También esta semana me ha quedado poco rato para redactar la entrada del
blog (sobre todo teniendo en cuenta que con el cambio de horario
del sábado noche a las dos se han hecho las tres y hemos perdido una hora),
así que he decidido explicaros precisamente en qué he ocupado el finde (gran
parte del tiempo de lunes a viernes lo tengo totalmente hipotecado con las
tareas del trabajo). Estoy contento, porque hacía bastante que no tenía tantos saraos juntos en tan pocos días…
En un par de estos compromisos he visto a antiguos compañeros por primera vez
en meses o incluso años, otro lo he compartido con habituales de mi día a día y
en otro he hecho nuevas amistades.
Empiezo por la tarde-noche del jueves, con una charla sobre Matemáticas
en el Pub Liverpool de Russafa, en la onda de varias iniciativas similares que vienen
teniendo lugar en distintos puntos de Valencia (y otras ciudades) en los
últimos años. Me pasé más que nada porque estaba cerca de mi casa; no fue de lo
mejor que he visto en mi vida en cuanto a divulgación científica, pero supongo
que el nivel irá mejorando y los detalles puliéndose poco a poco. Después de la
conferencia tuve el placer de quedarme un rato charlando de esto y de aquello
con algunos de los asistentes, que resultaron ser bastante majetes.

El viernes por la noche tuve una cena en el Aladroc
para celebrar el cumpleaños, reciente maternidad y visita a Valencia de una antigua
amiga del 15-M
que ahora mismo está viviendo en Grenoble, en Francia. Fue una buena ocasión
para verla no solo a ella, su pareja y su niña, sino también a otros compañeros
de este entorno con los que ya no suelo coincidir tan a menudo. La charla fue
saltando del Procés catalán al
feminismo,
de las pensiones a la calidad del transporte público o de la gentrificación
a los límites del humor y la libertad de expresión:
como veis, temas todos bastante serios… Seguramente relacionado con lo anterior
está el hecho de que siempre que quedo con ellos me acaba oliendo la ropa a
tabaco (intentar arreglar el Mundo genera bastante estrés, y de ahí lo de fumar),
pero vale la pena el olor a cambio de ponerse al día de algunas cosas que no se
cuentan en los medios de comunicación habituales. Acabé la noche, ya más en petit
comité, visitando un par de garitos del barrio y bromeando con aquella otra amiga de la que ya os hablé una vez
acerca de empezar ahora a beber alcohol y pasarme al Otro Lado,
junto con ella y los demás.

El sábado fue un día agradable por partida doble. A mediodía estuve en el
restaurante Dynasty (un chino de Campanar de los clásicos, de los de toda la vida,
que hacía tiempo que no los pisaba) celebrando otro cumpleaños, esta vez de un
compañero del grupo de Escépticos en el Pub.
Tanto la comida como la sobremesa estuvieron salpicadas por interesantes conversaciones
sobre fuentes de energía,
divulgación científica, literatura, informática
e inteligencia artificial, aparte de las pertinentes propuestas de futuros
ponentes para las charlas mensuales en Ben’s Inn, en la Plaza de Honduras.
La charla en un bar cercano se alargó hasta tal punto que de allí me fui
directamente a cenar a casa de otro amigo de los viejos tiempos, de cuando
estaba en la Sociedad Tolkien Española, hace quince o veinte años (parece
mentira que haya pasado ya tanto). El objetivo de la quedada era ponernos al
día de nuestras cosas, pedir unas pizzas y realizar el que previsiblemente será
el primero de varios visionados con el nombre de “Fanedit Movie Nights”, con
versiones de películas (o series de películas) que no acabaron de quedar
redondas y que han sido remontadas por fans,
de manera amateur, conservando solo los trozos buenos. En esta ocasión vimos “Fear, Anger, Hate”, que condensaba las
tres precuelas de Star Wars en unas más que satisfactorias dos horas y cuarto.
Tanto antes como después de la peli tuvimos una conversación desenfadada y muy
agradable (y toda en inglés, ya que había entre nosotros una australiana y
sobre todo un finlandés que no hablaba español) acerca de la pertinencia de los Ewoks en El Retorno del Jedi, las
dos últimas entregas de Matrix, la innecesariamente larga trilogía de El Hobbit
o la diferencia entre corpus y canon.

Ya que hablamos de contenido audiovisual, quiero
aprovechar para resumiros brevemente cuáles son los principales programas que
veo en mis escasos ratos libres en casa. Mientras en lo tocante a amistades y vida social no suelo rechazar ninguna propuesta que suene interesante, en lo que respecta a ofertas de entretenimiento individual no me queda más remedio que seleccionar y descartar algunas opciones. Sigo prestando algo de atención a lo
que echan por la tele, pero en cuanto a formatos diarios, últimamente me he decantado más por YouTube. Aparte de los
vídeos sueltos que van apareciendo cada día y que me pueden interesar, me he llegado
a aficionar hasta a tres canales que se actualizan de lunes a jueves, hasta el
punto de que esos días realmente no doy abasto; por eso os contaba hace poco
que no me queda tiempo para leer libros.
Mientras ceno por la noche me veo el programa de ese día de La Vida Moderna, con
David Broncano, Ignatius Farray y Quequé. En principio es un programa de radio,
y el audio se pasa por la SER de madrugada, pero también se cuelga en YouTube
a las ocho de la tarde, incluyendo la imagen rodada en el estudio; me aficioné
a verlo hace cosa de un año y me pareció un formato muy fresco y divertido. En
la misma onda está La Resistencia, un Late Late Night surgido como spin-off de
Late Motiv, en el canal #0 de Movistar; lo conduce también David Broncano y
entre los colaboradores más asiduos están Ricardo Castella y Jorge Ponce.
De este no suele darme tiempo a visionar todos los vídeos entre semana, así que
selecciono los que más me llaman la atención y los termino de ver a ratos el
sábado o el domingo. En mi opinión los dos programas se pasan a veces un poco de
faltones, con un nivel de provocación que raya en el mal gusto,
pero estas ocasiones son las menos; por lo general me parece que manejan un humor inteligente y original.

Me sabe fatal reconocer que el tiempo que le dedico ahora a Broncano (un
tío gracioso, abstemio, maniático del orden
y amante de la Ciencia y el pensamiento racional
tenía que caerme bien por fuerza) lo he tenido que sacar de otra parte, y
lamentablemente ha sido su padrino, Andreu Buenafuente,
el que ha salido perjudicado en la contienda, pero es que las horas del día no
dan para más… Sigo viendo vídeos sueltos de Late Motiv cuando puedo, pero la
mayoría de días lo que hago es una selección de los que me interesan, que
guardo en el apartado de “Ver más tarde” de mi usuario de YouTube, a la espera
de tener más tiempo para visionarlos tranquilamente.
A todo esto se suman las actualizaciones de los distintos canales de análisis cinematográfico
que sigo… La oferta de contenidos interesantes es tan grande que no hay más
remedio que seleccionar y priorizar los mejores, y olvidarse de los demás. Y
este inevitable descarte de opciones ocurre no solo con Internet sino también
con las actividades presenciales… Precisamente la falta de tiempo y la
incompatibilidad de horarios han hecho que en estos últimos meses me desconecte
totalmente del Aula de Cine de la
Universidad; es una pena, pero ya les he dicho que me seguiré pasando por
alguna de las proyecciones para saludar a la gente siempre que mi agenda me lo
permita.

No todos los contenidos que consumo en Internet son precisamente ligeros,
algunos de ellos no podrían meterse bajo el epígrafe de “Entretenimiento”… Por
ejemplo, últimamente estoy siguiendo, por gusto, un curso gratuito online del
MIT sobre Electricidad y Magnetismo
que también requiere sus buenas dos o tres horitas cada semana, y dentro de
poco me pondré a buscar por la Red links interesantes sobre la Teoría de la Relatividad Especial…
Estoy mirando la lista de enlaces del blog en la columna de la derecha y me doy
cuenta de que tal vez debería dedicar un rato a actualizarla uno de estos días,
porque mi lista personal de enlaces se ha ampliado mucho este último par de
años, y como ya digo mis prioridades en cuanto a webs y canales se han ido
refinando y cambiando, aunque más allá de los contenidos concretos los grandes temas
que me interesan sigan siendo básicamente los mismos.
Ya os podréis imaginar que, con esta amplia oferta de opciones tanto en lo social
como a nivel de ocio personal, hay una serie de tareas más prosaicas,
léase por ejemplo las de limpieza del piso, que tengo algo más abandonadas,
aunque siempre bajo control, eso sí (todavía queda pendiente hablar aquí, un poco más adelante, de mi método de limpieza preventiva). ¿Será verdad eso que
dicen de que los humanos no estamos equipados para la felicidad?
Incluso cuando tenemos muchas cosas chulas que hacer nos agobiamos porque no
nos da tiempo a todo… Menos mal que este jueves empieza la Semana Santa y con
los festivos podré ponerme al día con algunas amistades (si os apetece verme, llamad o escribid y quedamos) y salvar algunas
opciones de ocio del descarte definitivo… Aprovecharé para ir preparando mi viaje del próximo verano.
Y para investigar un par de documentos recientemente adquiridos con datos
interesantes acerca de mi árbol genealógico.
Y para ver vídeos de Andreu Buenafuente.
Y para escribir entradas del blog un poco más trabajadas.

Han sido unos días muy ajetreados y no me ha dado tiempo a preparar como
toca ninguna de las entradas que tenía como opciones para hoy, así que perdonadme
si repito tanto con fotos como con temática fallera; en mi defensa puedo alegar que la
semana pasada hablé de las Fallas en el texto, pero hoy son las imágenes las
que tienen relación con esta festividad. Como he visto que se me echaba el
tiempo encima he tirado a lo seguro: esta mañana he cogido la cámara y he sacado unas cuantas fotografías
al ambientillo del día de San José, que ha empezado soleado (aunque ventoso) y ha
acabado nublado y pasado por agua.
Aquí tenéis la selección de las veinte mejores fotos, en la que trato de
reflejar también tanto las luces como las sombras de la fiesta.
Este sábado
pasé por la Plaza del Ayuntamiento y pude contemplar, a medio montar, la falla
municipal que se planta todos los años fuera de concurso, y que suele ser uno
de los monumentos más grandes y más bonitos. Mientras pasaba de largo unos hombres
con un carrito me ofrecieron a modo de publicidad varias caretas de cartón con
un dibujo bastante esquemático de la cara de un oso, formada por triángulos de
colores chillones. Los distintos fragmentos de la falla, algunos ya en su
sitio, otros todavía en el suelo, también mostraban este patrón multicolor a
gran escala. En ese momento no caí en la cuenta, pero ya en casa me acordé de que
había visto antes esa combinación cromática, en varias piezas de arte urbano en
mi visita a Nueva York.
En concreto una de ellas, a la que le hice una foto en la zona de Chinatown,
era muy similar a la careta pero con una cabeza de perro
en lugar de un oso. Me he informado en Internet y resulta que este año el
Ayuntamiento le ha encargado el diseño de la falla a Okuda, un famoso graffitero cántabro, que ha aprovechado para montar también
una exposición en el Museo del Carmen…
Es posible que mientras pasaba el sábado por la plaza el propio artista
estuviese supervisando el montaje del monumento, aunque de todos modos no lo habría reconocido si lo hubiese
visto.
Me llama la
atención que Okuda presuma en una entrevista del periódico de que pocas veces se habrá visto tal colorido en
una falla… Se nota que este hombre no ha visto muchas fallas en su vida. Supongo
que le habrán llamado por su fama mundial, pero me pregunto por qué no
contratan a artistas urbanos de Valencia para proyectos así. Me consta que, al
igual que muchos músicos valencianos de jazz, pop o rock se dedican en estas
fechas a ganarse un dinerete extra tocando en bandas por la calle, también
algunos graffiteros han formado a veces parte del mundo de las Fallas. Por
ejemplo, recuerdo que Julieta XLF
ha colaborado varios años en los diseños de algunos monumentos infantiles.
Pocos meses antes de las Fallas de 2015 pude conocer personalmente a uno de
mis artistas urbanos favoritos, Escif.
Siempre ha guardado el anonimato acerca de su identidad (y de hecho aparece
unos segundos en Exit Through the Gift Shop, pintando con una máscara azul de lucha libre mejicana
puesta, hasta que le detienen dos policías), así que para mí fue completamente
inesperado descubrir que iba a encargarse del diseño de la falla Mossen Sorell – Corona, que suele
ser bastante atrevida y experimental. El día que se presentó el proyecto para el diseño de la falla
yo me pasé por allí con curiosidad, pero aunque él estaba entre la gente no se
hizo de notar, ni se anunció su presencia a bombo y platillo. Afortunadamente,
gracias a un amigo común que nos presentó, pude saber quién era y hablar un
poco con él después de la presentación… Por supuesto, no pienso deciros aquí su
nombre ni tampoco qué aspecto tiene. Lo que sí puedo compartir con vosotros,
después de esta larga introducción, es la décima selección de mis fotos de arte efímero en la ciudad que cada año levanta casi
mil monumentos, algunos de ellos igualmente hermosos y todos ellos igualmente efímeros.










La entrada que comencé la semana pasada no era inicialmente más que una
mera curiosidad: solo tenía la intención de hablar un poco de La Odisea de Homero y de recomendaros algunas
películas y series documentales con títulos similares que me han parecido
interesantes a lo largo de los años… Os hablé de 2001: Una Odisea del Espacio,
de Stanley Kubrick; de las tres partes de La Odisea de la Especie, de Jacques
Malaterre; de la serie Cosmos: Una Odisea en el Espacio-Tiempo, su precursora y
su anunciada continuación; y del documental de quince horas La Historia del
Cine: Una Odisea, de Mark Cousins. Contemplando toda la información en su
conjunto me di cuenta de que estos proyectos tenían bastantes puntos en común
además de una mera palabra en el título, así que me dispuse a hacer un análisis
más detallado de estas relaciones.

Podríamos
decir que los dos nexos comunes a todas estas historias son la búsqueda del
Conocimiento y sobre todo el paso del Tiempo. El hecho de que Ulises regrese a
Ítaca (más experimentado y por ello más sabio) veinte años después de partir
hacia Troya y tras navegar errante por todo el Mediterráneo
no le hace menos merecedor de seguir siendo rey o de compartir lecho con su
esposa Penélope… También abarca un largo periodo temporal (elipsis mediante) la
historia narrada por Clarke y Kubrick, convirtiendo a una raza extraterrestre fabricante
de monolitos en el nexo de unión entre los distintos saltos evolutivos de la
Humanidad, desde el uso de herramientas,
pasando por la llegada a la Luna, y desde ahí hacia las estrellas, hacia un estado superior de consciencia…
Podemos encontrar además en la película ciertos guiños a la obra de Homero,
como la elección del apellido del protagonista, David Bowman, que en español
significa arquero, o la característica luz roja de HAL-9000, que simula el único
ojo de Polifemo y que es apagada por Bowman al igual que Ulises ciega
al cíclope en el poema.
Lo que Kubrick
nos cuenta en forma de ficción podría entenderse como una metáfora de la
historia real de nuestra especie que se narra en los documentales de Jacques Malaterre: en este caso en lugar de
monolitos tenemos una serie de hitos (no en el sentido literal,
sino en el de acontecimientos) a lo largo de los últimos diez millones de años
que hacen avanzar a la Humanidad en cuanto al conocimiento y dominio de su entorno, pasando de ser un animal
más a convertirse en la especie dominante sobre la faz de la Tierra… Que el viaje dure incluso millones de años no hace menos sólidas
las conexiones entre el inicio y el final del relato: hemos cambiado mucho, sí,
pero en multitud de aspectos seguimos funcionando y comportándonos igual que
los primeros homínidos, aunque no seamos conscientes de ello a primera vista.

Las series de Carl
Sagan y Neil deGrasse Tyson, a modo de continuación de la historia del Homo
Sapiens, nos relatan cómo nació la Ciencia
hace dos milenios y medio, en la misma Grecia que vio nacer siglos antes a
Homero, y cómo esta se ha desarrollado poco a poco, permitiéndonos durante los
últimos cuatrocientos años acelerar en nuestra adquisición de conocimientos y durante
los últimos doscientos poner en práctica sin cortapisas lo aprendido, con todo
lo bueno y lo malo que ello conlleva… Es la Ciencia la que nos ha hecho
aprender cada vez más acerca de nosotros mismos y de dónde venimos,
retrocediendo más allá de lo que la Historia y los textos escritos nos permitían,
e incluso más allá del nacimiento de la Vida sobre el Planeta,
hasta llegar a los orígenes mismos del Universo y el Tiempo…
No nos hace falta, por tanto, la intervención extraterrestre narrada por
Kubrick para comprender que somos uno con las estrellas.
Precisamente la
Ciencia fue la que facilitó el desarrollo de las tecnologías que dieron lugar
al Cine, iniciando otra historia dentro de la Historia, que es la que nos narra
Mark Cousins en sus documentales. Escuchando a Cousins nos damos cuenta de que
también en este campo todo está relacionado entre sí… En lo que respecta al
aspecto formal, aquellos que desprecian el Cine en blanco y negro como algo muerto,
desfasado y caduco no se dan cuenta de que gran parte de los recursos que se emplean hoy en día
(puesta en escena, primer plano, travelling, plano y contraplano, montaje…) se
inventaron hace ya un siglo, de que se lo debemos todo a la época muda, de que
el entonces y el ahora están mucho más conectados de lo que creemos…
Y en lo que respecta al contenido de las historias que se narran, aunque este haya
aumentado poco a poco en complejidad en todos estos siglos y bajo diferentes
formatos, se puede rastrear perfectamente la influencia del Pasado en el
Presente: si lo pensáis bien, no hay tantas diferencias entre los héroes del celuloide actual y el Ulises de Homero.

En resumen,
podemos concluir de lo visto que todo está relacionado entre sí,
y que aunque la brecha de Tiempo sea inmensa nuestros lazos con el Pasado son
mucho más fuertes de lo que pensamos. Además, en este fluir del Tiempo importa
más el viaje que el destino: la manera en que los distintos hilos de la
realidad se entretejen dando lugar a nuevos y hermosos patrones es siempre apasionante…
Esforzarse por tirar de estos hilos, por conocer más acerca de estas conexiones,
por recordar el ayer y disfrutar el ahora en lugar de preocuparnos solo por el
mañana, nos da perspectiva y una mayor tranquilidad ante lo efímero de nuestra propia existencia individual, porque nos ayuda a comprender que somos una parte muy pequeña,
sí, pero una parte al fin y al cabo, de una historia mucho más grande que se
remonta a los albores del Tiempo y que será narrada por otros cuando ya no
estemos aquí; la gran travesía continuará cuando ya no existamos
y seguirá siendo apasionante para los que viajen en nuestro lugar. Debemos ser bien
conscientes de que tan solo haber formado parte de esta historia, de este
viaje, de esta odisea, será suficiente para que nuestra insignificante vida
haya valido la pena.
