Aquí tenéis la segunda parte de mi selección de fotografías tomadas en un
agradable paseo por La Punta, al sudeste de Valencia. En este caso las fotos corresponden
a los alrededores de la iglesia de la Purísima Concepción y al camino de vuelta
hacia casa, con el Sol acercándose poco a poco al horizonte y bañando los
campos de una preciosa luz dorada…
Espero que las disfrutéis tanto como yo disfruté aquel paseo.
miércoles, 22 de agosto de 2018
martes, 14 de agosto de 2018
Un Paseo por La Punta (I)
Una tarde soleada del pasado mes de junio salí de casa y me puse a pasear
sin rumbo fijo, para desconectar del estrés del trabajo. Huyendo del ruido del
centro, me dirigí desde Russafa hacia la Fonteta de Sant Lluís,
siguendo el trayecto de la línea 7 de autobús, y una vez en la iglesia de San
Luis Bertrán me llamó la atención lo bonitos que estaban los campos de La Punta, hacia el este, así que
salí de la ciudad y me puse a recorrer a paso muy tranquilo la calle Mossén
Palanca. Cruzando la carrera de la Font d’en Corts, seguí por la carretera de
Rochs y después giré a la izquierda en el camino del Caminot. Siguiendo la
avenida Jesús Morante Borrás crucé por debajo de la V-15, y después seguí unos
pocos metros el camino del Valladar hasta el paso elevado que franquea las vías
del tren, dando a la iglesia de la Purísima Concepción.
El tiempo se me había pasado volando, así que para no acabar muy lejos de
casa dirigí mis pasos de nuevo hacia la ciudad, aunque sin demasiadas prisas.
Decidí volver usando el paso elevado del tranvía que debía llevar hacia Nazaret y que por culpa de
la crisis no se ha llegado a inaugurar nunca, como tantas otras cosas.
No es una zona demasiado bonita, pero fue allí donde celebramos hace años uno
de los Desayunos con Viandantes
y me apetecía rememorar los viejos tiempos (Por cierto, ahora recuerdo que
también hicimos otro Desayuno en la iglesia de la Fonteta)… Así que seguí la
carretera CV-5010 hasta cruzar por debajo del paso elevado y después tomé la
calle Barraques del Figuero hasta su extremo este, paseando entonces por arriba
en dirección contraria. El resto del trayecto, con el Sol cada vez más bajo,
fueron prácticamente tres líneas rectas, por la calle Eduardo Primo Yúfera (que
bordea la Ciudad de las Artes y las Ciencias), la calle Antonio Ferrandis (que
sigue teniendo huertas a la parte izquierda) y de nuevo la carrera de la
Fonteta de Sant Lluís, en dirección hacia la zona centro… Unos diez kilómetros
en total que se pueden hacer en dos horas, aunque yo empleé tres, por ir con
más calma.
Los caminos de La Punta me gustaron tanto que el pasado dos de julio hice
de nuevo el mismo recorrido llevando mi cámara y sacando fotografías de los
detalles que más me llamaron la atención la primera vez. Para que la luz del Sol
fuese más o menos la misma salí a una hora similar, poco antes de las siete de
la tarde, y volví a casa a eso de las diez. Hice en total unas doscientas
fotos, de las cuales he seleccionado las mejores cincuenta, que voy a colgar en
el blog en dos entregas: aquí tenéis la primera. He decidido dejarlas en el
mismo orden en que las tomé, para que podáis haceros una idea más clara de cómo
fue el paseo. A los que viváis en Valencia os recomiendo de verdad esta zona; es
estupenda para caminar tranquilo y disfrutar de nuestra querida Huerta
sin necesidad de irse muy lejos… De hecho, es asombroso tal contraste en el
paisaje a tan poca distancia de la ciudad; un contraste que de vez en cuando se
agradece de veras. Me pregunto si los caballos y los perros detrás de las
rejas, o las aves que sobrevuelan estos campos,
son conscientes de las prisas, el caos, el ruido y el tráfico que reinan a tan
solo unos pocos cientos de metros.
lunes, 6 de agosto de 2018
Amanecer, Atardecer, Anochecer (V)
Las pasadas semanas hablamos de cómo el Cine refleja el proceso de
convertirse en adulto o la evolución de una relación sentimental, y en esta
última entrega hablaremos sobre todo de envejecer… Veremos ejemplos de actores
que han retomado el mismo papel veinte, treinta o incluso cuarenta años después de
la primera vez, ya sea por razones artísticas o económicas, y nos centraremos
en casos en los que el resultado ha sido bueno precisamente por hacer que el
paso del Tiempo formara parte integrante de la historia… Este tipo de
experimentos se han realizado también en nuestro país: Fernando Trueba ha
estrenado La Reina de España dieciocho
años después de La Niña de tus Ojos
(Penélope Cruz está igual de guapa, la tía) y su hermano David ha recuperado a
los personajes de su ópera prima La Buena Vida veintidós años más tarde para Casi Cuarenta (en este caso porque se enteró
de que ni Lucía Jiménez ni Fernando Ramallo habían trabajado en una película como Dios manda en la última década).
Paul Newman interpretó el personaje de Eddie “Relámpago” Felson, campeón de
billar, en la película de 1961 El Buscavidas,
de Robert Rossen, y lo retomó en 1986, junto con Tom Cruise (en el papel de Vincent
Lauria), en El Color del Dinero,
dirigida por Martin Scorsese. Ambas películas están basadas en novelas de
Walter Tevis de 1959 y 1984 respectivamente. Es curioso, porque ahora es Cruise
el que va a hacer algo parecido, con una continuación de Top Gun habiendo
pasado treinta y dos años del estreno de la original.
M. Night Shyamalan dirigió en el 2000 El Protegido
y diecisiete años después Múltiple,
que aparentemente no tenía nada que ver con la anterior hasta que justo al final sale Bruce Willis cinco
segundos y nos enteramos de que ambas transcurren en el mismo universo… Los
personajes de las dos películas aparecen por fin juntos en Cristal,
que Shyamalan estrenará el próximo enero; es una jugada arriesgada, pero podría
funcionarle bien esto de apelar a la nostalgia de su mejor época como director.
Hablemos ahora de franquicias en toda regla:
series de películas, normalmente de género, que pueden prolongarse durante
décadas. Es posible que cada cierto tiempo se cambie al actor principal (ha
habido ya media docena de Bonds
y otros tantos Batmans), pero
rara vez vemos envejecer a nuestro héroe en la ficción (lo que a veces no
cuadra con la realidad: me acuerdo de que Roger Moore ya estaba algo viejuno en
Panorama para Matar, en 1985). Las franquicias se estiran y se estiran mientras
dan dinero y a veces se abandonan en falso, sin una conclusión satisfactoria para
la historia del protagonista y con filmes de muy baja calidad.
La franquicia de James Bond, iniciada en 1962, entró en una muy buena época
en 2006, con la etapa de Daniel Craig. Creo que Casino Royale,
la primera peli de esta etapa, es la que más me gusta de las veintiséis, y le
sigue muy de cerca Skyfall, que se estrenó en 2012, coincidiendo con el 50
Aniversario de la serie. En esta última se trata el tema de si Bond está o no
demasiado viejo para sus misiones.
Al principio del film el agente secreto recibe un disparo
y se le da por muerto durante un tiempo; cuando vuelve al MI6 lo hace en muy
baja forma y se pone en duda su competencia, así como la de su jefa M y la
propia unidad de espionaje al completo, habiendo constantes referencias a la
necesidad de renovar los viejos métodos…
Al final de la película Bond saldrá airoso, pero el precio que tendrá que pagar
por el camino será alto.
Antes hemos hablado de Eddie “Relámpago” Felson, el mago del billar… Otro
ejemplo más conocido de aprendiz que pasa a campeón y después a mentor es el de
Rocky, en la serie de películas interpretadas por Sylvester Stallone. Tras
cinco entregas de calidad decreciente entre 1976 y 1990, el personaje ya había
experimentado un primer retorno en 2006 con Rocky Balboa,
como boxeador retirado luchando su última pelea, pero yo me centraré en Creed,
estrenada hace tres años (como es relativamente reciente, aviso de que voy a
hacer algunos spoilers). No me gusta el boxeo ni las películas sobre boxeo, no
le eché un vistazo a la peli original
hasta hace bien poco y las entregas de la II a la V
no las he visto, pero Rocky Balboa y Creed me atrajeron precisamente por el
experimento que suponen, por aceptar el paso del Tiempo y utilizarlo a su
favor, como recurso narrativo.
En Creed el viejo boxeador se convierte a regañadientes en el entrenador de
Adonis, hijo de su amigo Apollo Creed, que murió en un combate a manos de Ivan Drago, en la cuarta peli. Balboa
es aquí un secundario de lujo, una conexión con el Pasado, hasta el punto de
que cabría preguntarse si esta entrega pertenece realmente a la serie original;
yo diría que es una película con Rocky pero no de Rocky.
En ella se nos habla tanto del ascenso de Creed como de la decadencia y la
soledad de Balboa, y se hace de una manera inteligente y con un tono de
melancolía muy conseguido… Para colmo, a la lucha de Adonis por triunfar en el
mundo del boxeo se le añade la de Rocky contra el cáncer.
Hay una escena en concreto que me llegó muy hondo cuando la vi: es el
típico montaje en el que se ve a Creed entrenándose de distintas formas para el
combate decisivo, solo que en esta ocasión las imágenes se alternan con otras
de Rocky sufriendo los efectos de la quimioterapia; ambos se apoyan mutuamente
en sus respectivas luchas. Hacia el final de la escena se ve a Creed corriendo
por los suburbios de Filadelfia; pasa junto a un grupo de jóvenes moteros
negros y les pide que le sigan… Cuando la vi por primera vez, esta toma a
cámara lenta de las motos haciendo caballitos a su alrededor mientras corría me
pareció un poco ochentera, bastante cutre, en plan “Mirad cómo molo”… hasta que
comprendí que los estaba llevando hacia la ventana a la que Rocky estaba asomado, para animarle y darle
fuerzas. Cada vez que oigo el crescendo de la banda sonora y los veo abajo
gritando “Go Rock! Go Rock!” mientras el viejo boxeador sonríe y saluda desde
la ventana me pongo a llorar como un idiota… ¡Cada maldita vez! Repito que no
me gustan las películas de boxeo, pero esta es realmente buena, os la
recomiendo. A principios del año que viene se estrenará Creed II,
en la que también aparece Stallone; esperemos que mantenga este nivel de
calidad.
Y de los rings de boxeo pasamos a los dojos de karate. Sin duda uno de los
grandes clásicos juveniles de los ochenta es Karate Kid, de 1984. La historia
de Daniel Larusso tuvo dos continuaciones en el 86 y el 89, a las que siguió El Nuevo Karate Kid con una joven
Hilary Swank, en el 94, y un remake de 2010 con Jaden Smith que sustituyó al Sr.
Miyagi (Pat Morita) por el Sr. Han (Jackie Chan) y el karate japonés por kung fu chino… Pero yo quiero hablaros
aquí de Cobra Kai, una reciente serie
de YouTube Red cuya primera temporada consta de diez episodios de media hora
cada uno. Treinta y cuatro años después de aquella final del torneo de karate
en la que Daniel Larusso (Ralph Macchio) hizo el salto de la grulla y le giró
la cara a Johnny Lawrence (William Zabka), Cobra Kai retoma estos mismos
personajes (con los mismos actores) pero con un enfoque distinto, muy original
y muy divertido.
Ambos personajes están muy bien trabajados en los guiones, son creíbles
(tridimensionales, que se suele decir) y su evolución y reacciones parecen
francamente coherentes, muy reales. Larusso ha triunfado en la vida y Lawrence
se ha convertido en un perdedor, aunque ni el primero es completamente blanco
ni el segundo completamente negro, ambos se mueven en una apasionante gama de
grises entre uno y otro extremo… Y aparte de bien construidos estan muy bien
interpretados, al igual que el resto de los secundarios. El contraste entre los
dos adultos y los adolescentes de 2018 (ya sean sus hijos o sus discípulos de
karate) da mucho juego para un humor ácido e inteligente, sin abusar de la
nostalgia, mezclándola en la dosis justa con otros elementos para producir algo fresco y novedoso. Los dos
primeros episodios se pueden ver gratis en YouTube, y me he quedado con ganas
de ver los otros ocho porque son realmente estupendos…
Como dato curioso, me he dado cuenta de que el link del primer episodio
acaba en “U Go P4Y”; es como un mensaje subliminal en inglés que te dijese: “Tú
ve y paga”… Esta gente de YouTube está en todo. Parece que ya hay una segunda
temporada confirmada para el año que viene.
La última película a la que quiero hacer referencia hoy pertenece al género
de superhéroes; os recuerdo que un relato en general, sea cual sea su formato,
no tiene por qué ser realista para hablarnos sobre las grandes verdades relativas al ser humano…
X-Men, dirigida en el año 2000 por Bryan Singer, fue la que realmente inició la
tendencia actual del cine de superhéroes. Aparte de las seis entregas de la
serie (de las cuales las tres últimas podrían considerarse precuelas) se han
estrenado además tres películas protagonizadas por Lobezno, y en las nueve el
personaje ha sido interpretado por el actor australiano Hugh Jackman. Me
centraré hoy en Logan, el último
de los filmes sobre Lobezno; os vuelvo a avisar de que aquí hay spoilers.
Desde X-Men,
casi su debut en el cine, habían pasado ya diecisiete años en los que Jackman se
había operado de varios carcinomas en la piel,
y lógicamente ya no estaba tan en forma como en los viejos tiempos, así que decidió
despedirse del personaje por todo lo alto, con un film claramente para adultos:
una violenta, oscura y madura reflexión acerca de cómo el paso del Tiempo no
perdona a nada ni a nadie. Es una muy buena película, llena de pequeños detalles, que desmitifica el género de superhéroes, cuyas
fórmulas ya están muy manidas, dándole un giro distinto… Una película más
íntima que trabaja a una escala pequeña, en la que el Mundo no está en peligro
pero sin embargo tenemos la impresión de que cualquiera de los protagonistas
podría morir en cualquier momento.
La acción transcurre en 2029, un Futuro sombrío
al menos para los mutantes, ya que al parecer no ha nacido ninguno en años. Tanto
Lobezno como Charles Xavier están viejos y enfermos, y sus amigos de la
Patrulla X hace ya tiempo que están todos muertos. Xavier es un nonagenario con
claros signos de demencia (con el peligro que conlleva que sus poderes
telepáticos queden fuera de control durante uno de sus ataques),
y se van viendo indicios de que ni siquiera los poderes curativos de Logan le
hacen inmortal (a medida que estos desaparecen
el adamantium de su endoesqueleto va intoxicando poco a poco su cuerpo). En el
transcurso de la historia descubrirán que en un laboratorio secreto se ha
engendrado recientemente a una serie de mutantes entre los cuales está Laura,
una niña con un código genético basado en el de Lobezno, y que todos ellos
corren peligro. Logan encontrará en Laura a una especie de hija, alguien a
quien amar y proteger, una razón para luchar, y en un último acto de heroísmo sacrificará
su vida para salvarla a ella y a los demás jóvenes mutantes, dándoles Esperanza
en un Futuro mejor.
Como ya he dicho, esta película ha
ayudado a renovar el género de superhéroes, que ya está casi agotado. Es un film duro, con aires de cine negro,
que no se contiene a la hora de mostrar la violencia, en el que las acciones de
los personajes tienen consecuencias bien palpables y que no trata a los
espectadores como tontos, dándoles todos los elementos de la narración bien
mascaditos. También tiene escenas más calmadas, de gran profundidad emocional,
y se toma el tiempo necesario para desarrollar bien los personajes y sus
motivaciones. Hay varios antagonistas en el relato, pero el más importante de
todos es el Tiempo. Logan nos ayuda a aceptar la Muerte como algo natural, algo
inevitable incluso para un héroe.
Sin duda esta película sería al cine de superhéroes lo que Sin Perdón
al cine del Oeste; veo en ella claros ecos a ese western crepuscular en el que Clint
Eastwood interpretaba una versión más vieja de sus personajes de los sesenta,
en las pelis de Sergio Leone… Analizando
todo lo escrito hasta ahora puedo detectar una constante en la mayoría de estas
historias que tanto conectan conmigo: en ellas la Esperanza reside en pasar el
testigo a la nueva generación, ya sean los hijos o los alumnos: Vincent, Adonis,
Laura, los discípulos del Cobra Kai…
Recuerdo que me impresionó bastante el tráiler de Logan, sobre todo por la
excelente elección de la canción que sonaba de fondo, la versión de Hurt de
Johnny Cash perteneciente al gran álbum American IV: The Man Comes Around,
producido por Rick Rubin. Me pareció que el tema de la canción de Nine Inch
Nails, el dolor, era muy apropiado para el personaje de Lobezno, y a la vez
venía a mi memoria el fabuloso vídeo que sacó en 2003
un ya anciano Johnny Cash. Mark Romanek,
un gran fan de la leyenda del country al que le había encantado la versión,
pidió insistentemente dirigirlo, incluso sin cobrar nada por ello si hacía
falta. Tanto Cash como su mujer June estaban mal de salud y no querían
desplazarse muy lejos de su mansión de Nashville, así que Romanek los filmó a
los dos allí mismo y luego se llevó al artista a grabar algunas tomas más a su
propia Casa-Museo, un edificio no muy lejos de allí, cerrado y en un estado
ruinoso por haber padecido una inundación. El equipo de rodaje prefirió no
limpiar ni ordenar el Museo para que la sensación de decadencia ayudase a
resaltar el precario estado de salud del artista.
En el montaje final se alternan las imágenes de Cash tocando la guitarra y
el piano, y derramando improvisadamente una copa de vino sobre una mesa en la
que un lujoso banquete está empezando a pudrirse, con otras escenas de cuando
era joven (sobre todo de los setenta, de conciertos
y películas que protagonizó,
paseando con su esposa o visitando la casa abandonada donde transcurrió su infancia)
que Romanek pasó semanas seleccionando a partir de la extensa colección privada
del cantante. El vídeo acaba con el artista cerrando cuidadosamente la tapa del
piano, como representando el ocaso de su carrera de casi medio siglo…
Cuando le enseñaron el montaje a Cash, su mujer no estaba muy segura de si dar
el visto bueno, pero la que finalmente inclinó la balanza fue Rosanne, la hija
mayor del matrimonio, que confesó que desde la primera imagen no había podido
parar de llorar al verlo. Estamos ante la rara conjunción de una buena letra y
música, una magistral interpretación y una fantástica selección de escenas,
pero lo que le aporta su fuerza al vídeo es la valentía de Cash al mostrar abiertamente
su decadencia física, y el contraste con las imágenes de archivo de los viejos tiempos; se trata de un retrato
hirientemente sincero del cantante, un testimonio brutal de la tragedia del ser
humano, de la inevitabilidad de la Muerte.
June Carter Cash murió en mayo de 2003, poco después del estreno del vídeo,
y su marido Johnny siguió sus pasos en septiembre de ese mismo año. Ni siquera la
ruinosa Casa-Museo de Johnny Cash existe ya: fue arrasada por un incendio en
2007. La cadena MTV,
normalmente saturada con vídeos de gente joven y guapa divirtiéndose y molando
mucho, se rindió a la evidencia y concedió a Hurt el premio de mejor vídeo musical del año… No tiene ningún sentido
negar el paso del Tiempo; aquellos que intentan aparentar una eterna juventud
acaban convirtiéndose en una ridícula caricatura de sí mismos. Tenemos que
aceptarnos tal y como somos, seres de paso por este Mundo tan cruel y a la vez tan
hermoso. Tratar de detener el Tiempo precisamente nos hace perderlo, por ser
tarea inútil; solo siendo conscientes del poco Tiempo que tenemos
aprenderemos a aprovecharlo al máximo. Y cualquier obra de Arte, ya sea
escrita, representada, filmada o cantada, que nos ayude a entender mejor esta
gran verdad no hace sino duplicar su Belleza, sumando el fondo a la forma… Más
adelante seguiremos hablando en el blog de la Muerte en general, y también (un
poco más) del ocaso del héroe y del Fin de las Leyendas en particular.
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