La semana pasada pudisteis leer la primera de las dos entregas en las que
trato de evidenciar las conexiones ocultas a simple vista entre Pasado y
Presente, en aquel caso a nivel histórico. A modo de última observación en este
plano se podría decir que no solo nuestra forma de
vivir, sino también nuestra forma de gestionar y transmitir el Conocimiento
humano viene de muy atrás, si bien es verdad que ha evolucionado con el paso
del Tiempo, desde la transmisión oral hasta Internet, pasando por la escritura, los libros, las bibliotecas o la imprenta.
Y hablando de Conocimiento humano: en esta segunda entrega veremos que no son
solo la Historia o la Arqueología las que nos permiten aprender sobre nuestro
Pasado; hay otras muchas disciplinas científicas que nos facilitan el formular
hipótesis acerca de cómo hemos llegado hasta donde estamos, retrocediendo no
solo a la Prehistoria sino a tiempos en los que ni siquiera existía nuestra
especie o nuestro planeta, lo que en una ocasión llamamos Gran Historia…
Hoy nos encargaremos, por tanto, de buscar las conexiones a nivel evolutivo, geológico y cosmológico.

La Genética y
la Paleontología,
por ejemplo, nos permiten remontarnos más allá de las primeras generaciones de
nuestros ancestros para descubrir
cuáles son las distintas etapas evolutivas
que unen al Homo Sapiens con el primer ser vivo microscópico, aparecido en la
Tierra hace unos 3.500 millones de años. Cuando los periodos de Tiempo son tan
grandes que implican órdenes de magnitud distintos a los de la duración de
nuestras vidas se hace necesario cambiar de escala
y usar cronologías logarítmicas para no perdernos, pero de esto ya hemos
hablado anteriormente en el blog, así que no me extenderé en ello.
Gracias a la
Ciencia hemos aprendido que gran parte del carbón disponible hoy en día se
formó hace unos trescientos millones de años,
en la era Carbonífera, durante un periodo de Tiempo relativamente corto en
términos geológicos. La aparición de árboles con una nueva proteína en su
corteza, la lignina, que no podía ser digerida por los microorganismos,
favoreció la acumulación durante este periodo de un gran número de árboles
muertos apilados que no se descomponían y que posteriormente, por la presión
ejercida por las capas superiores, se convirtieron en carbón, un material con
una alta concentración de energía lista para usar. Más adelante algunas
especies de microorganismos aprendieron a descomponer la lignina y esto ha
hecho que la cantidad de carbón disponible en la actualidad sea limitada. De
forma similar, el petróleo y el gas natural
proceden principalmente de la acumulación de grandes cantidades de plancton
marino hace unos setenta y cinco millones de años, y son también recursos
limitados, no renovables, y mucho menos al ritmo al que los estamos usando
actualmente. Es importante tener esto muy en cuenta para aprender a no
malgastar las reservas de combustibles fósiles que nos quedan: en este caso ser
bien conscientes de las claras diferencias entre el Pasado y el Presente nos
ayudará a evitar problemas en el Futuro.

Otros estudios
científicos apuntan a una relación entre momentos de la Historia terrestre en
los que se produjo un incremento de nuevas formas de Vida y el paso del Sol por
la cercanía de restos de supernovas; por ejemplo, la aparente correlación entre una explosión en las
Pléyades y un aumento en la diversidad de criaturas marinas como los ammonites.
Existe también la hipótesis de que la extinción de los dinosaurios
no fue solo culpa del famoso asteroide de Yucatán, sino que pudo coincidir con
el paso del Sistema Solar por una nube de polvo provocada por el estallido de
una supernova, lo que favoreció los cambios climáticos extremos que cubrieron
de hielo todo el planeta.
Y eso no es todo, estos lazos invisibles que nos unen con el Pasado se
remontan incluso a antes de la aparición de nuestro Sistema Solar. Recuerdo
cómo se me quedó grabada en la memoria la reflexión de Carl Sagan en la serie
Cosmos acerca de que estamos hechos de polvo de estrellas:
los elementos de la tabla periódica que permitieron la química orgánica y la
aparición de la Vida, y por tanto los átomos que forman mi cuerpo y el tuyo
ahora mismo, han sido formados en el corazón de estrellas de generaciones
anteriores a nuestro Sol, y dispersados por esta zona de la galaxia gracias a
las explosiones de supernovas. Eso sin mencionar que nuestros átomos de
Hidrógeno en concreto se remontan a un Pasado todavía más remoto, casi al Big
Bang… Por tanto, se puede decir que no solo formamos parte del Universo: el Universo forma parte de nosotros. ¿Puede haber una conexión más primaria y más ancestral que esa? Rózate
la palma de la mano con un dedo de la otra y mientras sientes el cosquilleo piensa
detenidamente en que se trata de los mismos átomos… ¡Los mismos! ¡Alucinante!

Podríamos terminar
hablando del gran número de afortunadas casualidades
que se han ido encadenando desde el amanecer de los tiempos para dar lugar a la
aparición de la Vida en nuestro planeta… En los segundos iniciales del Big Bang
había un poco más de materia que de antimateria, de modo que no se aniquilaron
por completo, y de esa poca materia extra surge nuestro Universo. Las nubes de
Hidrógeno gaseoso recién formadas tenían pequeñas irregularidades, arrugas que
permitieron actuar a la gravedad dando lugar a largo plazo a la primera
generación de estrellas. Nuestro sistema estelar es de una generación posterior,
lo que explica, como decíamos antes, que contenga átomos de carbono, oxígeno o nitrógeno,
imprescindibles para la Vida; además orbita alrededor del centro de la Vía
Láctea lejos de sus brazos espirales, en un área con menos radiactividad dañina
para nosotros.
La colisión de la Tierra con Tea
hace 4.500 millones de años dio lugar a la formación de la Luna y produjo la
inclinación del eje de rotación, factores ambos que han sido favorables para la
aparición de los seres vivos. Nos encontramos en la mejor zona del Sistema
Solar, con agua en estado líquido, y además la cantidad de agua es la justa
para dejar bastantes regiones de tierra firme, nuestro hábitat actual. Nuestro
campo magnético y nuestra atmósfera nos protegen de la radiación procedente del
Sol, y el cercano Júpiter actúa como atractor gravitatorio, reduciendo el
número de objetos que impactan contra nuestro planeta. Todos estos eventos
afortunados de antaño conectan directamente con nuestro apacible Presente: a
nivel cosmológico se puede decir que tenemos mucha suerte, ya que vivimos en la mejor de las épocas y en el lugar
más adecuado.

Solo una puntualización más: las predicciones que la Ciencia nos permite
hacer con el Conocimiento adquirido no solo nos permiten mejorar nuestra vida hoy,
sino que también nos advierten de que nuestras acciones presentes conllevan una
gran responsabilidad a largo plazo incluso en términos geológicos… Baste
recordar aquella ocasión en la que hablamos de los residuos de las centrales
nucleares, que siguen siendo peligrosos para animales y plantas durante cien mil años…
Y con esto lo dejamos por hoy. Si hasta aquí nos hemos centrado en el Tiempo,
nos falta hablar de cómo casi todo está relacionado también en el Espacio… ¿Os
acordáis de Kevin Bacon? Dentro de siete días volveremos a hablar de grados de separación y de la Teoría
de Redes.
Uno de los últimos enlaces de vídeo de la anterior entrada correspondía a
Lucy, la película de Luc Besson de 2014 en la cual la protagonista sufre una
sobredosis de una droga de diseño que le permite utilizar el 100% de su
capacidad cerebral, viajar mentalmente en el Espacio y en el Tiempo
y hacer una síntesis de los grandes misterios del Universo, descubriendo el
sentido último de la Existencia. La película no es una obra maestra, que
digamos, pero algunos de los conceptos que maneja son interesantes a nivel
poético. Resulta curioso que ya en 2012 utilizase en este blog una cita de El
Gran Azul, también de Luc Besson, en la que se habla de nuevo de aprenderlo todo acerca de todo…
Parece que esta es una de las obsesiones del director francés.
Hacía meses que quería tener algo de tiempo para preparar bien esta entrada
múltiple que comienza hoy; sin duda se trata de una de las importantes, de esas
que forman parte imprescindible del armazón filosófico del blog. Desarrollaré
aquí un concepto que, a falta de un nombre mejor (¿interconexión,
conectividad?), llamaré Interrelación,
y que podría ser perfectamente una etiqueta de La Belleza y el Tiempo y formar
parte del Mapa Conceptual, muy relacionada con la etiqueta de Conocimiento.

Cada vez estoy más convencido de que si queremos ser capaces de interpretar el Mundo, de explicar con
palabras cómo las distintas partes del Cosmos son coherentes entre sí, tenemos
que ser conscientes primero de que todo está conectado. Todo está relacionado
tanto en el Tiempo como en el Espacio, pero con el paso de los siglos o con las
grandes distancias estas relaciones se van olvidando poco a poco, estos hilos conectores
que nos unen a todos y a todo se van volviendo invisibles a nuestros ojos,
aunque no por ello dejan de existir. Me parece que una de las claves para tener
una Vida plena y una buena Muerte consiste en ampliar nuestro Conocimiento para
redescubrir estas relaciones, para hacer visible de nuevo esta red universal de
la que formamos parte. Un concepto se entiende de verdad cuando se relaciona
con otros en función de sus similitudes o diferencias, o en calidad de causa o
consecuencia uno de otro; ser aprendiz de todo,
ser interdisciplinar, encontrar paralelismos curiosos entre distintos campos,
ayuda a encontrar el patrón oculto detrás de todas las cosas.
Según mis primeras estimaciones (aunque ya se sabe que esto puede variar)
la presente entrada da para cuatro o cinco semanas. En la entrega de hoy y la
de la semana que viene me centraré más en lo referente al Tiempo, después hablaré
de las relaciones a través del Espacio (es decir, con causa y consecuencia más
o menos simultáneas) y en la última entrega detallaré una serie de conclusiones
que se derivan de todo esto y explicaré por qué tener una visión global nos
ayuda tanto en la Vida como en la Muerte… Pasemos pues ahora a dar ejemplos de
por qué todo está relacionado en el Tiempo, incluso
cuando es enorme el número de años transcurrido; veamos por qué hay hechos del
Pasado remoto que determinan nuestra actual forma de ser y de vivir, aunque ya
no seamos conscientes de ello, y por qué no somos más que un breve capítulo
dentro de una Historia Interminable
que empezó hace mucho y que seguirá narrándose cuando ya no estemos aquí.

Y ya que
menciono La Historia Interminable, dejadme empezar hablando de cómo en las
obras de ficción ambientadas en mundos fantásticos los autores recurren a la
conexión con el Pasado para aumentar el atractivo de la narración; utilizaré
para ello el clásico ejemplo de la Tierra Media de John Ronald Tolkien.
Uno de los detalles que más me fascinan en el corpus de sus obras es la
existencia de determinados objetos que actúan como nexos de unión entre
acontecimientos ocurridos en distintas edades y hasta en continentes distintos
(algunos de ellos desaparecidos en el fondo del Mar en eventos cataclísmicos). El
Anillo Único sería uno de estos objetos, pero desarrollaré otros dos casos…
Me llevaría
bastante rato narraros la historia completa del Anillo de Barahir,
pero baste decir que fue forjado por los Elfos más allá del Mar y que Finrod
Felagund se lo dio al humano Barahir en prueba de la amistad y alianza entre
ambos pueblos. A medida que este anillo va pasando de mano en mano, seguirle la
pista es como repasar varios milenios de Historia de la Tierra Media,
contenidos en El Silmarillion, los Cuentos Inconclusos y otros escritos de
Tolkien, hasta que Elrond se lo da a Aragorn
en la época de El Señor de los Anillos.

Otro buen
ejemplo sería el Silmaril que Eärendil llevó en la frente
cuando cruzó el Mar hacia el Oeste para pedir ayuda en contra de Morgoth,
convirtiéndose a partir de ese momento en Venus, el astro más brillante en el
cielo tras el Sol y la Luna. Milenios después, en Lórien, la Dama Galadriel
recogió en un frasco parte de la luz de Eärendil reflejada en su fuente y se lo
dio a Frodo para que le ayudara en los momentos oscuros en su misión de
destruir el Anillo de Poder. De este detalle hablan en la novela los propios
Frodo y Sam, conscientes de que, por increíble que parezca, son parte de la misma Historia que empezó varias
edades atrás con la creación de los Silmarils por parte de Fëanor.
Al menos a mí
me emociona ser consciente de estos pequeños detalles; creo que incluso de
manera inconsciente el lector o espectador promedio se siente conmovido en los
momentos culminantes de este tipo de relatos porque experimenta la vaga sensación
de estar asistiendo a un acontecimiento en el que Pasado y Presente están más conectados que nunca y casi se
funden en una sola unidad. Esta variedad de gozo estético es fácil sentirla con
obras de ficción (si están bien escritas) porque el autor puede forzar un poco
la verosimilitud del relato haciendo que ni estas reliquias del Pasado ni el
recuerdo de su significado se pierdan con el paso de los siglos…
Aunque en el caso particular del legendarium de Tolkien dicha preservación es
fácil ya que se encargan de ella los Elfos, seres que pueden alcanzar varios
miles de años de edad, testigos vivientes del Pasado remoto. Sin ir más lejos,
la leyenda de Eärendil, que a un humano le puede parecer antiquísima, para la
milenaria Galadriel no es más que la historia de un familiar, y bastante más
joven que ella para más inri.

¿Existen estos
objetos especiales también en el Mundo Primario, en el Mundo Real? Por supuesto
que sí, aunque es más difícil que sobrevivan a los accidentes, guerras y demás
imprevistos derivados del paso del Tiempo, y en caso de que presuntamente lo
hayan hecho, es difícil verificar su autenticidad. Un ejemplo de este tipo de
objeto lo tenemos en la Silla de la Coronación
de la Abadía de Westminster, un trono mandado fabricar por Eduardo I para
contener los fragmentos de la Piedra de Scone.
Todos los reyes y reinas de Inglaterra han sido coronados en ella durante los
últimos setecientos años, lo que sin duda proporciona un gran sentido de
tradición y de continuidad en el Tiempo. Los héroes nacionales que hay
enterrados en las criptas de Westminster o Saint Paul’s Cathedral han
convertido de una u otra forma a los ingleses en lo que son hoy en día, aunque
ellos mismos no sean conscientes: al fin y al cabo, uno es quien es gracias a
los que vinieron antes que él, ya fueran sus antepasados directos o los
personajes ilustres de la tierra en la que nació.

A poco que uno
investigue en los archivos de la Historia descubrirá que la mayoría de rasgos
de la sociedad actual que nos parecen tan modernos han existido en realidad
desde hace siglos: en su momento hablamos del nacimiento del Capitalismo con el
primer fenómeno especulativo de masas bien documentado, el de los tulipanes,
en los Países Bajos de principios del siglo XVII. Y a mucha gente le asombra
descubrir que nuestro sistema de leyes procede directamente del antiguo Derecho
Romano, y que hace dos mil años ya existía el divorcio y otros muchos elementos
que creemos mucho más recientes.
El conocer
nuestra Historia nos permite también formular hipótesis no muy desencaminadas
acerca de por qué somos como somos hoy en día. Por ejemplo, yo siempre he
mantenido que en los países del sur de Europa, como España o Italia, tendemos a
ser más tramposos, pícaros y mentirosos por la herencia del catolicismo: como
antiguamente nuestros antepasados iban a confesar sus pecados
y estos les quedaban perdonados a cambio de una simple penitencia, se
acostumbraron a cometer pecadillos veniales sin miedo a perder la oportunidad
de ir al Cielo, cosa que los protestantes no podían hacer… Aunque la sociedad
española sea cada vez menos religiosa, la costumbre de mentir y engañar ha
quedado arraigada porque el mal ejemplo se ha ido pasando inadvertidamente de
generación en generación… También me atrevo a explicar por qué a los españoles,
los franceses o los ingleses nos cuesta más aprender una lengua extranjera:
es sencillamente por puro orgullo, porque hemos sido grandes imperios
coloniales en el Pasado y sabemos que nuestros idiomas se hablan en muchos
lugares del Mundo, con lo que tendemos a esperar que sean los demás los que se
adapten a nosotros en una conversación, y no al revés.

En lo tocante
a la ciudad de Valencia, ya he tratado varias veces el tema de los lazos
invisibles entre Pasado y Presente… Os expliqué por ejemplo que a pesar de los
muchos cambios sufridos a lo largo de dos mil años, la zona escogida por los
fundadores romanos permaneció a salvo del agua en la Riada de 1957;
y que las distintas murallas que ha tenido la ciudad, a pesar de haber
desaparecido hace siglo y medio como mínimo, siguen estando presentes en el trazado de las calles actuales.
Luego hay
casos como el de la Catedral de Valencia
en los que no hace falta imaginar nada porque la tienes ahí, delante de tus
ojos, tres cuartos de milenio después del inicio de su construcción. Aunque todos
los edificios que la rodeaban originalmente hayan desaparecido, esta imponente mole de piedra sirve como punto de
referencia atemporal, como una de las pocas constantes en una ciudad siempre
variable; es la prueba palpable de que Jaume I el Conquistador o el Obispo
Andreu d’Albalat no son personajes ficticios, de que existieron realmente en un
punto del eje cronológico alejado del Presente, sí, pero conectado al fin y al
cabo con nosotros… Esta sensación nos facilita el extrapolar también hacia el
Futuro y pensar que quizás las acciones emprendidas en la época actual podrán
influir en las vidas de muchos el día de mañana, incluso a muy largo plazo…
Por ahora lo
dejamos aquí. Falta hablar de cómo hay otras disciplinas científicas, aparte de
la Historia y la Arqueología, que nos permiten remontarnos aún más atrás en el
Tiempo para descubrir nuevas conexiones con el Presente, pero, como decía
Michael Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión
(la próxima semana, más concretamente).
A veces me pregunto si habrá gente que al entrar en mi blog y ojear un par
de entradas pensará que no hablo más que de chorradas y que estoy totalmente
alejado de la vida real, con la cabeza en las nubes…
Seguro que los hay, y seguramente esta diferencia de apreciación entre ambos no
es culpa de nadie, más bien de las cartas que le han tocado en suerte en la
Vida a cada uno: su realidad no es la misma que la mía, sus circunstancias tal
vez no se parecen en nada a mis circunstancias actuales. Me pregunto si
escribiría sobre las mismas cosas, o si tendría un blog en absoluto, si mis
circunstancias vitales fueran distintas. Tal vez no me apetecería hablar de
estos temas si hubiera tenido una educación mediocre y no les viera el más
mínimo interés, o si fuese más guapo y me salieran las novias de debajo de las
piedras; o quizás, aun pareciéndome temas interesantes, no encontraría tiempo
para filosofar si tuviera que criar y mantener a dos o tres hijos, o cuidar a
un familiar muy enfermo, o si sufriese yo mismo una dolencia grave, o tuviese un
puesto de trabajo con horarios abusivos… Cuando pienso en todo esto me doy
cuenta de que tengo bastante suerte, de que soy un privilegiado.
Recuerdo que una vez, en el colegio, nuestra profesora de Filosofía nos
habló del psicólogo Abraham Maslow, que en 1943 empezó a desarrollar su teoría
acerca de qué necesidades son las que motivan nuestros actos para buscar la Felicidad.
Maslow pensaba que estas necesidades podían agruparse en varios bloques,
estableciéndose una jerarquía entre ellos, de modo que a medida que se
satisfacen las necesidades básicas van surgiendo otras más elevadas. Es más
probable por tanto que un individuo se preocupe por las necesidades de un
determinado nivel si las de los niveles inferiores están ya cubiertas; no tiene
sentido empezar la casa por el tejado,
hay que poner primero unos buenos cimientos… El esquema que parecía resumir
bien estos conceptos tenía forma de pirámide, así que esta teoría empezó a
recibir al poco tiempo el nombre de Pirámide de Maslow.

En el nivel más bajo encontramos las necesidades más básicas, de
supervivencia, de carácter puramente fisiológico: respirar, beber, comer,
excretar, practicar sexo, dormir, evitar el dolor y el calor o el frío excesivo…
En mi caso particular, excepto lo del sexo
(al menos en pareja), éstas las tengo cubiertas.
En el segundo nivel están las necesidades de seguridad y protección:
integridad física, salud, vivienda, trabajo y/o dinero… Éstas también las tengo
satisfechas. Últimamente he tenido un par de pequeños contratiempos en lo
referente a la salud, pero nada importante; a mí me han preocupado más de lo
normal porque estaba acostumbrado a no tener absolutamente ningún problema en
este aspecto, salvo los ocasionales resfriados… En general no puedo quejarme,
estoy mejor de salud que la mayoría de gente de mi edad.
El tercer nivel incluye las necesidades sociales o de afiliación:
relaciones de familia, de amistad, en el trabajo o de pareja… El objetivo en
este nivel consiste en evitar la soledad en sus distintas manifestaciones, sentirse
parte de un grupo, y en el caso de las relaciones sentimentales disfrutar
además de un cierto nivel de intimidad. Aquí me falla lo de la pareja,
pero por lo demás, todo correcto.

El cuarto nivel es el de las necesidades de estima o reconocimiento,
divididas en dos grupos: de los demás y de uno mismo. Por una parte está el
objetivo de sentirse no sólo parte de un grupo, sino además valorado, apreciado,
útil e importante dentro del mismo (aquí entraría el éxito, el estatus, la
reputación…). Y por otra parte está la búsqueda de la autoestima, la confianza
en uno mismo, la independencia y la libertad como individuo. En cuanto a
autoestima yo voy bien servido, y en lo que respecta al reconocimiento por
parte de los demás tampoco me quejo, aunque ya sabéis que soy aprendiz de
muchas cosas y maestro de muy pocas…
Se puede decir que una admiración moderada en varios círculos sociales
proporciona una satisfacción equivalente a una gran admiración en un solo
círculo, así que estoy contento. El blog me ayuda en parte a la consecución de
los objetivos de este cuarto nivel, dándome seguridad en mí mismo y poniéndome
en contacto con personas que tienen inquietudes similares a las mías.
El quinto y último nivel, el más sofisticado, es el de la autorrealización
o crecimiento personal. Consistiría en encontrar un sentido a tu Vida a través
de lo que haces; vivir como piensas y no al revés, conseguir que lo que eres coincida
con lo que quieres ser. Los objetivos a este nivel son: un sistema de principios coherente y sólido,
creatividad, falta de prejuicios, resolución de los problemas que te van
saliendo al paso, aceptación de los problemas sin solución… Al tratarse de algo
más sutil y complicado, la consecución de estos objetivos requiere, como es
lógico, periodos de tiempo más largos. Como decía antes, es difícil alcanzar este nivel si los cuatro
inferiores no están más o menos cubiertos; hay individuos que no llegan a
experimentar nunca esta necesidad de autorrealización porque están demasiado ocupados
intentando satisfacer las necesidades de menor nivel. Pero aun no siendo
urgente ni imprescindible, este tipo de satisfacción es sin duda muy importante,
es lo que marca la diferencia
entre el Homo Sapiens y las demás especies animales… Yo en particular sigo
teniendo en mi cabeza muchas preguntas sin respuesta, pero sí me considero actualmente
en proceso de crecimiento personal, y el blog me ayuda bastante a seguir
avanzando.

Cuando escribo en La Belleza y el Tiempo doy por sentado que la gente que
me lee ya tiene cubiertas las necesidades más básicas. La lectura de las entradas puede servir de
ayuda a los que quieran subir, como yo, los escalones más altos, pero no para
los que todavía están en la parte de abajo de la pirámide, por mala suerte en
la Vida o por causas ajenas a su voluntad; a estos últimos les pido
sinceramente disculpas si alguna vez mis textos, por falta de tiempo para
dejarlo claro, han dado la errónea impresión de que todo el mundo está en la
parte de arriba, o de que si alguien no está arriba es porque no quiere… Espero
que la suerte les sonría en el año que empieza más que en el 2016,
y que pronto puedan subir peldaños y sacar más partido de los consejos que aquí
doy desde mi humilde experiencia, e incluso filosofar conmigo en los
comentarios si les apetece.
¿Podría ocurrir en mi caso precisamente lo contrario? ¿Podrían producirse a
medio o largo plazo cambios a peor en mi vida que me obligaran a bajar un par
de peldaños y abandonar La Belleza y el Tiempo? Claro que sí. El número de
horas disponible al cabo del día no es ilimitado,
y tal vez llegue un momento en el que tenga que ponerme a tapar agujeros en la
base de mi pirámide y dedicar mi tiempo a cosas más urgentes que escribir entradas
para el blog. Podría deberse a una carga excesiva de trabajo en mi empleo
actual (como ya he dicho otras veces, no descarto un cambio de periodicidad si
la cosa se pone muy fea) o a una falta de empleo estable que me obligara a
pluriemplearme y a buscarme la vida como fuese. Podría surgir la necesidad de
cuidar a un familiar cercano que estuviese enfermo, o incluso yo mismo podría tener
un accidente o enfermar gravemente en el futuro… Esperemos que no pase nada de
esto, pero nunca se sabe.

Podría ser también que los motivos para dejar de escribir estuvieran en la
parte alta de la pirámide. En la primera entrada del blog,
hace casi cinco años, explicaba que uno de sus objetivos era encontrar un alma
gemela compatible conmigo a nivel tanto físico como intelectual. Esto está
resultando ser bastante difícil, tal y como está el patio,
pero aún no pierdo la esperanza. A este respecto, el hipotético cierre del blog
podría producirse por dos razones diametralmente opuestas: podría ser que
encontrase a la mujer de mi Vida o podría ser que un día decidiera darme por
vencido y dejar de buscar…
En cualquiera de estos dos casos sería poco probable que cerrase la
paraeta, porque La Belleza y el Tiempo tiene un segundo objetivo, el de
encontrar personas de ambos sexos que conecten conmigo a un nivel puramente
intelectual e intercambiar ideas con ellos. En caso de que este objetivo se
cumpliera con creces sería absurdo dejar de postear, ya que precisamente el
blog es una forma estupenda de mantener el contacto con los amigos y conocidos,
y tratar con ellos temas que me parezcan relevantes, lejos de las prisas, la
superficialidad y el continuo zapping de la sociedad actual… E incluso si el
número de comentarios siguiera bajando más y más
y yo perdiese toda esperanza en la raza humana (espero que no ocurra), no sería
razón suficiente para dejar de escribir, porque hacerlo me facilita también
entenderme a mí mismo y poner mis ideas en orden, aun sin tener a nadie con quien compartirlas. El blog me
permite afianzarme en mis creencias y principios (en lo que respecta al fondo),
y además dar rienda suelta a mi creatividad (en lo que respecta a la forma),
factores ambos que según Maslow facilitan el camino de la autorrealización y el
crecimiento interior.

¿Llegará el momento en que, además de sin pareja y sin comentarios, me
quede sin ganas de seguir aprendiendo cosas nuevas y pierda la esperanza
incluso en mí mismo? Ese día, os lo aseguro, no está cercano. Y yéndonos al
otro extremo, ¿llegará el momento en que comprenda todo acerca de todo
y alcance el Nirvana haciéndome uno con el Universo, desvaneciéndome en el aire y dejando, como es lógico, el
blog sin actualizar? Lo dudo mucho también. Descubrir el sentido último de la
Vida parece una tarea bastante difícil, pero eso no debe quitarnos las ganas de
seguir buscando. Ya en su día os hablé de la flecha y la diana,
y de que sentir la caricia del aire mientras volamos hacia nuestro objetivo
también forma parte de la experiencia… En lo que a mí respecta, sigo aspirando
a rellenar los pocos huecos que quedan en la base de mi pirámide, y espero que
no se me abran por ahora agujeros nuevos, para así seguir disfrutando del viaje
hacia la cúspide… y cuanto más acompañado, mejor.