lunes, 11 de febrero de 2019

Un Remanso de Paz (I)


Ya sabéis que a pesar de no ser creyente me gusta visitar de vez en cuando las iglesias y conventos de la ciudad en cuanto que lugares llenos de historia y de arte en los que se ha preservado casi intacta una parte de nuestro pasado. Por ejemplo, tengo entradas antiguas acerca de la Catedral de Valencia y el Convento de Santo Domingo… Hablando estas últimas semanas sobre la historia de Malta y sobre los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, se me ocurrió que podía colgar en el blog, en dos entregas, una selección de mis mejores fotos sacadas en San Juan del Hospital, una de las iglesias más bonitas y la más antigua de Valencia (anterior incluso a la propia Catedral), levantada por esta orden religioso-militar muy poco después de la conquista de Balansiya por parte de Jaume I.

El acceso a la iglesia se realiza por la calle Trinquete de Caballeros, y ya en la sala de entrada se pueden contemplar pintadas en la pared izquierda varias cruces rojas de los cruzados que datan del siglo XIII. La cruz de ocho puntas (después llamada cruz de Malta) está muy presente por todo el lugar, no solo en las pinturas murales sino también en las claves de algunos arcos y en los preciosos óculos con tracería de piedra que hay encima de las puertas de la iglesia. Entramos así al Patio Norte, un patio interior alargado, tan cerrado y recogido que parece una zona privada aunque el acceso es totalmente libre; una vez superada esa primera impresión de incomodidad, esa sensación de ser un intruso, el lugar resulta muy agradable, acogedor y tranquilo, y al no haber edificios altos a la vista casi no parece que estés en pleno centro de la ciudad.




A mano izquierda mientras se avanza hacia el fondo del patio se puede admirar la iglesia, de estilo gótico cisterciense caracterizado por su sobriedad, aunque algunos de los elementos más antiguos, como puertas y contrafuertes, son románicos. Resulta particularmente chocante una gárgola que, justo encima de las cabezas de los visitantes, parece saludarles al entrar con su enorme falo entre las manos… A la parte derecha está el lugar donde en el S.XIII se encontraba el albergue, convertido hoy en día en unas dependencias modernas. Casi al final del patio se pueden apreciar en el suelo, si se fija uno bien, cuatro líneas paralelas de bronce que indican la situación, unos metros más abajo, de los muros de la grada occidental del circo donde se celebraban las carreras de cuadrigas en la época romana imperial. Los restos de la espina central del circo están más atrás, casi a la altura de la calle, en el Patio Sur. Justo al fondo del Patio Norte está el Museo y Sala de Exposiciones, que tampoco es nada del otro mundo, que yo recuerde…

Girando dos veces a la izquierda se accede al interior de la iglesia propiamente dicha… Es un espacio en penumbra, muy hermoso, un remanso de paz y sosiego con un encanto especial, que invita a sentarse en uno de los bancos (fuera del horario de misas) y simplemente dejar pasar el Tiempo… Cuesta creer que este recinto se usara como sala de cine en los años 50 y 60, hasta que el Opus Dei inició su restauración (ya sé, ya sé que da un poco de repelús pasar frente a la estatua de Don José María Escrivá de Balaguer, pero si visitáis el lugar con respeto y sin dar la nota nadie os llamará la atención ni os saldrá al paso para intentar catequizaros).

Las capillas laterales albergan imágenes de vírgenes y santos, algunas de ellas bastante antiguas. Al fondo, a la derecha del ábside, hay una capilla barroca del S.XVII que francamente no pega nada con el resto de su entorno y en la que se guarda una urna con los restos de la Emperatriz Constanza de Grecia, que vivió en la época de la construcción de la iglesia. A la izquierda del ábside se pueden contemplar unas fabulosas pinturas murales de finales del S.XIII, excelentemente bien conservadas (o restauradas), con un colorido muy vivo para lo que suele ser habitual en este tipo de obras: sin duda uno de los puntos de visita obligada… Y aquí lo dejamos por hoy; la semana que viene colgaré el resto de mis fotos y explicaré un par de cosillas sobre el Patio Sur, abierto al público más recientemente.












lunes, 4 de febrero de 2019

Once Generaciones… Otra Vez (II)


Sin más dilación volvamos al árbol genealógico de los Galea que encontró mi madre en la web de la Asociación de Amigos de Malta: era un diagrama bastante completo que llegaba hasta principios del S.XX en las últimas generaciones y que se remontaba hasta el XVII en las más antiguas. Como dato curioso, el apellido, que originariamente se escribía “Galea”, pasaba a ser “Galia” durante tres generaciones y luego cambiaba de nuevo a la forma original. Al menos en mi familia, “Galea” se ha pronunciado siempre con el golpe de voz en la e, así que supongo que, aunque el autor no había usado ni una sola tilde en su genealogía, la forma correcta de escribir la variante sería “Galía”, a no ser que ateniéndose a las normas de la lengua original no se indicase expresamente el acento…

Un tío mío me había comentado varias veces en el Pasado que el apellido Galea era originario de la isla de Malta, pero nunca me había pasado enlaces, documentos o pruebas concretas de que una rama de nuestra familia procediese de allí… En este caso no había lugar a dudas: en una de las generaciones de este árbol aparecían Marcelino, Justo, Juan Bautista e Isabel, cuatro de los hermanos de mi bisabuela Emilia que también estaban en mi archivo. Sin embargo ni mi bisabuela ni Silvino, otro de los hermanos, aparecían en la web de los Amigos de Malta, y por otra parte la web incluía a una tal Bernarda que yo no tenía en mis datos. A pesar de estas diferencias (debidas sin duda a que el autor de la genealogía y yo habíamos recurrido a fuentes distintas o habíamos tenido distinta suerte en nuestras investigaciones) había otros muchos detalles y fechas que podían cotejarse y en los que la información de la web coincidía con la que me había transmitido en su día mi abuela materna acerca de los antepasados de su marido. Y si los datos parecían fiables para la generación de mis bisabuelos, no había motivos para pensar que no lo serían también con respecto a las generaciones anteriores.




Al parecer fue un tal Josef Galia (Josef o Félix, no está muy claro), bisabuelo de mi bisabuela Emilia, el que hizo el viaje desde Malta hasta España. Nacido en La Valeta en torno a 1751, emigró a las costas valencianas y se casó en 1786 con María Martínez, natural de Xátiva, teniendo la pareja varios hijos. Las fechas de la genealogía cuadran bastante bien con el periodo de inmigración generalizada en la segunda mitad del S.XVIII del que os hablé la semana pasada, lo cual hace que sea bastante probable (aunque no hay datos concretos que lo respalden) que Josef se dedicase al llegar aquí a la venta de telas. Si esta estirpe de los Galea habitó a partir de la llegada de Josef en lugares como Xátiva, Canals o La Pobla Llarga, las generaciones anteriores incluyen como lugar de nacimiento diversos puntos de la isla como La Valeta, Mosta o Naxxar.

Por tanto, gracias al hallazgo de mi madre ahora no solo tenemos datos concretos sobre nuestra familia de Malta, sino que podemos incluir en nuestro árbol a antepasadas con nombres tan molones como Flaminia Agius Cauchi o Lucrecia-Grazia Galafato Borg… ¿Y qué hay del número total de generaciones? El dato más antiguo de esta rama del árbol al que nos podemos remontar es el matrimonio en 1642, probablemente en Naxxar, de Domenico Galea y Grazia Portelli, nacidos ambos en torno a 1620. Contando desde mí mismo hasta esta pareja hay once generaciones, con lo que la rama de mi abuelo materno empata con la de mi abuela materna, que ya conocíamos; pero visto que Juan Díaz-Llanos y Ángela María Andrade se casaron en Tenerife el 17 de agosto de 1671, la de 1642 pasa a ser la fecha concreta más antigua de todo mi archivo, con lo que sí batimos un récord (Lo de los treinta años de diferencia para el mismo número de generaciones indica que por la rama de Malta se lo tomaron con un poco más de calma a la hora de tener descendencia). Para que os hagáis una composición de lugar, 1642 es el año en el que mueren Galileo Galilei y el Cardenal Richelieu, nace Isaac Newton y Rembrandt pinta su famoso cuadro Ronda de Noche… Toda la información de la web de los Amigos de Malta ha sido ya convenientemente incorporada a mi base de datos del Personal Ancestral File, que pasa así a tener un total de 632 personas en la familia.




De este nuevo (y emocionante) episodio de mis investigaciones se puede extraer una interesante conclusión: todos estamos conectados genéticamente y ahora, cada vez más, también estamos conectados por Internet… Vete tú a saber la cantidad de gente que habrá compartido desde 2007 sus árboles genealógicos en la Red; y algunos de ellos tal vez sean parientes lejanos míos con antepasados en común, así que puede que haya datos jugosos sobre mis ancestros que estén a tan solo una búsqueda en Google de mi propio archivo… Se podría pensar que para encontrar estos datos lo único que hay que hacer es teclear uno por uno los nombres completos de mis antepasados directos, echar un vistazo a los resultados y ver si hay otro golpe de suerte, pero la cosa es más complicada de lo que parece.

En primer lugar, si tecleas el nombre sin comillas los resultados se pueden referir a esa combinación concreta de nombre y apellidos o a cualquiera de ellos por separado, lo que hace que la búsqueda sea demasiado vaga y con multitud de resultados descartables que te hacen perder tiempo… Pero usar las comillas para acotar un poco también tiene sus pegas. Si no incluyes el nombre de pila de tu antepasado la cosa sigue siendo algo vaga y el número de pistas falsas entre los resultados será grande, pero si lo incluyes debes tomarte el tiempo necesario para cubrir todas las posibles variantes: que se trate del nombre más usual o del nombre completo (yo mismo consto con un nombre sencillo en mi DNI y uno compuesto en el Libro de Familia), que se haya usado la variante más formal o el hipocorístico (como por ejemplo en el caso de Francisco y Paco), o incluso que haya algunos nombres que sean dudosos (acordaos de Josef/Félix, mi antepasado maltés inmigrante).




También los apellidos, que en teoría deberían tener menos variantes que el nombre, pueden hacer que aumente el número de búsquedas necesarias. En primer lugar está el uso de apellidos compuestos en algunos casos (como ejemplos en mi propia familia tenemos Díaz-Llanos, o Rodríguez de la Sierra), a lo que en las generaciones más antiguas se une el posible uso de conectores arcaicos (“Ángela María de Andrade y Hernández” en vez de “Ángela María Andrade Hernández”), y también puede ocurrir que algunos apellidos se escriban de distinta forma según la generación o la zona geográfica (ejemplos: Galea/Galia, Luiz/Luis…). Todos los problemas con las variantes en la búsqueda de Google podrían intentar minimizarse con el uso de las comillas solo para los dos apellidos, incluyendo el nombre en otras comillas aparte, o el uso del comodín * o la función AROUND, pero ya os digo que tendría que reflexionar más sobre el asunto para encontrar el punto óptimo de equilibrio, el método con mayor probabilidad de conseguir información interesante en la menor cantidad de tiempo posible.

Además, hay que plantearse seriamente si bastaría con mis antepasados directos o convendría también buscar a sus hermanos. Tengamos en cuenta que si ahora mismo teclease con comillas el nombre completo de mi bisabuela Emilia en vez del de su hermano Marcelino no me saldría nada, ya que ella no constaba en el árbol genealógico de los Galea que encontró mi madre. Y estoy recordando también que el descubrimiento de mis antepasados canarios, por la rama materno-materna, también lo hice en su día gracias a Elia, esta tía lejana de la que os hablaba, que era nieta de un hermano de mi bisabuela Micaela… Teniendo en cuenta todo esto, y visto el gran número de combinaciones que puede llegar a haber incluso para una sola persona, realizar una búsqueda exhaustiva de datos en Internet requiere mucho tiempo, organización y paciencia y no es tarea sencilla, como ya os digo.




Aun así, poco antes de publicar esta entrega en el blog me he animado a hacer unas cuantas búsquedas rápidas (sin cubrir todas las opciones, tecleando para mis ancestros directos el nombre y los dos apellidos en su forma más probable, todo entre comillas y sin preocuparme por sus hermanos) y cuando ya creía que no iba a tener suerte me he encontrado una pista que enlaza mi árbol genealógico con otra base de datos de casi cien mil individuos, que se remonta en algunas ramas hasta el inicio de la era cristiana y que entronca con la mismísima realeza de Castilla… Tras un vistazo rápido me ha parecido que la conexión entre los reyes de antaño y mis antepasados es bastante indirecta, seguramente a través de múltiples enlaces matrimoniales, pero puede que me equivoque… Ahora mismo no tengo tiempo para analizar esta enorme genealogía como es debido, pero en cuanto pueda hacerlo con más calma os mantendré informados. Una cosa sí parece bastante probable: cuando haya procesado los nuevos datos y los haya añadido a mi archivo el número de generaciones de mi árbol llegará a la docena y seguramente la rebasará con creces.



lunes, 28 de enero de 2019

Once Generaciones… Otra Vez (I)


Algunos recordaréis la ocasión en que os hablé de mis pesquisas para completar mi árbol genealógico hasta donde me fue posible, partiendo de los datos que me dieron mis dos abuelas. Os conté cómo encontré, tras una investigación digna del mejor detective privado, la conexión con unas viejas notas que me pasó una tía lejana de Tenerife y que me llevaron hasta mis parientes más antiguos conocidos, Juan Díaz-Llanos y Ángela María Andrade, que se casaron en un lugar de la isla llamado Los Silos en el S.XVII, y que representan la undécima generación de mi árbol genealógico, contándome a mí mismo como la primera… Esta investigación la llevé a cabo hace ya unos doce años, en una época en la que disponía de más tiempo libre, y cuanto más retrocedes hacia el Pasado más te cuesta seguir retrocediendo, así que llegó un momento en que dejé mis pesquisas en stand-by.

Seguro que las cosas han cambiado desde entonces y hay muchas novedades en las páginas web sobre Genealogía… Y supongo que también el procedimiento para investigar será diferente: cuando yo lo hice, salvo muy contadas excepciones, mandaba cartas por correo postal ordinario a los registros y cementerios y ellos me enviaban a casa las partidas de nacimiento fotocopiadas, mientras que hoy en día seguramente puedes hacer las consultas por e-mail y te pasan los documentos escaneados en un adjunto, lo que agiliza bastante el proceso (También es posible que el funcionario de turno esté muy entretenido con el Whatsapp y no le apetezca responder a tu petición, lo cual dificulta el proceso… Una cosa por la otra).




En cuanto al software que utilicé (y sigo utilizando) para organizar la información, el Personal Ancestral File, no saca versiones actualizadas desde 2002, así que supongo que la mayoría de la gente ya no lo usa. En la web de FamilySearch en la que antes te glosaban sus virtudes hoy te informan de que está obsoleto y te dan varias posibles alternativas. Parece que actualmente la cosa funciona más en un entorno online en el que los datos genealógicos se suben directamente a la Red en lugar de tenerlos en un fichero en tu ordenador.

Y hay novedades bastante más impactantes… Hace poco, hablando de la actriz Aubrey Plaza, os comenté de pasada que desde hace unos pocos años puedes encargar un test de ADN por cien o doscientos euros: basta con hacerse un perfil en la correspondiente web y mandar una muestra de tu saliva por correo, y a las pocas semanas te avisan de que ya puedes consultar los resultados, entre los que se incluye información básica sobre las enfermedades a las que eres más propenso y sobre tu procedencia genética a nivel geográfico, lo que técnicamente no son datos concretos acerca de tu familia, pero está muy chulo de todas formas… Por un pago adicional te ofrecen la posibilidad de enviarte los resultados de un estudio genético más pormenorizado.




Os explico a continuación por qué las últimas semanas he vuelto a retomar esta afición en mis escasos ratos libres… Resulta que uno de mis primos está actualmente interesado en este tema y tras una consulta por e-mail al Cementerio de La Pobla Llarga consiguió hace cosa de un mes un par de datos que yo no tenía en mi archivo, relativos a Marcelino Galea Ríos, un hermano de Emilia, la abuela paterna de mi madre. Por simple curiosidad mi madre, que estaba al tanto, tecleó unos días después el nombre y apellidos de Marcelino en Google y llegó por azar a un completísimo árbol genealógico de la web de la Asociación de Amigos de Malta en Valencia. El esquema correspondía a una línea de los Galea, apellido procedente de esta isla situada en medio del Mediterráneo.

Me da la impresión de que el conocimiento acerca de Malta por parte del español medio es bastante escaso, limitándose a veces al famoso 12-1 del partido de clasificación para la Eurocopa de fútbol de 1984… Intentemos remediar el problema. Se sabe que esta pequeña isla al sur de Sicilia ha estado habitada desde el 5200 antes de Cristo, y con el paso de los siglos fue hogar de sicanos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes y normandos sicilianos, pasando a formar parte en 1282 de la Corona de Aragón. En 1530 Carlos I cedió el control de todo el archipiélago (incluyendo también a Gozo y la diminuta Comino) a los Caballeros Hospitalarios de San Juan (la actual Orden de Malta), que la gobernaron con total independencia cual señores feudales. Para proteger la isla de posibles ataques de los turcos se empezó a construir en 1566 la ciudad fortificada de La Valeta.




En las últimas décadas del S.XVIII, y tras una época de crisis económica, Malta encontró un medio de supervivencia en el cultivo y producción de algodón hilado. Ante la falta de oportunidades y la altísima densidad de población, varios miles de malteses decidieron emprender un viaje de mil trescientos kilómetros hacia las costas de España, en un área que va desde Castellón hasta Cádiz, dedicándose de forma casi exclusiva a la venta de telas al por menor. La religión o el idioma no supusieron un problema para la adaptación de los inmigrantes: en Malta se profesaba la religión católica y, aunque se hablaba una lengua propia de origen semítico, muchos isleños entendían y hablaban el italiano, que de hecho era la lengua natural de la nobleza maltesa dada la proximidad con Sicilia. Los recién llegados eran también muy aficionados a la música y a los fuegos artificiales, con lo que se sentían muy a gusto entre los valencianos.

En principio los que se trasladaban a España se lo planteaban como algo temporal, y de hecho muchos dejaron a sus esposas en la isla con la intención de volver más adelante, pero con los años una parte importante echó raíces aquí, formando familias bien con esposas nativas de Malta o bien con españolas. En el Reino de Valencia los principales focos de atracción fueron la capital y Xátiva, aunque no he encontrado en Internet un análisis detallado de cómo se asentaron los malteses en la provincia de Valencia; sí se puede consultar, sin embargo, un estudio muy completo referido a la provincia de Alicante. En 1797 los Caballeros Hospitalarios perdieron el gobierno del archipiélago frente a Napoleón y trasladaron su sede a Trieste; tres años más tarde Malta se convertiría en un protectorado del Imperio Británico, y posteriormente en una colonia, lo que dio lugar a un debilitamiento de los vínculos con España… Hecha esta introducción, la semana que viene pasaremos a analizar el árbol genealógico de los Galea que encontró mi madre y veremos si tenía o no alguna conexión con nuestra familia.