lunes, 21 de agosto de 2017

Amor a Segunda Vista (II)


En la primera entrega de este repaso a las características de mi pareja ideal nos centramos en el ámbito de lo lógico, analítico e intelectual, y vimos que debía ser inteligente, culta, curiosa intelectualmente hablando, con buen dominio del lenguaje y con gustos y aficiones en común conmigo (¡Casi ná!). En la segunda entrega nos centraremos más en lo creativo, intuitivo y emocional (aunque ya os advertí que esta división en partes puede ser algo laxa)… Por ejemplo, me encanta en una mujer que sea divertida e ingeniosa y que tenga sentido del humor, que capte al vuelo mis comentarios irónicos y que sepa seguirme las bromas. Incluso, si tiene gracia para ello, me gusta que haga un poco el payaso en algunas ocasiones, imitando voces y montando un poco de espectáculo, aunque eso pueda avergonzarme en presencia de desconocidos; tengo un par de amigas que lo hacen muy bien y que saben cuándo es el momento para hacerlo y hasta dónde pueden llegar, cosa que les da muchos puntos a mis ojos… En esta misma línea, ya os comenté una vez que Kristen Wiig me parece muy sexy precisamente porque es una de las mejores humoristas que conozco; se nota que lo lleva en la sangre, que ha nacido para ello.




También me gustan las mujeres sensibles, que expresan abiertamente sus sentimientos y que no han perdido la capacidad de emocionarse con los pequeños detalles de la Vida… Sé que más adelante en esta misma entrega diré que me gustan las mujeres de carácter fuerte, lo cual podría parecer incompatible con tener una sensibilidad especial, pero no lo es: se trata de alcanzar el equilibrio adecuado entre ambas cosas, y además no debemos confundir sensibilidad con sensiblería… Sin duda me parece otro punto a favor de una mujer el que sepa canalizar esta sensibilidad por la vía artística, que sea creativa por ejemplo en el campo de la Literatura y la Poesía, o en el de la Música, o mejor aún, en ambos… Ya os he comentado en alguna ocasión que tanto mi pareja más duradera como varias de las mujeres que me han marcado a fuego en mi historia sentimental tocaban un instrumento musical o cantaban muy bien.

Reflexionemos un poco: si una mujer es divertida lo es porque no ha perdido las ganas de jugar y bromear de la infancia, y si es sensible lo es porque conserva parte de la inocencia e ilusión de su juventud… Por tanto, creo que lo que me gusta (a mí y seguro que a muchos otros hombres) es una mujer que no se haya dejado anular por los convencionalismos de la sociedad actual… Tal vez esta libertad, espontaneidad y alegría de vivir son las razones por las que a muchos nos atraen las mujeres más jóvenes, y no solo el hecho de que sean físicamente más atractivas a primera vista… Las chicas jóvenes también tienen sus desventajas una vez las conoces mejor, pero de esto seguramente hablaremos la semana que viene.




Espero que mi pareja sea una persona amable, empática y comprensiva, que encuentre siempre las palabras adecuadas para animarme cuando lo necesite; que sepa escuchar y a la que pueda confesarle hasta mis detalles más íntimos de manera natural, sin sentirme avergonzado por ello… Que sea alguien que me ayude a ver las cosas bajo un ángulo diferente, y que en las ocasiones en las que no comparta mis puntos de vista al menos los entienda, y esté abierta a un diálogo razonado en el que tanto ella como yo podamos ceder si es necesario, cambiando de opinión y acercándonos a la postura del otro… A un nivel más físico, me encantaría que fuese una persona cariñosa, no solo en cuanto a los besos, caricias y abrazos en pareja, sino también con pequeños detalles como el de tocar con la mano el brazo de sus amigos, como para reforzar así el vínculo de amistad… De la lista de ocho que vimos en su día, todo esto tiene relación con la inteligencia interpersonal de Howard Gardner. 

Mi pareja ideal tendrá un sentido de la Justicia similar al mío, y preferirá el “Todos-Mejor-Siempre” antes que el “Yo-Más-Ahora”. Será una persona honesta, con principios, sin contradicción entre sus pensamientos, sus palabras y sus actos, y coherente consigo misma a cada uno de estos tres niveles, sin dejarse afectar por la presión social. Me viene a la cabeza una buena definición de lo que es una persona íntegra, que ya hemos usado antes en el blog: se comportará en público como si estuviera sola y en solitario como si la estuvieran viendo todos… Y no solo valorará la Coherencia, sino también la Verdad, con lo que será una persona sincera, que evitará mentir a menos que sea por el bien común.




También están relacionadas con la Coherencia las virtudes de ser responsable y organizada. Para mí es vital saber que puedo confiar en su palabra, y que cuando se comprometa a algo se esforzará en hacerlo lo mejor posible. A veces este margen de confianza se refleja en detalles tan triviales como el de poder o no concretar una cita con esa persona con más de dos días de antelación, o el hecho de que llegue o no puntual a la cita: esto puede darte algunas pistas acerca de su forma de ser a nivel general, e incluso acerca de cómo responderá ante una situación de emergencia, que será cuando más necesites confiar en ella.

Casi más importante que ser responsable y trabajadora es ser una mujer atenta y generosa, siempre pendiente de ayudar a los demás, y por lo general sin pedir nada a cambio. Se trata de personas muy modestas, a las que no les gusta ser el centro de atención; hacen las cosas no por el reconocimiento, sino sencillamente porque es lo correcto… Responsable, generosa y modesta son, curiosamente, tres rasgos que no abundan por ahí, pero que cuando aparecen lo suelen hacer juntos en una misma mujer, y cuando eso ocurre estamos ante alguien al que hay que cuidar muy bien, porque gente como ellas hay muy poca. Hasta donde yo recuerdo, tengo cuatro amigas con estas características, cada una de un entorno social distinto, y a las cuatro las adoro y haría lo que fuese por ellas. María José, Esperanza, Blanca y Violeta: supongo que si leéis esto os va a dar bastante vergüenza, pero me apetece mencionar vuestros nombres precisamente porque sé que vosotras, por humildad, nunca os pondríais las medallas que os merecéis… Os mando un abrazo muy fuerte a las cuatro y quiero que sepáis que este Mundo es un lugar más hermoso porque vosotras lo ilumináis con vuestra luz interior.




Antes decía que me gustan las mujeres con cierta sensibilidad, que no se hayan vuelto egoístas, aburridas y superficiales con el paso de los años… Tampoco me gustan las que van excesivamente estresadas, las que creen que darán sentido a su Vida realizando frenéticamente mil actividades cada día sin pararse a saborearlas, aburriéndose de todas sus aficiones al poco de haberlas adoptado y siempre planificando futuros viajes y excursiones… A algunas de estas mujeres, que hablan más que piensan y que creen huir de la rutina cuando realmente están huyendo de ellas mismas, se las puede reconocer a veces en un primer vistazo porque se muerden mucho las uñas, o porque fuman para combatir el estrés… Yo entiendo que cada cual tiene sus propios traumas del Pasado, y que en algunos casos esa vocecita de tu subconsciente que te dice cosas que no te gustan es más difícil de acallar que en otros, pero a ser posible me gustaría evitar que mi compañera sentimental fuera uno de estos casos.

Del mismo modo que intento evitar a las mujeres superficiales y a las hiperactivas, tampoco me gustan las miedosas que necesitan echar tres cerrojos a la puerta antes de irse a dormir, o que prefieren dar un largo rodeo antes que cruzar una calle cuya pinta no acaba de gustarles (esto me ha ocurrido un par de veces con amigas en el túnel de la Gran Vía Germanías, que llevo cruzando años sin que me haya pasado nunca nada). Para mí es importante que mi pareja no tenga miedos ni complejos, que sea una persona segura de sí misma y refuerce así mi propia sensación de seguridad (aunque ya voy bien servido); alguien con las ideas claras que tenga el control de su propia Vida y que haga siempre que las cosas parezcan fáciles… Este tipo de Belleza interior, esta estabilidad emocional, se manifiesta a veces en el exterior a través de la cara, con una expresión tranquila y relajada y ausencia total de tensión en los músculos de los ojos y la boca; y también a través de la postura corporal, la manera de andar, el tono de voz al hablar y otros muchos detalles imperceptibles a no ser que hagas un esfuerzo consciente por detectarlos… Creo que ya lo he comentado alguna vez antes: esto es lo que César Millán, el Encantador de Perros, llama “Energía firme y tranquila” (pero aplicado a las personas, no me entendáis mal).




Una de las facetas en las que no tengo tan claro lo que quiero es en lo relativo al nivel de independencia en la pareja… Recuerdo que con mi ex tuve muchos momentos, viviendo separados, en los que la echaba de menos y pensaba que sus estudios y su trabajo monopolizaban gran parte de su tiempo; y sin embargo cuando empezamos a compartir piso me ocurrió al revés, a veces tenía la impresión de que me ahogaba, de que necesitaba más espacio (posiblemente porque en lo referente a las rutinas diarias no éramos muy compatibles)… Supongo que con mi pareja ideal sería cuestión de alcanzar el punto justo de equilibrio entre ambos extremos, aunque tengo claro que no me gustaría una persona excesivamente dependiente de mí ni tampoco excesivamente dominante (ni una que necesitara tener un perro o un gato para no sentirse sola). Prefiero una mujer independiente, a la que le guste estar conmigo pero que también necesite momentos para ella misma… Hay que aprender a estar solo y quererse a uno mismo para poder estar bien después en pareja. En este sentido, soy partidario de vivir inicialmente en pisos separados e ir tanteando de manera gradual si somos realmente compatibles para vivir juntos.

Y lo dejo aquí por hoy… Nos falta enumerar algunas características más y desarrollar las conclusiones, tratando de responder a varias preguntas: ¿Qué relación hay entre la Belleza física y la Belleza interior, y cuál es la importancia relativa de ambas? ¿Estaré buscando en realidad a una versión de mí mismo con cuerpo de mujer, o hay algún rasgo mío que no quiero que tenga mi pareja? De todas las características de la lista, ¿con cuántas me conformaría y cuáles son más importantes a la hora de escoger compañera? Y por último, y más importante: ¿A estas alturas, y tal y como está el patio, estoy realmente en situación de escoger, o debería simplemente conformarme con alguien a quien le guste yo, aunque no sea la mujer perfecta? La semana que viene seguimos hablando de ello.



martes, 15 de agosto de 2017

Amor a Segunda Vista (I)


Hace ya unos cuantos años, en mi juventud, un buen amigo mío de la Universidad que llevaba poco tiempo saliendo con su pareja me decía (y estoy seguro de que lo decía con toda la buena intención) que estaba aprendiendo a quererla… Esta frase me llamó mucho la atención, tanto que todavía hoy me acuerdo de ella. Esto de salir primero e intentar después que surja el amor tal vez funcione algunas veces (a él le funcionó), pero creo que por lo general no es el mejor método para conseguir una relación feliz y duradera. En lugar de ver a una mujer, desearla, salir con ella y entonces aprender a quererla, lo que habría que hacer es conocerla primero, quererla hasta el punto de empezar a desearla (si es que no la deseabas ya desde el primer momento) y entonces salir con ella.

Ya os comenté una vez que por aquella época de mis años mozos usaba cuatro parámetros para estimar lo poco o mucho que me gustaba una chica: inteligente, simpática, compatible y guapa. También os dije que esta clasificación, aunque era mejor que nada, suponía una excesiva simplificación de la gran complejidad que caracteriza a cualquier persona. Acerca de los rasgos físicos que hacen que una chica me parezca guapa ya hablamos en Amor a Primera Vista allá por el 2012, en los inicios del blog; y en la entrada múltiple que aquí empieza os enumeraré los rasgos de personalidad que me resultan más atractivos al ir conociendo a una mujer, más allá de la primera impresión… Mis palabras exactas fueron que hablaríamos de esto “un poco más adelante”, y han pasado cinco años; para que veáis que realmente me tomo las cosas con calma.




Otra antigua entrada del blog relacionada con este tema es Sin Aditivos ni Colorantes, en la que explicaba los detalles que no me gustan de las mujeres cuando fingen una Belleza exterior que realmente no tienen… Pero el post más relacionado con el de hoy, y prácticamente de lectura obligada, es la tercera parte de Inteligencias Múltiples, que podría considerarse como el complemento inseparable o la entrega número cero de esta entrada: echadle un vistazo. El tema de la búsqueda de pareja se ha ido tocando aquí y allá en otras muchas entradas, así que a lo largo de las próximas semanas seguramente habrá bastantes enlaces a contenidos de La Belleza y el Tiempo.

Hablar de los rasgos de personalidad, hábitos y gustos de mi compañera sentimental ideal supone una tarea titánica tanto en extensión como en complejidad organizativa, pero creo que he encontrado la forma de contarlo en tres o cuatro entregas más o menos bien estructuradas. El primer grupo comprende los rasgos de carácter más intelectual, el segundo los relacionados con la creatividad y las relaciones con los demás, y el tercero las costumbres que podrían considerarse más relacionadas con la forma física y el aspecto externo (vuelvo a recalcar que esta es una clasificación aproximada, ya que las fronteras entre unos tipos de cualidad y otros son borrosas). En la última entrega intentaremos decidir qué características son las más importantes de todas las enumeradas y, como de costumbre, trataremos de sacar conclusiones generales que nos sean de utilidad… Vamos pues con las cualidades de tipo intelectual.




Huelga decir que para que una mujer me guste tiene que ser inteligente. De acuerdo con su etimología, el adjetivo “inteligente” describe a una persona que sabe elegir la mejor opción a partir de la información disponible, que sabe tomar buenas decisiones en la Vida. Me refiero aquí a la inteligencia en su acepción más clásica, es decir, la capacidad de pensamiento lógico y racional, de análisis de la información y de argumentación coherente de las ideas. Lo del pensamiento racional deja fuera de mi lista de favoritas a aquellas mujeres que crean por ejemplo en la eficacia de técnicas como la homeopatía, acupuntura, reflexología o biomagnetismo, y hace que me caiga muy, muy bien la consejera de sanidad Carmen Montón, que ha emitido hace poco una orden para que no se fomente el uso de las pseudoterapias en los centros sanitarios de la Comunidad Valenciana. En la misma línea, tampoco me sentiría cómodo con una mujer que creyese ciegamente en cualquier tipo de dogma religioso… Más adelante hablaremos con calma en el blog tanto de la creencia en Dios como de otros tipos de pensamiento mágico.

Mi mujer ideal no solo será inteligente, sino que me espoleará para aguzar también mi ingenio, en una sana competencia de la que ambos saldremos beneficiados; como cuando corres (perdón, haces running) con otra persona que tira de ti y te hace dar el máximo, sacando fuerzas de flaqueza… Ya hablamos de esto en una ocasión, cuando os dije que la inteligencia es sexy. Me encantaría tener una compañera que supiera formular las preguntas que yo tenía difusas en mi cabeza y para las que no sabía encontrar las palabras, o que me ayudara a encontrar respuestas a las grandes preguntas de la Existencia con un estilo de razonamiento similar al mío, pero con ligeras diferencias a la hora de pensar que le permitan llegar a rincones del Conocimiento donde yo no alcanzo.




Además de inteligente debería ser una mujer culta, tener un buen conocimiento de los clásicos y acerca de cuáles son nuestras raíces y cómo hemos llegado al momento actual de nuestra Historia. Y debería tener una gran curiosidad intelectual, debería gustarle aprender algo nuevo cada día. No querría perderse ni un solo detalle de todo lo que la rodea, y por tanto no le importaría llevar gafas (o lentillas) si las necesitara. Su objetivo será aprenderlo Todo acerca de Todo, y tendrá, como yo, una concepción generalista de las cosas, tratando de verlas bajo una perspectiva lo más amplia posible, considerando los distintos niveles subyacentes (psicológico, sociológico, biológico, geológico, cosmológico…) y distinguiendo así lo que es realmente importante de lo que no lo es.

Si tuviera la suerte de encontrar a alguien así, mi relación con ella no sería como la unión estanca de dos medias naranjas, cerrada a los problemas del Mundo con una coraza hecha a base de hermosas mentiras compartidas; más bien nos usaríamos el uno al otro como una puerta para acceder a conocimientos que no teníamos antes, y llegar así a una mejor comprensión del Universo, enriqueciéndonos mutuamente desde un punto de vista intelectual. Si ella es inteligente percibirá como yo que hay muchas cosas en nuestra sociedad que son estúpidas o no funcionan, o que pueden quedar patas arriba por un capricho de la Naturaleza, y que incluso las cosas buenas y hermosas que nos rodean podremos disfrutarlas solo por Tiempo limitado, lo que tal vez la haga estar un poco melancólica en algunas ocasiones; pero el mero hecho de estar juntos, de habernos encontrado el uno al otro, nos servirá de consuelo y nos dará Esperanza frente a las injusticias del Mundo.




Para mí es importante que mis amigos y amigas sepan expresarse bien tanto oralmente como por escrito; como dije en Inteligencias Múltiples al hablar de las aptitudes lingüísticas, “una mujer que de puertas para afuera usa las palabras correctas enlazadas de la manera correcta seguramente hará lo mismo con las ideas de puertas para adentro”. En otro orden de cosas, ya sé que en Amor a Primera Vista os comenté que los rasgos exóticos son atractivos, y también sé que la mezcla de culturas te proporciona una mente más abierta y las uniones interraciales producen una descendencia genéticamente más sana, pero al mismo tiempo no me veo conviviendo con alguien que no comparta lengua materna conmigo, por muy buenas que sean sus otras cualidades. Es difícil llegar a tener una conexión total si no se dominan las sutilezas del idioma de la otra persona; yo quiero alguien con quien poder tratar temas complejos, elevados, y entenderme perfectamente de forma rápida… Tal vez precisamente por esto hay gente (no todos, ojo) que se lía con alguien extranjero: porque así pueden poner el idioma como excusa para no seguir hablando de temas filosóficos, cuando en realidad lo que les pasa es que se han rendido intelectualmente y prefieren vivir una vida de encefalograma plano.

Aunque con el valenciano puedo hacer una excepción, confieso que me sentiría algo más cómodo saliendo con una mujer castellanoparlante que con una valencianoparlante o una nativa en ambas lenguas, para evitar el conflicto de tener que decidir en qué idioma hablar en cada contexto (conflicto que no surgiría de mí mismo, sino de la situación sociopolítica presente y pasada de nuestra Comunidad). Además, aunque puedo defenderme, no soy nativo y nunca he usado el valenciano en casa, con lo que no dominaría las sutilezas de las que hablábamos antes (aparte de que aún no tengo claro cuál es el estándar que habría que utilizar; el tema de la normalización lingüística ha avanzado mucho en los últimos años pero aún falta camino por recorrer, y eso es algo con lo que yo, bastante cuadriculado, no me siento muy a gusto).




Y hablando de gusto, es imprescindible que mi pareja y yo tengamos aficiones y gustos en común. Por ejemplo, que le guste leer, la buena Música y sobre todo el buen Cine (recordad que soy muy visual y se me da mejor asimilar la información y entender el Mundo mediante imágenes). Sería genial que tuviese referentes similares a los míos en cuanto a Cine, Literatura o Música para poder usar los mismos códigos y tener nuestras propias bromas privadas… y sería aún mejor que nuestros referentes fuesen similares pero no idénticos, para poder descubrirnos el uno al otro esas pequeñas joyas, esa gran película o esa canción especial, que faltaban en nuestra colección.

Cuando era adolescente, incluso antes de aquella conversación con mi amigo de la Universidad que aprendía a querer a su pareja, recuerdo otra breve charla que tuve con mi tío abuelo Miguel (que además de contable era escritor, autor teatral y articulista, y que parecía una persona bastante sabia) en la que me dio el siguiente consejo sobre las mujeres: “elige a una con la que se pueda conversar a gusto. También fue una frase que permaneció en mi memoria, pero con esta estoy más de acuerdo… Aún añadiría más: mi pareja ideal será alguien con quien podré conversar pero también con quien podré sentirme cómodo a veces en silencio, comunicándonos sin necesidad de palabras, con tan solo un roce de la mano o una mirada… Seguimos conversando la semana que viene y enumerando más cualidades de la mujer de mis sueños.



martes, 8 de agosto de 2017

Digitalizando el Planeta


Voy a contaros algo curioso. El primer encierro de los Sanfermines se lleva a cabo cada siete de julio a las ocho de la mañana, y yo hice la mudanza de mis cosas al piso nuevo el pasado viernes siete de julio, comenzando a las ocho y cuarto… Hasta ahí, nada excesivamente raro. La coincidencia más asombrosa está en que, aunque mi traslado duró algo más que los dos o tres minutos de los encierros, la distancia que recorrieron mis cajas y muebles fue exactamente la misma que la que se corre en Pamplona: ochocientos cincuenta metros. Este dato sobre los encierros lo descubrí por casualidad en un artículo de prensa un par de días antes, pero la distancia a cubrir para la mudanza la había consultado previamente en Google Maps.




Esta es una herramienta online que uso a menudo, no solo para planificar mis viajes dentro y fuera de la ciudad sino también a veces por pura curiosidad, para explorar otros lugares del planeta y porque siempre me han gustado mucho los mapas. Google Maps vio la luz a finales del 2005 y Google Street View, aunque empezó de forma muy limitada, lo hizo en el 2007; y aunque ahora estamos acostumbrados a usarlos, habrían sido algo totalmente impensable tan solo diez años antes de su aparición. Son un claro ejemplo del increíble potencial de Internet como medio para recopilar y compartir información, en este caso acerca de la situación de ciudades, calles y lugares concretos. Se trata de un entorno digital que abarca todo el planeta con un mismo formato unificado y que tiene una gran versatilidad, en el que puedes añadir o eliminar multitud de capas y en el que puedes consultar la información a muy distintas escalas, lo cual te da una buena visión de conjunto y, pasando ya de lo práctico a lo filosófico, te ofrece una nueva perspectiva de cómo dos lugares cualesquiera de la Tierra, por pequeños que sean, están realmente conectados entre sí.

Cada día los trabajadores de la empresa se pasean con los coches de Google Street View por distintas ciudades y pueblos del planeta, haciendo fotos con las cámaras especiales instaladas en el techo, y luego ponen esa información a disposición de cualquiera que la quiera consultar (Recuerdo que una vez, hace tiempo, los vi en acción en uno de mis paseos por las calles de Valencia). A esto se añade que a los museos, lugares turísticos, comercios y entidades públicas en general les interesa estar accesibles a través de una interfaz potente y mundialmente conocida, así que ellos mismos les ofrecen sus datos y las plantas de sus edificios por iniciativa propia… Incluso parece ser que los de Google ponen sus cámaras a disposición de quien quiera escanear nuevas zonas, en una relación que en ocasiones puede resultar provechosa para ambas partes: unos ponen la infraestructura y aumentan su base de datos, mientras los otros ponen la mano de obra pero a cambio “aparecen en el mapa”.




Cuando hablo de la gran variedad de herramientas y aplicaciones disponibles no solo me refiero a la posibilidad de medir distancias y calcular tiempos, consultar datos de transportes públicos o buscar la localización y horario de un tipo de comercio determinado, sino también en lo referente al formato de visualización. Además del formato normal de callejero tenemos la opción de imagen por satélite, cuya información, más visual, es a veces bastante útil. También está la imagen satélite 3D, con la que tienes una representación muy realista de los edificios no solo desde arriba sino también por los laterales, incluyendo información sobre alturas, que a mí me resultó valiosísima a la hora de averiguar la localización de los pisos que me gustaban en la web de idealista.com, ya que la mayoría de veces los anuncios no dan la dirección exacta para que tengas que recurrir por fuerza a la agencia inmobliliaria… Por lo que tengo entendido, la visualización en formato satélite 3D es similar a la del programa descargable Google Earth, aunque no estoy muy familiarizado con este último.

Por otra parte, ya he hablado antes del Google Street View; recuerdo que habitualmente he entrado en esta aplicación ampliando el zoom al máximo en Google Maps y haciendo doble click otra vez, pero parece ser que ahora se hace arrastrando a Pegman, el pequeño hombrecillo naranja, al punto azul que te interese en el mapa… Tal vez algunos lectores recordéis que Street View ha sido ya el protagonista de anteriores entradas del blog… Esta herramienta también tiene una gran cantidad de aplicaciones, y no solo de tipo práctico para el día a día, sino también humanitarias, culturales, artísticas y de ocio.




Por supuesto, por muy extendidas que estén las aplicaciones de Google, hay muchas zonas del planeta, sobre todo en países en vías de desarrollo, a las que no han llegado todavía. Por ejemplo, la región de Oriente Medio y la práctica totalidad de África carecen de la opción de Street View, y los mapas en formato callejero están muy poco detallados; en algunos de estos casos es mejor recurrir a otras opciones como OpenStreetMap… Y hablando de lugares remotos, quiero nombrar un par de páginas web de Google que llevan la exploración y el correspondiente mapeado más allá de las fronteras de nuestro Planeta: mientras que Google Mars no pasa de ser una mera curiosidad, la web de Google Moon sí proporciona bastante información interesante sobre las misiones tripuladas a la Luna que se hicieron a finales de los sesenta y principios de los setenta; no hay más que hacer zoom en las distintas zonas del mapa lunar.




Ya que estamos en la Luna, dejadme seguir soñando despierto: las prestaciones actuales de Google Maps son muy buenas, pero como ya hemos comentado hay muchos lugares en los que la información disponible es limitada, e incluso en los mejor explorados las fotos del Street View presentan saltos, discontinuidades y trozos movidos, y hay multitud de rincones a los que no se puede acceder, ya sea porque no llegan los coches o por motivos de seguridad o privacidad… Tal vez dentro de unos años salga una versión perfeccionada de gran calidad que mediante un sofisticado sistema de escaneado láser instantáneo permita llegar a escalas muy cercanas sin fallos ni distorsiones y con gran resolución. O, yendo un paso más allá, un Google Street View Live que, conectado a una red con innumerables cámaras de vigilancia, al estilo del Gran Hermano de Orwell, y con un complejo software de interpolación digital, permita obtener imágenes en movimiento y en tiempo real desde cualquier punto elegido y en cualquier dirección… Da un poco de miedo pensarlo, ¿no?

Una opción de la que ahora disponen solo un reducido número de monumentos y edificios importantes, como la torre del One World Trade Center de Manhattan, nos permite ver una serie de fotos tomadas a lo largo del Tiempo para observar su evolución mientras se construían o mientras eran restaurados; esto se consigue en Street View, clicando arriba a la izquierda el icono del relojito con las flechas en sentido antihorario… Usando de nuevo la imaginación y llevando este concepto al extremo tendríamos el Google Space-Time, en el que a todas las herramientas y modos de visualización ya citados se les añadiría el parámetro del Tiempo, pudiendo observar en el modo de mapa callejero cómo las ciudades fueron creciendo con el paso de los siglos o incluso, en el modo Street View avanzado, a las personas anónimas del Pasado realizando sus tareas diarias o a los personajes relevantes participando en los grandes momentos históricos… Y puestos a flipar por un tubo, ¿por qué no un Google Future que nos diga, entre otras cosas, cuándo estará concluida la primera fase del Parque Central de Valencia, cómo acabará el mandato de Donald Trump en la presidencia de EEUU o lo que va a pasar con el cambio climático en las próximas décadas? Si el Google Maps de la actualidad parecía algo propio de la ciencia ficción en los noventa, ¿quién dice que alguna de estas versiones mejoradas no pueda llegar a existir tarde o temprano?




Las posibilidades que me vienen a la cabeza son innumerables (¿Incluir sonido, olores, tacto…?). Me imagino usando el Google Street View Live en mi portátil y metiéndolo por la ventana de mi piso, encontrándome a mí mismo buscando y mirando en la pantalla del ordenador a otra pequeña versión mía buscando, y así en un bucle infinito… Esta idea me recuerda aquel fragmento de La Historia Interminable, hacia la mitad de la novela, en el que la Emperatriz Infantil le pide al Viejo de la Montaña Errante que lea la propia Historia Interminable desde el principio, incluyendo de nuevo el momento en el que empieza a leerla, entrando así en el círculo del Eterno Retorno, aparentemente sin salida a no ser que Bastián se decida a inventar un nuevo nombre para ella…

Y sin dejar la obra del gran Michael Ende, me viene también a la memoria ese pasaje de Momo en el que Gigi Girolamo, haciendo una visita guiada por el anfiteatro con unas distinguidas turistas americanas, se inventa sobre la marcha una historia acerca del cruel tirano de la antigüedad Marjencio Communo, que se volvió loco en su vejez y decidió hacerse otro Mundo nuevo, enteramente a su gusto. Levantando el anfiteatro a modo de pedestal, ordenó que se construyera un globo del mismo tamaño que la vieja Tierra, y en el que había que reproducir con máxima fidelidad cada detalle: cada casa, cada árbol, las montañas, ríos y mares. Toda la Humanidad fue obligada, bajo pena de muerte, a trabajar en la ingente obra. Como se necesitaba mucho material para ese globo, la Tierra se hacía cada vez más pequeña, y para cuando se hubo terminado todos los habitantes se habían pasado al nuevo globo terráqueo, porque la vieja Tierra había desaparecido. Cuando Marjencio Communo se dio cuenta de que todo seguía exactamente igual que antes y de que la empresa había resultado una gran pérdida de Tiempo, se cubrió la cabeza con la toga y se fue, nadie sabe adónde… Me encantan las últimas líneas de este pasaje, en las que Gigi aclara a las turistas que están justo en el punto de unión entre ambos mundos, y que tienen que imaginárselo todo al revés, porque el Mundo actual no es más que el globo terráqueo de Marjencio Communo, revelación ante la cual las damas huyen horrorizadas mientras el cicerone presenta en vano la gorra.




Al hilo de todo esto, y hablando de anfiteatros romanos, recuerdo haberme emocionado bastante hace unos días al leer, documentándome para esta entrada, que las ruinas de Pompeya podían visitarse virtualmente gracias al Street View… Cuando al día siguiente lo intenté no estuvo mal, pero la experiencia dejó bastante que desear en comparación a lo que me había imaginado: había sitios a los que no se podía llegar, otros de los que no se podía salir porque te quedabas atascado, otros movidos o con turistas delante… No era ni mucho menos como estar allí. Recurrir a la versión digital está bien cuando no tienes acceso al original, pero en caso de poder elegir hay que tener siempre presente que lo digital no es más que una mala copia de lo auténtico. Yo uso casi siempre Google Maps como un medio y no como fin en sí mismo; como una ayuda para poder llegar a los sitios y disfrutar de ellos en directo.

Del mismo modo, para mí las redes sociales son una manera de contactar con mis amigos y quedar con ellos en persona (algo que a veces no resulta tan fácil como parece, pero al menos hay que intentarlo). No entiendo cómo puede haber tal cantidad de gente que vive más en las redes sociales virtuales que en el Mundo real, sin darse cuenta de que lo digital, a pesar de parecer más cómodo y fácil, es mucho menos verdadero… Pero no quiero entrar con detalle en este tema; ni tampoco a valorar otras posibles desventajas de un hipotético Google Street View Live, como la pérdida de privacidad y libertades y el sacrificio de la intimidad personal en aras de la seguridad general… Como ya hemos dicho en otras ocasiones, una herramienta no es buena o mala en sí, lo es el uso que se haga de ella; y creo que tal y como está ahora, usado con cuidado y con un poco de cabeza, Google Maps tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Ya he comentado al principio de la entrada que me encantan los mapas en general, no solo en formato digital sino también físico, así que queda pendiente hablar más de ellos en el blog… Como solía decir Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.