Pensando en un párrafo
introductorio que resumiera las entregas anteriores me he dado cuenta de que
casualmente cada una de las cinco partes se corresponde con uno de los periodos
principales en que se divide la línea temporal de Occidente… La primera habla
del final de la Prehistoria y el comienzo de la Historia con la aparición de la
escritura. La segunda trata sobre la Edad Antigua, en la que el avance de la
Civilización se produce de forma lenta pero inexorable. Después llega la Edad
Media, que empieza con la caída del Imperio Romano de Occidente a finales del S.V
y se caracteriza por un cierto estancamiento científico y cultural. Y la de la
semana pasada se centra en la Edad Moderna, en la que se vuelve a avanzar, y
cuyas posibles fechas de inicio son, según autores, la aparición de la imprenta
hacia 1440, la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453 (con la toma de
Constantinopla por los turcos) o el descubrimiento de América en 1492. Hoy
hablaremos un poco de la Edad Contemporánea,
que podría considerarse inaugurada con la Revolución Industrial o bien con la
Revolución Francesa de 1789, y en la que el progreso se acelera de forma
vertiginosa (en algunos aspectos tal vez demasiado vertiginosa).
En la Europa Occidental del S.XIX surge la figura
del editor, y a finales de siglo y principios del XX, con el abaratamiento del
papel y la reducción de la jornada laboral, se generaliza el hábito de lectura.
Ya hacia 1830 había aparecido el telégrafo, pero desde 1890 los libros
convivirán con una multitud de nuevos medios de comunicación que van surgiendo:
el teléfono, la radio, el cine, la televisión… Tras el bache de las guerras
mundiales se produce una nueva revolución con la aparición de las computadoras,
y años después, con Internet y la Red 2.0. Los nuevos dispositivos electrónicos
conviven ahora con el formato de códice que apareció hace dos milenios, y la capacidad de almacenamiento aumenta más y más. ¿Será
posible algún día tener todo el Conocimiento de la Humanidad (algo así como
nuestra memoria colectiva, la memoria de nuestra especie) guardado en un solo dispositivo
que podamos sostener con una mano?
Cambiando de tema… Si bien yo soy
partidario de una cierta autocensura (es decir, de usar el sentido común) a la
hora de comunicar las propias ideas, estoy totalmente en contra de una censura
impuesta desde fuera de uno mismo. Aunque algunas veces he aconsejado en el
blog que no se haga, diga o publique cualquier chorrada que se le pase a uno por
la cabeza sin haber pensado bien en ello antes, jamás se me ocurriría prohibir a
nadie expresar sus opiniones. Prohibiciones ha habido muchas a lo largo de la
Historia, aunque como ya dijimos en la entrega anterior la tecnología ha
ayudado a veces a inclinar la balanza del lado de la Libertad de expresión: ni
la censura ni las distintas listas de libros prohibidos emitidas por la Iglesia Católica o por la Inquisición Española
pudieron detener el proceso de expansión de las ideas y del pensamiento que
había comenzado con el descubrimiento de la imprenta.
Este florecer del Conocimiento, en
todas sus facetas desde la Ciencia hasta la Poesía,
ha encontrado sin embargo (y sigue encontrando) múltiples obstáculos en su
camino. Durante siglos hemos visto una y otra vez cómo, con excusas de tipo
moral, religioso o político, los poderes establecidos han intentado afianzarse
fomentando la intolerancia, el fanatismo y la
intransigencia a costa de la periódica represión de la Cultura, la Sabiduría y
la Libertad de expresión. Y de todos los recursos que estos poderes emplean
para ello, ¿qué puede haber más
horrible que una quema deliberada de libros?
Pudiera parecernos algo propio tan sólo de los años bárbaros de la Edad Media,
pero también tenemos ejemplos posteriores… Retrocediendo por un momento al
inicio de la Edad Moderna, es famosa la Hoguera de las Vanidades
promovida por Girolamo Savonarola en Florencia el 7 de febrero de 1497; el
fraile culpó de la derrota frente a los franceses a la vida disipada de los
italianos y propuso sustituir el Carnaval por una fiesta de la Penitencia en la
que ardió una pira hecha de libros, cuadros y objetos considerados pecaminosos,
frívolos o muestra de vanidad.
Se supone que en la Edad
Contemporánea, en plena Era de la Razón, no deberían suceder cosas como éstas,
y sin embargo han ocurrido también. El 10 de mayo de 1933, a poco de iniciarse el Tercer Reich de Adolf Hitler, los miembros
de la Unión Estudiantil Nacionalsocialista de la Universidad Friedrich Wilhelm encabezaron
una siniestra quema de libros de autores “peligrosos” y “antialemanes” en la
actual Bebelplatz, en pleno centro de Berlín. Al acto, que contó con un
discurso de Joseph Goebbels y que coincidió con acciones similares ese mismo
día en otras veintidós ciudades universitarias alemanas, asistieron unas
setenta mil personas, y en la pira ardieron unos veinte mil libros de autores judíos, o pacifistas, o defensores del socialismo
y el comunismo.
Parece ser que Sigmund Freud, al enterarse de que habían
sido quemados algunos libros suyos, exclamó: “¡Cuánto ha avanzado el Mundo, en
la Edad Media me habrían quemado a mí!”. Esta frase tendría su gracia si no
fuera porque al llamado Bibliocausto Nazi le siguió pocos años después el Holocausto, y se hizo realidad
lo que el poeta alemán de origen
judío Heinrich Heine profetizó en 1821: donde se empieza quemando libros se acaba quemando también personas. Hoy en día hay en la
Bebelplatz un monumento conmemorativo del Bibliocausto: consiste en un hueco
bajo el nivel del suelo, cubierto por una lámina transparente, en el que se
pueden contemplar unas estanterías vacías, del tamaño que sería necesario para
albergar todos los libros que desaparecieron en ese mismo punto aquella noche.
Incluso después de dos Guerras
Mundiales, no escarmentamos y la intolerancia sigue campando a sus anchas: es
bien conocida la historia de las declaraciones hechas
por John Lennon en una entrevista para el London Evening Standard,
en marzo de 1966, en las que afirmaba que los Beatles eran por entonces “más
populares que Jesucristo” entre la juventud. Cinco meses después, coincidiendo
con la gira estadounidense del grupo en agosto, esta entrevista fue publicada
de nuevo allí y la frase en cuestión causó un gran revuelo
en el sur y sudeste del país, el llamado Cinturón Bíblico,
en el que hay una mayoría de protestantes evangélicos muy conservadores. En muchas
emisoras de radio dejaron de ponerse sus canciones y se convocaron concentraciones
para quemar públicamente discos y libros de los Beatles en señal de protesta; incluso
recibieron amenazas de muerte, y en algún concierto hubo incidentes con piquetes
del Ku Klux Klan.
En esta ocasión no llegó la sangre al río, pero los
múltiples problemas sufridos y su incapacidad
para asimilar tanta ignorancia y tanto odio
generado por unas meras palabras fueron, junto con la creciente complejidad de sus canciones, las
razones por las que los Beatles decidieron que ésa sería su última gira y que a
partir de entonces se dedicarían exclusivamente a grabar sus discos en el
estudio. A pesar de que en 1966 el asunto quedó en mera anécdota, podemos decir,
como epílogo a la historia, que también en este caso el autor de las
declaraciones acabó corriendo años más tarde la misma suerte que sus vinilos,
aunque Lennon murió tiroteado no a manos de un detractor o un fundamentalista
religioso, sino de un fan desequilibrado.
Avanzando poco a poco hacia el
presente, comprobamos que también hubo quemas de libros durante las no tan
lejanas dictaduras de Chile y Argentina, en los años 70. A esto hay que añadir la destrucción de bibliotecas
de la que ya hemos hablado en anteriores entregas, que continúa hasta el día de
hoy, siendo los más recientes los casos de la antigua Yugoslavia en los 90 y,
ya en el nuevo milenio, Irak o Egipto. En resumen, podemos concluir que nadie
tiene el monopolio de la estupidez humana: ésta ha existido y existe en todos
los países y en todas las épocas. Por fortuna, también existe en todas partes
gente que hace cada día nuevos descubrimientos para que nuestra vida sea más
cómoda, o que escribe historias que nos dan esperanza y nos hacen desear una vida mejor; gente que está deseosa
de plasmar el fruto de su trabajo y de su reflexión en negro sobre blanco y
compartirlo con los demás para que todos podamos estar un poco más cerca de la
Verdad y de la Belleza, para que podamos ser todos un poco más felices.
Sirva pues esta entrada múltiple
como sincero homenaje a todas las herramientas y tecnologías que a lo largo de
los milenios han permitido la comunicación de ideas, la conexión entre personas
y la divulgación de la Ciencia y el Conocimiento en general. Avances como el lenguaje, la escritura, los libros y bibliotecas, la
imprenta e Internet han conseguido
que las mentes más brillantes de nuestra Civilización puedan dejar una huella
indeleble en el Tiempo y han favorecido el trabajo
en equipo incluso más allá de la muerte del
individuo, aumentando así nuestro
potencial para tratar de responder juntos a las
preguntas que como especie (o incluso,
desde un punto de vista más amplio, como conjunto de especies a nivel
planetario) nos preocupan: ¿Qué somos? ¿De dónde
venimos? ¿Hacia dónde deberíamos (o no deberíamos) dirigirnos?
Quiero terminar con una cita de
Miguel de Unamuno que siempre me ha gustado mucho: “Sólo el que
sabe es libre, y más libre el que más sabe... Sólo la Cultura da Libertad... No
proclaméis la Libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad
pensamiento. La Libertad que hay que dar al pueblo es la Cultura”. En otras
palabras: el Conocimiento adquirido nos acerca poco a poco a la Verdad, y por
tanto nos permite tomar las decisiones adecuadas en la vida, de manera razonada
y sin dejarnos influir por las opiniones de los demás. De ahí que el señor
Unamuno diga que el Conocimiento te
proporciona Libertad; y no sólo eso: tanto del primero como de la segunda se
puede afirmar que cuanto más tienes, más quieres (igual que con las cosas
materiales) y mejor te sientes (al contrario que con las cosas materiales). Con
esto terminamos por hoy; espero haber ampliado vuestros Conocimientos durante
estas cinco semanas y aguardo impaciente a que también ampliéis los míos a
través de los comentarios… En cualquier caso, nos vemos aquí mismo la próxima
semana con algo completamente distinto.







