de manifiesto (y creo que lo he conseguido) que mantenerse
al día con estas máquinas infernales es
complicado y requiere echarle muchas horas y neuronas (que seguramente deberíamos
estar dedicando a cosas más importantes). En la segunda entrega hablaremos de
obsolescencia programada y percibida y de la diferencia entre cómo se usan las
redes sociales y cómo deberían usarse… Y sobre todo os diré cuál ha sido mi
decisión respecto a ponerme o no WhatsApp, y si eso conlleva comprarme algún
aparato nuevo; estos datos no los omito aquí para generar un emocionante
cliffhanger, sino porque todavía yo mismo estoy en proceso de investigarlo y decidirlo…
Se aceptan sugerencias en los comentarios.

Como la
entrada de la semana pasada acabó siendo bastante larga, he pensado que estaría
bien publicar hoy una más ligera, con algunas de mis fotos. Además, veo en las
estadísticas de las etiquetas del blog que el equilibrio entre Belleza y Tiempo
se decanta ligeramente hacia la primera, con 149 referencias frente a las 141
del Tiempo, así que para compensar un poco os dejo aquí la quinta entrega de imágenes de edificios antiguos o abandonados de Valencia… Espero que disfrutéis del misterioso poder evocador de las grietas, desconchones, mallas y puertas clausuradas.
Empecé esta entrada múltiple mezclando el entretenimiento con la política,
así que me vais a permitir que en esta quinta entrega sobre los programas de
David Broncano hablemos un poco de
sexo… La semana pasada nos dejamos por comentar una última categoría en la que
podríamos incluir a las entrevistas de La Resistencia: el Tinder de Broncano.
Se trata de una serie de cantantes, actrices y deportistas con las que según
los comentarios de YouTube se ha visto verdadera química con el presentador…
Está claro que muchos de los que comentan en este sentido solo ven lo que
quieren ver, y lo que no ven se lo inventan (me atrevería a aventurar que son
internautas sin una vida sexual muy activa; probablemente la gente con pareja
no tiene tanto tiempo para escribir o leer comentarios de este tipo en YouTube),
pero sí es verdad que varias invitadas han hecho amagos de coqueteo, no sé si
de forma sincera o simplemente para dar más espectáculo
y hacer la entrevista más entretenida y más viral… A lo mejor lo que ocurre es simplemente
que David las hace reír y se relajan, con lo que están más luminosas y nos
parecen más sexys.

Pasemos a enumerar algunas de las invitadas que me han resultado especialmente
atractivas, hayan tenido o no más o menos feeling con Broncano… Aparte de Ingrid, de la que ya hemos hablado
varias veces, una de las primeras entrevistadas que me pareció un soplo de aire
fresco fue Brisa Fenoy, que
estuvo bastante simpática hablando de su música
y se rió mucho con los chistes del pachacho (Si no recuerdo mal, él le echó
bastantes cumplidos… ¿solo buenos modales o algo más?). La nadadora Ona Carbonell fue la primera a la que
recuerdo haciendo comentarios abiertamente sugerentes, y a las pruebas me
remito: ya en los dos primeros minutos le dijo que se sentara más cerca y se le
abrió de piernas. Más adelante Quequé llevó al programa a Natalia de Operación Triunfo, mito erótico de la adolescencia
de Broncano y protagonista según sus propias palabras de muchas noches
solitarias… Al final de la entrevista se subieron los dos a la mesa a bailar y
ella le pegó unos azotes en el trasero por haber sido un niño malo. También fue
a que la entrevistaran la guapísima Leonor Watling,
que a pesar de tener marido y dos hijas, preguntada por su año de nacimiento,
respondió juguetona “¿De qué año quieres que sea?”, tumbándose en el sofá para
una sesión de psicoanálisis y mandándolo a él tumbarse después… Aquí empezaron
ya en los comentarios los chistecitos sobre milfs, mature women y confused
young boys.
Ya en la segunda temporada se produjo la visita de la inocente y virginal Michelle Jenner, que no dio lugar a ningún
malentendido de tipo sexual pero hizo que a más de uno se nos desbocase la
imaginación (más que nada porque tenemos la mente algo sucia)… Y llegamos a la
actriz Adriana Torrebejano, que
fue a presentar la película La Sombra de la Ley y estuvo bastante simpática,
riéndose mucho y demostrando que realmente le gustaba el programa y conocía sus
entresijos; también es verdad que estuvo un poco pesadita colocándose la torera
(que enmarcaba su generoso escote), atusándose el pelo o humedeciéndose los
labios cada cinco segundos, lo que sin duda captó la atención del presentador.
Y por si no fuera suficiente, le aclaró a Broncano que interpretaba en la peli
a una caberetera de sriptease y que enseñaba “mandanga de la buena”… Parece que
la estrategia surtió efecto, porque se comenta que Broncano le dio SuperLike en
el Tinder y formaron (¿forman?) pareja: se les vio juntos en un par de sitios y
durante un tiempo el pachacho solo la seguía a ella en Instagram.
La entrevista con Adriana tuvo momentos de alta tensión, pero no fue nada
comparada con la de Noemí Casquet, de la que hablaremos luego.

Antes de llegar a eso, hablemos un poco de mí; al fin y al cabo este es un
blog personal, así que de vez en cuando tendré que contar aquí “mis mierdas”,
como suelen decir los modernos. Paso a comentar las similitudes entre Broncano y yo, tanto
en nuestra forma de ser como en las cosas que nos gustan y no nos gustan…
En primer lugar, ambos somos graciosos, tenemos vis cómica y rapidez para la
respuesta ingeniosa (reconozco que él es mejor, pero yo tampoco me quedo
corto). Tenemos una verdadera obsesión por el orden
y por que las cosas sigan un formato canónico. No nos gusta bailar ni disfrazarnos solo porque lo hagan o nos lo
digan los demás, pero sí cuando nos apetece y nos lo pide el cuerpo (por
cierto, él canta y baila peor que yo). Y a ambos nos gustan estilos similares
de música, como el hard rock
y según qué heavy metal.
A pesar de que hay gente que nos mira como a bichos raros
por ello, no bebemos alcohol,
aunque eso no nos impide ser extrovertidos y desinhibidos
cuando estamos de fiesta con los colegas. Tampoco fumamos, e intentamos comer
sano. Siempre tenemos muchas cosas que hacer, así que solemos apurar al máximo
a la hora de acudir a una cita; tenemos facilidad para dormirnos muy rápido y
me da en la nariz que a ambos nos gusta levantarnos tarde. Aunque él sabe mucho
más de deportes y yo mucho más de cine, los dos tenemos bastante culturilla
general y curiosidad por aprender cosas nuevas cada día, somos hombres del Renacimiento.
También somos grandes apasionados de la Ciencia
y la Ingeniería (además de
Publicidad, Broncano estudió algunas asignaturas de Física porque le apetecía),
así como del pensamiento crítico y racional,
derivándose como consecuencia lógica de esto último que ninguno de los dos seamos
creyentes.

Otra declaración que le he oído hacer y con la que estoy de acuerdo es la
de no ser partidario de una relación puramente física,
sin al menos algo de amor o afecto… pero esto no quiere decir que seamos unos
chapados a la antigua o unos puritanos con respecto al tema; al contrario, no
tenemos problema en hablar de sexo y lo vemos como algo bueno y saludable, una
forma más de expresión de la libertad de las personas… Una prueba clara de esto
está en cómo afrontamos en su día la entrevista con Noemí Casquet, él como
entrevistador y yo como espectador. Esta periodista especializada en temas de
erotismo venía a presentar su libro, pero sorprendió a Broncano al cederle un
pequeño mando a distancia que controlaba un vibrador que llevaba metido en la vagina…
A pesar de lo insólito de la situación, el de Orcera se lo tomó con total
naturalidad y siguió haciendo comentarios tan graciosos como de costumbre. Uno
de los grandes momentos de la entrevista ocurrió cuando Noemí le dijo “¿Te
acuerdas de mi coño, por cierto?”, a lo que Broncano respondió inmediatamente,
pulsando el botón con alegría: “¡Adelante, a funcionar!”…
La propia Noemí no pudo hablar por un momento porque se descojonaba viva, y Ricardo Castella tuvo que
sentarse porque estaba llorando de la risa. En cuanto a mis reacciones, la
entrevista me encantó: reconozco que, una vez vencida la incomodidad inicial, me
produjo cierta excitación, pero sobre todo a medida que avanzaba me pareció más
y más divertida y por tanto muy liberadora, una buena manera de romper tabús y
prejuicios respecto a este tema y ayudar a normalizar el disfrute de nuestra
sexualidad… Os aseguro que al terminar de verla ya no era exactamente la misma
persona que antes.

En esta época del año, cuando se va acercando San Juan y el inicio del
verano, las chicas empiezan a llevar manga corta y lucir más carne y yo me
pregunto con más frecuencia de lo habitual por qué llevo tantos años sin tener
una relación como es debido… Ya
sé, ya sé que el sexo no es lo único importante, y que en otros campos de la
Vida soy muy afortunado, pero después de ver por la calle a tanto guapete gilipollas con pareja permitidme al
menos mi derecho al pataleo… Ya que estoy hablando de cosas en las que nos
parecemos, me pregunto si Broncano ligará mucho desde que es más conocido. No
es especialmente guapo: con esos ojos tan separados, saltones y ligeramente desviados,
esa nariz prominente y esos dientes desordenados se parece
(más aún cuando no llevaba barba) al perezoso de Ice Age;
los dos estamos ahí, ahí en cuanto a atractivo físico, resultones y poco más…
Pero David tiene carisma y personalidad, es muy ingenioso y además, gracias
a una mezcla de trabajo duro y suerte, ahora es famoso, gana pasta y tiene el
programa de La Resistencia, que es una plataforma ideal para acceder a
potenciales parejas sexuales. Es difícil saber si realmente liga más o no,
porque es muy celoso de su intimidad.
Su relación con Adriana Torrebejano
se comenta por ahí, pero no se sabe a ciencia cierta si ha sucedido realmente,
qué grado de compromiso ha supuesto para ambos o si dura aún en la actualidad,
y lo mismo pasa con algunos otros nombres que se barajan al respecto. Este tema
me interesa porque si Broncano está teniendo ahora más suerte con las mujeres
eso significa que el mío tampoco es un caso perdido.

Volvamos a La Vida Moderna. Allí tenemos a Quequé, que aunque ya madurito
es bastante guapete (y
además tiene una voz radiofónica que te preña solo con oírla) y seguro que no tiene problema para ligar de vez en cuando.
Luego está Broncano, medio apañao de cara y muy gracioso… Y después está
Ignatius Farray, bastante menos atractivo físicamente (calvo, gordo y miope) y
sin ninguna intención de disimularlo, siempre muy dejado en cuanto a la ropa e
incluso el aseo personal, poco
dispuesto a cambiar su forma de ser por una mujer. Desconozco también si Farray
tiene pareja actualmente (alguna vez ha hablado de su novia en el pasado) y qué
tipo de relación abierta o cerrada mantiene con ella, pero es el único de los
tres que en el programa de radio hace de vez en cuando bromas que no son sino
intentos poco disimulados de pillar cacho
(como dice Quequé, todos sus personajes siguen un fin).
Los otros dos copresentadores le paran los pies y se quejan a veces de que está
muy salido, pero seguramente es porque ellos tienen bastante más facilidad para
ligar.
Sin ir más lejos, es de sobra conocido que Farray y Broncano perdieron la
virginidad aproximadamente en la misma época, Ignatius con veintinueve años y David con dieciséis (en este
aspecto yo me acerco más al canario).
Incluso se podría hacer un paralelismo a nivel creativo: Quequé es el que
menos se esfuerza, el más vago del programa, mientras que Broncano reserva
energías para La Resistencia e Ignatius siempre se curra mucho más sus
secciones… Me hace pensar que los que no somos demasiado guapos y además
queremos ser fieles a nuestros principios
y no nos gusta fingir para ligar siempre lo tenemos mucho más difícil para conseguir que alguien nos bese o nos abrace
en la cama por las noches,
lo que me parece bastante injusto (incluso el propio Farray hace veladas
referencias a esta injusticia en su serie El Fin de la Comedia).

No es la primera vez que comento que una de las razones por las que empecé a escribir el blog
(aparte de para ordenar mis ideas, aumentar mis conocimientos y conectar con
otras personas intelectualmente afines, objetivos todos cumplidos en mayor o
menor medida) fue para intentar encontrar esa alma gemela con la que poder
iniciar una relación a un nivel más íntimo, no solo intelectual sino también
físico. Si algunos sostienen que La Resistencia es el Tinder de Broncano, se
podría decir que La Belleza y el Tiempo es en cierto modo el Tinder de
Kalonauta, tal vez el anuncio de contactos más
currado de la historia… y está por ver si también el más inútil; os aseguro que por ahora no ha funcionado en absoluto.
¿Tendré suerte si sigo trabajando duro y escribiendo entradas interesantes,
“currándome mi sección”? ¿Encontraré aquí algún día una serie de comentarios o recibiré
un privado escrito por mi alma gemela? Está claro que en el campo de la
conquista amorosa no soy un Quequé, pero ¿seré más un Broncano o acabaré
convertido en un Ignatius, en un payaso triste al que te puedes encontrar solo y borracho por los bares de Malasaña? ¿Necesito tal vez un
formato algo más dinámico y visual, como hacerme youtuber, para conseguir
ligar? ¿Ayudaría en algo olvidarse del anonimato
e incluir fotos mías aquí? ¿Tal vez debería pensar a lo grande y pasarme por
las oficinas de El Terrat para dejarles mi currículum y preguntarles si tienen
a bien producir un programa presentado por mí? ¿O acaso me estoy equivocando
por completo, el Tinder de Broncano no es más que un mito del Club de la Una y
el famoso presentador de Orcera también pasa la mano por la pared? Lo sé, lo
sé, son demasiadas preguntas sin contestar, pero a estas alturas los lectores
del blog ya deberíais haber comprendido que esta Vida es complicada y no suele
tener respuestas fáciles.

Que quede claro, antes de seguir, que si ligo tan poco no es porque no
pueda, sino porque no quiero… Tras largos años de observación he llegado a la
conclusión de que en la mayoría de casos están sin pareja los que no pueden
conseguir una o los que pueden aguantar sin ella. En mi caso soy de los
segundos; como decía Rust, el personaje de Matthew McConaughey en True Detective, no tengo novia porque
sé lo que quiero y porque no tengo miedo a estar solo.
Ya he explicado muchas veces en el blog que encontrar a la pareja ideal es muy
difícil, pero yo no me rindo, así que os vuelvo a recordar mis cualidades
positivas… Aparte de las ventajas que he enumerado antes, las que tengo en
común con Broncano, ya os comenté en su día que voy bien servido de los distintos tipos de inteligencia…
También os hablé de los genes “Rodríguez de la Sierra” que
he heredado de la rama materno-materna de mi familia, por los que tengo un
metabolismo bastante agradecido, una esperanza de vida que rebasa sobradamente
los noventa y una salud de hierro (no recuerdo haberme puesto enfermo como para
faltar al trabajo ni un solo día en los últimos diez años)… Y si con esto no os basta para animaros y darme
like en el Tinder, queridas lectoras sin compromiso, os voy a proporcionar otra
razón de peso.

Es curioso que cuando empiezas a escribir una entrada nunca sabes cómo va a
acabar… Jamás imaginé que esta fuese a desembocar aquí pero, ya que llevamos
varias semanas hablando de libertad de expresión, escatología, pajas,
vibradores y transgresión, creo
que es el momento perfecto para convertir durante un par de párrafos este blog
en un Tinder de verdad, crudo y seco (De perdidos al río…). A ver cómo puedo
compartir con vosotras un par de detalles más íntimos, como hacen los invitados
que responden a las preguntas del dinero y de follar, sin ser demasiado grosero
o explícito… Digamos que en lo referente al sexo estoy muy bien dotado, con un 20% más que la media española en
cuanto a tamaño en excitación (Si queréis hacer los
cálculos tendréis que buscar el dato vosotras mismas).
Y aquí viene
el otro detalle: por lo general esto no se me nota porque (aparte de que no suelo llevar pantalones ajustados) soy grower, no shower;
en otras palabras, que en mi caso hay que frotar la lámpara para que salga el
genio (Esta clasificación entre penes de sangre y de carne es otro de los datos
que he aprendido últimamente escuchando La Vida Moderna… ¡No te acostarás sin
saber una cosa más!). También es mala suerte, tiene narices que ni siquiera en esto
del tamaño mis cualidades positivas sean evidentes en una primera impresión… Habiendo
dicho esto y añadiendo lo de mi gracia y salero naturales, y a la vista de lo
experimentado en mis anteriores relaciones, me creo por tanto plenamente capacitado
para hacer que una mujer se muera de risa y se corra de gusto a la vez
en la cama… Francamente, no sé a qué estáis esperando para contactar conmigo,
chicas.

¡Ya está, ya lo he dicho! No puedo creer que acabe de dar mis medidas íntimas en
el blog; disculpad si os ha parecido algo fuera de lugar, pero es que son ya
muchos años de soledad, y pocos cartuchos más me quedan por quemar… Como se
suele decir, situaciones desesperadas requieren (permitidme el juego de
palabras) medidas extraordinarias. Ahora ya sabéis de mí tanto o más que mis
amistades más cercanas… A la que le encanten los
contenidos de este blog le encantaré también yo tal y como soy,
así que a esa la animo a ponerse en contacto conmigo, que no se arrepentirá… Os recuerdo una vez más que si aún no estáis
seguras del todo y queréis saber qué aspecto tengo solo tenéis que mandarme un
mail y os enviaré una foto por privado… Pues con esto poco más queda por decir.
Si el anuncio de contactos de esta quinta entrega no funciona, siempre nos
quedarán las risas de los enlaces de las cuatro anteriores, pero yo no pierdo
la esperanza… Espero que haya suerte más pronto que tarde y que haber tomado esta decisión, lanzándome a la piscina de
cabeza, acabe teniendo para mí picantes y por lo tanto divertidas consecuencias.
