lunes, 16 de julio de 2018

Amanecer, Atardecer, Anochecer (II)


Seguimos con el análisis de la trilogía de Richard Linklater, que se pone más y más interesante con cada nueva entrega. Os lo recuerdo otra vez: hoy intentaré no desvelar demasiados detalles de la tercera peli, por si no la habéis visto todavía, pero habrá un montón de spoilers de la segunda… En principio Antes del Amanecer era una película sobre la (muy remota) posibilidad de conectar muy profundamente con otra persona, y no pretendía explorar el tema del paso del Tiempo ni se hizo con una secuela en mente, pero tanto el director como los dos actores quedaron muy satisfechos con el resultado… Tanto que los personajes de Jesse y Céline vuelven a aparecer brevemente en el film de Linklater Waking Life, estrenado en 2001, que utilizaba una técnica rotoscópica pero estaba rodado inicialmente en imagen real. El hecho de que en este breve episodio ambos estén juntos en una cama, en un alto edificio de apartamentos, podría ser simplemente parte de una ensoñación, sin relación con lo narrado en Antes del Amanecer. A partir de este punto Linklater, Hawke y Delpy empezaron a plantearse en serio una posible continuación, más por razones artísticas que monetarias, porque ya dijimos que la recaudación en 1995 había sido bastante discreta. Esta vez los actores colaboraron con el director en la escritura del guión desde el principio.




Antes del Atardecer se estrenó en 2004, nueve años después que la primera parte (en este caso fui a verla al cine, a los Babel o tal vez a los Albatros, no recuerdo bien). La acción transcurre en París, y los rincones de la ciudad por los que los protagonistas pasarán después aparecen vacíos uno por uno justo al principio del film, en vez de al final como en la anterior entrega. También en la ficción han pasado nueve años. A medida que avanza la película nos vamos enterando de lo que ocurrió en todo este tiempo. Céline no acudió a la cita en Viena porque murió su abuela y el funeral era precisamente ese día, el 16 de diciembre. Jesse sí acudió desde Estados Unidos, inundó la estación de carteles con su teléfono y sus datos, y se marchó destrozado un par de días después.

En la actualidad él está casado y tiene un hijo de cuatro años, pero la chispa de su relación hace tiempo que se apagó (En la vida real Hawke se acababa de separar de Uma Thurman cuando esta peli se estrenó, así que puede haber algún paralelismo con la ficción). Ella trabaja en temas medioambientales y ha tenido varias parejas con el paso de los años; actualmente está con un fotógrafo que pasa mucho tiempo fuera de la ciudad, de lo que ella casi se alegra. Sin saberlo, ambos vivieron simultáneamente en Nueva York durante un tiempo, y de hecho él creyó verla en la calle, cerrando un paraguas, desde el coche que lo llevaba a su propia boda.




Jesse escribió un libro titulado “Esta Vez”, inspirado en el breve encuentro de los dos en Viena, y consiguió triunfar con él, iniciando una gira de presentación por Europa que concluye en París. Ella oyó hablar del libro por casualidad y se dio cuenta de que lo había escrito Jesse, así que se presenta en la librería Shakespeare and Company, a orillas del Sena, mientras él está dando la rueda de prensa. Los críticos literarios de esta escena son los únicos secundarios importantes de la película; el resto del metraje consistirá básicamente en ellos dos paseando y hablando. Es gracioso, estos críticos están divididos como los espectadores de Antes del Amanecer: los más románticos creen que sí se reencontraron seis meses después, otros son más pesimistas y hay alguno que no está seguro… Mientras él responde a sus preguntas hay unos fugaces flashbacks con imágenes de la primera parte, pero cuando gira su cabeza hacia un lado y ve a Céline sonriente en un rincón, escuchando entre estantes de libros, es un momento realmente mágico (y no solo para Jesse, también lo fue para el romántico que hay en mí).

Vuelvo a incidir en que los nueve años entre un estreno y el siguiente han transcurrido también en la ficción, y ahora ya no tienen veintipocos sino treinta y pico. Para mí tener en pantalla a los mismos actores casi una década después es uno de los puntos fuertes de la propuesta, porque le da un gran realismo a la historia, la hace más creíble. Él tiene el pelo más corto y está algo más delgado y desmejorado, ya no tiene cara de niño; ella sin embargo está casi igual que hace nueve años, realmente preciosa… Terminada la presentación, abandonan la librería y deciden pasar juntos la hora y pico que le queda a él antes del atardecer, hasta ir al aeropuerto, así que se dirigen a una cafetería para tomar algo. De nuevo tienen un tiempo limitado en esta segunda oportunidad que les brinda el destino, y esta vez es incluso más corto que en su primer encuentro. La segunda es la única de las tres películas que ocurre en tiempo real, sin saltos temporales; las otras dos transcurren en un lapso de uno o dos días, pero esta, que además es la más corta de todas, ocurre en tan solo hora y cuarto. En uno de los diálogos ambos bromean diciendo que al parecer solo se les dan bien los encuentros breves en ciudades europeas bajo un sol templado (y de hecho la tercera peli también transcurre en Europa y con un clima agradable… pero no adelantemos acontecimientos).




Como ya he dicho antes, la mayor parte del film consiste básicamente en ellos dos charlando en distintos escenarios: el café, unos jardines, el Bateau Mouche (el barco que recorre el Sena), el coche con chófer que tiene que llevar a Jesse al aeropuerto y finalmente el apartamento de Céline. Ambos siguen hablando de temas filosóficos muy interesantes, pero la política, la ecología y la situación actual del Planeta tienen ahora más peso en su conversación que la vez anterior; las circunstancias y sus experiencias vitales desde entonces les han vuelto menos románticos. Por ejemplo, los dos fuman, lo que nos hace pensar que no están del todo satisfechos con su vida.

Sin embargo, a lo largo de toda la trilogía se hace referencia varias veces al hecho de que los detalles básicos de nuestra personalidad, una vez formada en la adolescencia, cambian muy poco con el paso del Tiempo. A pesar de encontrarse en un momento vital diferente, en el fondo Jesse y Céline siguen siendo los mismos y siguen notando una conexión muy especial; poco a poco van recuperando la confianza de su primer encuentro y se van sintiendo más cómodos el uno con el otro. Se sientan en un banco de los jardines y mientras charlan él pasa su brazo derecho por detrás de ella, de manera muy similar a como lo hizo nueve años antes en la parte trasera del tranvía en Viena (Este tipo de resonancias entre escenas solo pueden apreciarse bien si se ven las tres películas en un corto espacio de tiempo, como hice yo hace un par de semanas). Nos enteramos de que al final sí hicieron el amor (dos veces) en el parque de Viena, aunque en un primer momento ella intenta hacerse la despistada diciendo que no lo recuerda. Él le confiesa que con su actual pareja pueden pasar meses sin que hagan el amor, y que si alguien lo abrazase en ese mismo instante seguramente se descompondría en moléculas por la tensión sexual acumulada.




La conversación en el coche del chófer, mientras la acercan a su casa, se vuelve más cruda, triste, personal y sincera por un momento, cuando ella admite que no es feliz en sus relaciones y que no cree que lo vaya a ser nunca, y él le confiesa que su matrimonio es un fracaso, que todo este tiempo la ha echado de menos y que las cosas hubieran sido muy diferentes si se hubiesen reencontrado seis meses después de su noche en Viena. Es muy bonito el momento en que ella está a punto de acariciar su pelo para consolarle, mientras él habla mirando hacia el otro lado, pero al final se contiene… Cuando llegan a su dirección y bajan del coche, ella le abraza para comprobar si se descompone o no en moléculas. Es un momento de catarsis, como el del primer beso en la noria, nueve años atrás, si bien este es mucho más contenido, lo cual no le quita ni una pizca de impacto emocional. Ambos están deseando comerse a besos pero desgraciadamente tienen pareja, más responsabilidades y menos libertad que en su primer encuentro…

Quieren seguir juntos lo máximo posible y no intentan disimularlo, así que él le recuerda que ella le había prometido antes que le cantaría una de sus canciones con la guitarra. Le pide al chófer que espere y pasan al patio interior del edificio donde ella vive. Los vecinos están preparando una cena comunal que van a celebrar esa noche. Ella se encuentra a su gato y lo coge al brazo, y ambos suben la estrecha escalera hacia su piso; igual que en la sala de escucha de la tienda de discos en Viena, hay un momento mágico en el que no hablan pero se lanzan miradas furtivas el uno al otro mientras suben los escalones… Me encanta, se masca la tensión romántica entre ellos.




Al final ella le canta con su guitarra (en la peli se usaron varias canciones compuestas e interpretadas por Delpy) una melodía a ritmo de vals (vals, Viena… ¿lo pilláis?) que resulta estar basada (¡oh, qué casualidad!) en su encuentro de hace una década. Mientras ella prepara una infusión (pero cinco minutos y te vas, ¿eh?) él pone en el reproductor de CD “Justo a Tiempo”, de Nina Simone, y contempla en la pared fotos de ella cuando era bebé, niña y adolescente (son claramente fotos reales de Julie Delpy, lo que contribuye a reforzar aún más si cabe el hechizo temporal con el que Linklater nos tiene atrapados). Ella le dice, mientras imita a la Simone paseando por el escenario: “Pequeño, creo que vas a perder ese avión…” El contesta, contemplándola sentado, sonriendo de oreja a oreja: “Lo sé”… Y fundido a negro. Magistral.

Aquí el final también es abierto, como en la primera, y nos quedamos con unas ganas enormes de ver lo que ocurrirá después, pero aun así el regusto es muy agradable porque han tenido la gran suerte de volver a encontrarse para poder enmendar su error de nueve años atrás. Solo ahora, después de las idas y venidas a las que les ha sometido el destino, se dan cuenta de lo difícil que es encontrar a alguien con ese tipo de conexión. Esta vez sabemos con mayor seguridad que acabarán juntos, aunque no exactamente cómo… Y os recuerdo un detalle muy importante: ambos tienen pareja, y Jesse además tiene un hijo (mientras dice “Lo sé” acaricia sin darse cuenta su anillo de casado con el pulgar)… No debería sentirme alegre ante una infidelidad o una separación, pero lo estoy: estas dos personas se merecen ser felices en la Vida.




No me extraña en absoluto que este film tuviera de nuevo excelentes críticas… Los personajes de Jesse y Céline están tan bien perfilados, son tan creíbles, y sus diálogos suenan tan espontáneos, que parecen personas reales, como buenos amigos nuestros, y por eso nos preocupamos por lo que les pase. Esta es una película más agridulce porque habla de conexión, como la primera, pero también de oportunidades perdidas y de las promesas que no cumplimos o que el Tiempo nos hace romper, lo que la hace más real, más Verdad, más cercana a nuestra experiencia diaria de la edad adulta… Por esta razón para mí es mucho más interesante que la primera. Este nivel de calidad es ya imposible de mejorar… ¿O tal vez sí se puede? Lo averiguaremos dentro de siete días.

lunes, 9 de julio de 2018

Amanecer, Atardecer, Anochecer (I)


Esta es una entrada múltiple sobre la percepción del paso del Tiempo en el cine que me rondaba por la cabeza desde hace bastantes meses, y me apetecía mucho tener las horas necesarias para prepararla como es debido. Tengo un montón de cosas que comentar, así que habrá como mínimo cuatro entregas, tal vez cinco. En las primeras me concentraré en la trilogía cinematográfica formada por Antes del Amanecer (1995), Antes del Atardecer (2004) y Antes del Anochecer (2013), dirigidas por Richard Linklater y con Ethan Hawke y Julie Delpy en los papeles protagonistas. En su día, aunque recuperaron la inversión hecha, no tuvieron demasiado éxito de taquilla, pero las críticas fueron muy buenas y con el tiempo se han convertido en auténticas películas de culto. El año pasado salió una edición especial de la trilogía en Blu-Ray, muy cuidada y con muchos contenidos extra. Acabo de ver las tres películas en tres días consecutivos, tomando muchas notas, y me dispongo a empezar aquí mi análisis personal de los pequeños detalles y las conexiones que hay entre ellas. Por supuesto, os aviso de que habrá muchos spoilers, así que si no las habéis visto o aún os falta alguna, os recomiendo que disfrutéis de ellas primero y luego volváis aquí para sacarles aún más jugo. Podéis verlas a un ritmo de una por semana, que es el que yo seguiré en el blog.

Empecemos con Antes del Amanecer, que vi tal vez dos o tres años después de su estreno por la tele, de noche en La 2, y que me encantó. El guión lo escribió Linklater con Kim Krizan, para equilibrar los puntos de vista masculino y femenino, y estaba basado en una experiencia real del propio Linklater con una mujer llamada Amy Lehrhaupt a la que conoció casualmente en una tienda de juguetes en Filadelfia en 1989. Los jóvenes actores Ethan Hawke y Julie Delpy, que fueron escogidos después de un arduo casting, no recibieron crédito como guionistas porque la idea inicial no había sido suya, pero contribuyeron con muchos cambios a sus diálogos. La película dura una hora y media, transcurre en Viena y, aunque se estrenó a principios de 1995, la acción se sitúa en la tarde del 16 de junio de 1994.




La primera imagen es un plano de las vías del tren en movimiento (tal vez representando el paso inexorable del Tiempo). Dentro del tren hay una pareja de unos cuarenta años discutiendo en alemán con acento austriaco. No los entendemos y no hay subtítulos pero, por si tenéis curiosidad, el hombre comenta de forma casual y sin apartar la vista del periódico que hay una noticia que habla de ella: “El número de mujeres adictas al alcohol asciende a 70.000”. La mujer le replica que el alcohólico es él, a lo que él responde que tal vez sea porque llevan quince años juntos. La pelea parece ir para largo, así que Céline (Julie Delpy) se cambia de sitio para poder leer su libro más tranquila, y gracias a eso conoce a Jesse (Ethan Hawke). Ambos son estudiantes de veintitantos años. Ella es de París y vuelve de visitar a su abuela en Budapest. Él es americano y su francés está bastante oxidado, así que se ponen a hablar en inglés.

Ella le comenta que ha leído en algún sitio que al llegar a la madurez las parejas desarrollan una sordera selectiva: los hombres a las frecuencias agudas y las mujeres a las graves; así la Naturaleza evita que acaben matándose unos a otros. Esto da pie a que sigan conversando durante un rato. Están llegando a Viena, así que él le dice que es una chica muy agradable y la anima a hacer una locura: bajar del tren y compartir el día con él hasta que tenga que coger su avión de vuelta a América. Ella no está muy convencida, pero entonces él le habla de su versión futura, en diez o veinte años, casada y algo decepcionada con su pareja, preguntándose qué habría ocurrido si hubiese aceptado el ofrecimiento de aquel atractivo extraño del tren. Le dice que se imagine que tiene la posibilidad de viajar atrás en el Tiempo y averiguarlo, y al final ella, pensando que además de atractivo es gracioso y muy ingenioso, se anima a aceptar la invitación.




Estas tres películas no se apoyan en la acción sino en el diálogo, con largas tomas que siguen a Jesse y Céline mientras pasean y conversan (hay planos-secuencia de hasta once minutos sin un solo corte, en la segunda entrega). En esta primera parte aparecen brevemente personajes secundarios como un par de actores de teatro, una mujer que les lee el Futuro en las líneas de la mano y un poeta callejero que les escribe un poema a cambio de unas monedas (y que acierta bastante más que la pitonisa, todo sea dicho), pero la mayor parte del metraje consiste en ellos dos hablando en un tranvía, un cementerio, la feria, una iglesia, la orilla del río Danubio, un par de pubs, una explanada en un jardín…

A medida que avanza la película nos vamos enterando de que Céline lleva seis meses sin pareja, y de que Jesse descubrió hace dos semanas en Madrid que su novia de estancia allí se había convertido de forma imprevista en su exnovia, con lo que desde entonces ha estado visitando por su cuenta varias capitales europeas. Poco a poco va quedando claro que hay una atracción mutua entre ellos. Hay una escena muy bonita en la que entran en una cabina de escucha de una tienda de discos a poner un vinilo y mientras suena la canción sus miradas van pasando del vacío a la cara del otro cuando este no mira. Otra escena preciosa es la de su primer beso en la noria a la caída del Sol, con esos maravillosos segundos previos en los que ambos se mandan señales muy claras y podemos disfrutar anticipando el momento… Cada vez que la veo esta escena me trae muy buenos recuerdos de mis propias experiencias del Pasado.




Los temas de conversación de la pareja son muy variados pero siempre inteligentes… Hablan por ejemplo de que no usamos bien el tiempo que nos ahorran las nuevas tecnologías. También de lo efímero de nuestra existencia, de la certeza de que hasta los recién nacidos morirán algún día, de que fluimos como ramas llevadas río abajo… Y de que el amor eterno no existe, solo permanece eterno el que no llega a consumarse, y sin embargo ¿acaso no está todo lo que hacemos en la Vida encaminado a que nos quieran un poco más? Hay una reflexión de Céline que me gusta mucho, en relación con la verdadera conexión entre dos personas: si existe un Dios seguramente no está en uno o en el otro, debe estar en el espacio que hay entre ambos, la verdadera trascendencia radica en llegar a comprender algo importante que otra persona intenta compartir contigo.

Cuando la noche está ya bien avanzada deciden no darse los teléfonos ni volverse a ver, para no ensuciar los buenos recuerdos de ese único día juntos. Él pide prestada una botella de vino al dueño de un bar mientras ella roba dos copas. Tumbados en el césped de un parque, entre sorbo y sorbo de vino apurando las últimas horas antes del amanecer, ella le dice que prefiere no hacer el amor, que no quiere que años después el relato de lo que pasó esa noche se reduzca solo a eso, a la francesita a la que Jesse consiguió tirarse en Viena. Sin embargo la pasión entre ambos es patente. Poco a poco las palabras dan paso a las caricias y los besos. Me encanta la forma en que ella le ofrece su lengua cada vez que sus bocas se juntan… Y aquí hay una elipsis narrativa. ¿Al final hacen el amor en el parque o no? Queda sugerido, pero no se nos muestra.




Ya por la mañana, en el andén del tren, y en vista de la conexión tan única y especial que han experimentado, se arrepienten de lo dicho horas antes y consideran la posibilidad de volverse a ver. Ella le dice que podrían quedar allí mismo cinco años después, pero les parece demasiado tiempo, sería como realizar un experimento sociológico. Al final acuerdan reunirse en ese andén justo a los seis meses, pero no intercambian teléfonos ni otros datos aparte de sus nombres de pila para no estropear la magia de aquella noche. Se abrazan, se besan por última vez y se separan. El sueño ha terminado, han vuelto al Tiempo real. Contemplamos uno por uno los escenarios vacíos por los que ambos fueron pasando durante el último día. Los vemos sentados, ella en el tren a París y él en el autobús que lleva al aeropuerto, ambos cerrando los ojos, recordando los buenos momentos de ese breve encuentro y sonriendo plácidamente… Fin. La película me gustó mucho, me pareció muy romántica y a la vez muy inteligente, y me dejó con ganas de saber cómo continuaría la historia. ¿Cumplirían su promesa, volverían a Viena al cabo de seis meses? Hablaremos de ello la próxima semana.



lunes, 2 de julio de 2018

Aire Fresco (II)


Recordaréis que hace un mes colgué parte de mi selección de fotos con el hilo conductor del hartazgo por las injusticias cometidas por el Partido Popular en estos últimos años; aquí tenéis, como os prometí, la segunda parte de la selección. En estas pocas semanas las cosas no han ido a mejor para los partidos de la derecha: Ciudadanos ha quedado, al menos por el momento, completamente descolocado y fuera de juego; y la bajísima participación en las inminentes primarias del PP (solo el 6% de los supuestos afiliados en la Comunidad Valenciana se han registrado para votar) ha desatado un cruce de acusaciones entre los distintos candidatos. Para no perder aún más apoyos de entre los pocos que les quedan, se suben todos al carro de la modernidad (en el caso de los derechos LGTB, con la celebración del Orgullo, sería más bien subirse a la carroza) y, ocupados como están en sus luchas internas, no están poniendo muchas pegas a la exhumación exprés de los restos de Franco en el Valle de los Caídos.

Mientras tanto el nuevo gobierno socialista de Pedro Sánchez está haciendo gala de una buena gestión acorde a una ideología progresista, donde la gente dimite cuando hace falta, se acoge a los refugiados de los conflictos al otro lado del Mediterráneo, se intenta dar más peso en la escuela al civismo y a la ética que a la religión y se proporciona a la Ciencia española el impulso que necesita, con un ministerio propio y un ministro a la altura de las circunstancias… Entiendo que algunas de estas medidas pueden haberse tomado para dar un golpe de efecto ante la opinión pública, y que esta tónica no durará para siempre, pero me conformo con que se mantenga aunque sea tan solo un año. Ya he comentado en alguna ocasión en el blog que todos los políticos, independientemente de su ideología, acaban volviéndose un poco más carcas de lo que eran inicialmente, pero una cosa es segura: con estos nos irá mejor que con los de antes. Sinceramente espero que la derecha española no levante cabeza en mucho tiempo, y que cuando lo hagan sean algo menos sinvergüenzas que ahora. ¡Adiós, PP!