Subo hoy fotos de hace dos semanas, de un nublado sábado en Ontinyent, de
visita en casa de unos buenos amigos… En un principio me dijeron que daríamos
un paseo hasta la Ermita de Sant Esteve,
pero cuando llegué a Ontinyent me di cuenta de que me habían tendido una trampa
y el “paseo” era en realidad una media maratón a paso bien ligero y sin descansos, con unos siete
kilómetros de subida y otros tantos de bajada, y cuatrocientos metros de
desnivel. Al principio de la ruta nos cayeron un par de gotas, chirimiri
apenas, pero luego se fue aclarando el día y salió el sol; tuvimos suerte
porque el agua ayudó a refrescar un poco el ambiente y pasamos menos calor.
Ya sabéis que cuando me encuentro en un entorno nuevo e interesante no
puedo resistirme a echar unas cuantas fotitos… Aunque estoy en buena forma y no
me cansé demasiado, lógicamente saqué más fotografías a la bajada que a la
subida, ya que el esfuerzo extra de pararme a hacer la foto y luego acelerar
para ponerme a la altura de mis amigos pasaba más factura cuesta arriba, sobre
todo en el último tramo antes de llegar a la Ermita, que es el de mayor
pendiente. Aparte de la “sorpresita” inicial fue un trayecto muy agradable,
tanto por la buena compañía y conversación como por la belleza del primaveral
entorno, con los prados a rebosar de flores blancas, amarillas y rojas. Aquí tenéis, por orden cronológico, las mejores
treinta instantáneas; más instantáneas que nunca, porque tenía que hacerlas
deprisa para no perder comba.






























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