lunes, 13 de julio de 2020

Leave the Gun, Take the Cannoli (III)

Antes de ponernos manos a la obra con El Padrino: Parte III (con spoilers incluidos, os recuerdo), una curiosidad acerca de toda la trilogía: cada vez que aparecen naranjas en pantalla es un presagio de que alguien morirá o correrá riesgo de morir. Don Vito compra naranjas antes de que atenten contra su vida, y diez años más tarde muere de un ataque cardiaco después de jugar con su nieto poniéndose una piel de naranja en la boca. Carlo Rizzi no llega a tocar ninguna fruta, pero lleva un traje del mismo color. En la Parte II Fanucci se come una naranja antes de ser asesinado por el joven Vito. En la tercera Michael bebe un poco de zumo cuando le da un bajón de azúcar en el Vaticano (por cierto, en las dos películas anteriores bebe agua a menudo, lo que apunta a que ya desde joven era diabético). También se ven naranjas rodando por la mesa en la escena del helicóptero, y por último Michael muere en Sicilia con una naranja en la mano.

Mucha gente dice que la Parte III, estrenada en 1990, no está a la altura de las dos anteriores, pero creo que es porque durante dieciséis años estuvieron imaginando cómo sería la continuación y tenían ideas preconcebidas al respecto; El Padrino ya era por entonces parte de la cultura popular y era muy difícil cumplir las expectativas de todo el mundo. Francis Ford Coppola, que aceptó el proyecto porque tenía problemas financieros, no la concebía como la tercera parte de la historia (para él las dos primeras sí eran como una sola película partida en dos), sino más bien como una especie de epílogo a La Saga de los Corleone, epílogo que según él debería haberse llamado La Muerte de Michael Corleone. Esta vez la productora se opuso a usar un título distinto, prefería los numeritos romanos… Justo al revés que con la anterior película dieciséis años atrás; pero es que muchas cosas habían cambiado en el Cine (y no necesariamente para bien) durante los 80.


Plano picado de El Padrino del atentado contra la vida de Vito Corleone, con naranjas rodando por el suelo


Como vimos al final de la anterior entrega, la semana pasada, en las tres películas los cambios de actores en el último momento, las reescrituras del guion para adaptarse a las adversidades, imprevistos y accidentes y la improvisación sobre la marcha eran el pan nuestro de cada día, y el resultado aun así fue excelente. En la Parte II el personaje de Frank Pentangeli debería haber sido en realidad Clemenza, pero el actor que lo interpretaba en su edad madura quería tener control total sobre sus líneas de diálogo, con lo que no se le contrató y Coppola hizo el cambio. Y en la tercera Tom Hagen fue sustituido por B.J. Harrison porque no se llegó a un acuerdo sobre el caché de Robert Duvall, lo cual es una pena porque el director tenía grandes planes para ese personaje en la conclusión, dándole un papel más importante.

Coppola quería que esta última entrega fuese más emocional… Se puede apreciar un cierto paralelismo entre el sexagenario Michael Corleone de la película y el Coppola de 1990, que por entonces ya no estaba en lo más alto de su carrera y para colmo había perdido en 1986 a uno de sus hijos, Gian-Carlo, en un accidente de lancha. Parece ser que para interpretar el personaje de Mary Corleone había sido contratada en principio Winona Ryder, pero renunció al papel en el último minuto aduciendo agotamiento psicológico, con lo que Sofia Coppola, hija del director, tuvo que hacerse cargo… Hay quien dice que el trabajo de Sofia en este filme deja que desear, pero a mí no me parece tan mala: precisamente aporta la juventud, inocencia y vulnerabilidad que requiere el personaje. Yo descubrí la trilogía con el estreno de la Parte III (la segunda la estrenaron antes de que naciera) y francamente me parece casi tan buena como las anteriores. Tal vez sea verdad que el reparto no es tan redondo como en las otras, por las razones que ya hemos comentado, pero tiene un argumento muy interesante y grandes escenas como la del piso de Vincent, la del helicóptero o todo el tramo final en Sicilia.


Foto de familia del principio de El Padrino: Parte III, en la fiesta de la fundación benéfica de Michael


Una de las tramas del relato es la del amor prohibido entre Mary y su primo Vincent Mancini, hijo ilegítimo de Sonny (al principio de la primera película vemos a Sonny tontear con Lucy, la madre, durante la fiesta de la boda de Connie). Vemos en Vincent mucho de su padre, la impulsividad, el dejar al descubierto sus emociones; pero también se mantiene frío y calculador en los momentos de peligro, como su tío Michael, y sabe ser amable y encantador como su abuelo Vito… ¿Le impedirán sus arranques de genio ser un buen Padrino o conseguirá alcanzar el equilibrio y pasar la prueba? ¿Cuál es el futuro del clan Corleone con Vincent al frente? En la tercera película no se nos cuenta. Vincent es introducido en la Familia por Connie, personaje que evoluciona mucho a lo largo de los años, de mujer maltratada a vividora irresponsable hasta convertirse en la matriarca del clan, tras la muerte de Carmella y tras haber hecho las paces con Michael… Al final incluso toma decisiones importantes dentro de la Familia, algo habitualmente reservado a los hombres.

La relación de Michael con Kay es otro pilar básico de la historia, con momentos como el de la puerta que cierra Al Neri al final de la peli original, separándola de su marido tras mentirle este diciéndole que no ha sido responsable de la muerte de Carlo Rizzi. Otra escena con puerta de por medio es la que sucede tras el aborto y divorcio de Kay, y esta vez también sus hijos están del otro lado: de ahí el grito entrecortado de Kay cuando es el propio Michael el que la cierra con total frialdad… La separación de Kay es una de las pocas batallas que Michael pierde, dejando aparte el final de la trilogía, claro. En la Parte III hay una cierta reconciliación mientras viajan por Sicilia antes del estreno de la ópera en la que canta su hijo Anthony; ella le confiesa que quizás nunca ha dejado de quererle, pero un segundo después llega Calò con el anuncio del asesinato de Don Tommasino por parte de Mosca: la magia se ha roto de nuevo y ella comprende que hay cosas que nunca cambian, que la espiral de violencia no cesa aunque pasen los años… De nuevo Kay se encuentra al otro lado de la puerta.


Michael Corleone con gafas de sol y su sobrino Vincent en segundo plano


Lloro como una Magdalena cada vez que veo morir a Mary en las escaleras de la Ópera de Palermo… La última palabra que dice es “¿Papá?”. La escena es demoledora, con ese grito sordo (¿o sería más bien mudo?) de Michael que según las anécdotas de producción inicialmente no era tal: Pacino se dejó la garganta pero en la sala de montaje Walter Murch vio que la toma tenía más fuerza si quitaban parte de la pista de sonido. La efectividad de esta escena se refuerza porque observamos las reacciones de Kay, Connie y Vincent a la muerte de Mary, y sobre todo porque vemos también por un momento la reacción de Kay al sufrimiento de un Michael completamente destrozado que nunca antes había estado tan vulnerable o expresado tan abiertamente sus sentimientos en público; la tragedia nos toca el corazón precisamente porque empatizamos con Kay. Otro elemento que añade aún más capas de emoción a la escena es el de los gritos de las mujeres de Palermo, lamentándose en italiano del destino de la señorita María, igual que ocurrió en la aldea de Corleone ocho décadas atrás con la muerte de Paolo, el hermano mayor de su abuelo Vito: nos damos cuenta de que la violencia es un problema secular profundamente arraigado en esta cultura, y eso también nos conmueve.


Escena de El Padrino: Parte III con Michael Corleone abrazando a su hija Mary


Su hija era precisamente lo que Michael más había intentado proteger todos esos años, la que más unida a él estaba, después de divorciarse de Kay y sufrir un mayor distanciamiento con Anthony… Es casi el único lazo que le unía a algo parecido a la felicidad, lo poco que le quedaba (aparte de los recuerdos) de sus relaciones con Apollonia o con Kay, y ahora lo ha perdido. Se nos presentan flashbacks de él bailando con las tres, de los buenos momentos del pasado. Ya no hay esperanza para Michael Corleone: mientras al final de la primera parte no siente remordimiento alguno por la muerte de Carlo, la ejecución de su hermano Fredo al final de la segunda acaba atormentándole durante años, y al final de la tercera la pérdida de su hija es como la vendetta del Destino, que le devuelve el dolor infligido en una conclusión trágica y sin concesiones… La violencia engendra violencia y los lazos que se forman en el mundo de la Mafia son muy difíciles de romper; nuestro protagonista ha intentado con todas sus fuerzas desvincularse de ese entorno pero se encuentra atrapado por su pasado.

Hay quien ha propuesto la teoría de que Michael se queda para colmo ciego en el momento de la muerte de Mary, debido a su diabetes y al fuerte shock emocional que experimenta (aparte de que una bala también le ha herido a él), pero ni Pacino ni Coppola han confirmado o desmentido esto. Es de suponer que tras la cesión de su poder a Vincent y la pérdida de su hija Michael se rinde ante la Vida y se retira de los círculos públicos. Muere en Sicilia en 1997, casi dos décadas después, consumido por la tristeza, solo y olvidado en la villa que antes era de Don Tommasino, en el mismo patio donde murió Apollonia, cerrando así un siglo de historia desde que su padre Vito emigró de niño a América.


Final de la trilogía de El Padrino, con la muerte de Michael Corleone en la villa que fue de Don Tommasino


Coppola coqueteó con la posibilidad de una Parte IV de estructura similar a la de la segunda, mezcla de precuela (con el ascenso de Sonny en los años 30) y secuela (con la historia de su hijo Vincent en los 80, en una cruenta guerra entre familias que se prolonga durante una década). Se comentaba que Andy García y Robert De Niro ya estaban confirmados para volver a interpretar sus papeles, y que Leonardo Di Caprio podría interpretar al joven Sonny, pero Mario Puzo murió en 1999, antes de que pudiera terminarse un guión, y Coppola decidió no seguir adelante sin él.

En cuanto a las secuelas literarias, el propio Puzo escribió en 1984 una continuación de la narración original titulada El Siciliano, y posteriormente ha habido otras novelas ambientadas en el mismo universo escritas por otros autores… Tenemos por un lado El Padrino: El Regreso (2004) y El Padrino: La Venganza (2006), ambas de Mark Winegardner; y también está La Familia Corleone (2012), de Ed Falco, basada en lo que Puzo escribió para la parte de los años 30 de la posible cuarta película.


Reunión de Francis Ford Coppola con el reparto de la trilogía de El Padrino con motivo del 45 aniversario del estreno de la primera película


En la trilogía cinematográfica se entremezclan escenarios y elementos tan diversos como la ciudad de Nueva York, los casinos de Las Vegas, la posibilidad de negocio en La Habana (truncada por el estallido de la Revolución), la madre patria Sicilia, las grandes multinacionales europeas, la Iglesia Católica (y el escándalo bancario del Vaticano de 1982), la Ópera (con la Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni) y hasta el antiguo Imperio Romano… Coppola y Puzo recurren a las profundas y variadas raíces de los inmigrantes italoamericanos para bordar un complejo tapiz narrativo que daría por sí solo para quince o veinte películas normalitas, y este es sin duda uno de los mayores atractivos de la trilogía.

Una historia bien escrita que además muestra el paso del Tiempo abarcando varias generaciones y usa a los mismos actores para interpretar a los personajes veinte años después siempre ha tenido para mí un atractivo irresistible… Y si además le añades un reparto en estado de gracia, una fotografía y ambientación impecables y una música extraordinaria puede convertirse en una obra maestra atemporal que resiste el paso de los años, porque la Verdad que transmite no caduca: creo que este es el caso con las películas de El Padrino.


Grabado con una escena de la ópera Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni


Quiero acabar esta entrada múltiple hablando un poco más de los lazos familiares, que son, en palabras del propio Coppola en entrevistas recientes, el tema principal de estas películas. Muy hábilmente el cineasta nos muestra cómo se entremezclan la familia biológica y la Familia criminal, la sangre que corre por las venas y la sangre derramada… Las tres entregas comienzan con escenas de fiestas y ceremonias familiares durante las cuales se hace otro tipo de negocios en la trastienda: en la primera es la boda de Connie y Carlo, en la segunda la comunión de Anthony y en la tercera la entrega de la medalla de la Orden de San Sebastián y la fiesta de la fundación benéfica. Y las tres entregas acaban, como ya sabemos, combinando una reunión familiar con una matanza de enemigos: en la primera tenemos el bautizo del hijo de Connie, en la segunda el funeral de Carmella y en la tercera el estreno de Cavalleria Rusticana en Palermo.

Coppola y Puzo hicieron algo que no era muy usual allá por los años 70: mostrar la cara amable de los gangsters, humanizarlos, hacerlos más cercanos y reales, dejar claro que podían cometer atrocidades pero también tener sus momentos tiernos. Esto fue rompedor en su día porque daba a entender que, del mismo modo que los mafiosos no eran tan malos, tal vez nosotros no éramos tan buenos… En la forma magistral de tocar temas universales como este, de mostrar que el Mundo no está dibujado en blanco y negro sino en tonos de gris, radica el gran atractivo de esta trilogía. Coppola nos pone ante el espejo y nos hace ver que, aunque sea a menor escala, todos tenemos nuestro lado oscuro y nuestros fantasmas, todos cometemos errores, y todos nos hemos preguntado alguna vez si las cosas nos hubieran ido mejor en la Vida de haber tomado otras decisiones en ciertos momentos clave.


Foto de familia de Michael y Kay con sus hijos Mary y Anthony en su casa del lago Tahoe, en la época en que aún estaban juntos


lunes, 6 de julio de 2020

Leave the Gun, Take the Cannoli (II)

Siempre se dice que segundas partes nunca fueron buenas, pero El Padrino: Parte II es reconocida como una de las continuaciones que más claramente ha igualado (si no superado) en calidad a una obra original ya de por sí grandiosa. Fue la primera secuela de la historia del Cine en ganar el Óscar a la mejor película (siendo la segunda El Retorno del Rey, y para de contar). Con ella se puso de moda lo de añadir números a las secuelas en lugar de cambiar el título, aunque los productores de entonces pusieron pegas porque pensaron que la gente no iría a verla por parecer “más de lo mismo”… Qué ironía, ahora ocurre justo lo contrario, y la gente solo quiere que le cuenten la misma historia una y otra vez. Coppola insistió en lo de añadir “Parte II” al título original porque pensaba que era básicamente la segunda mitad de la misma historia.

A pesar de lo dicho, esta continuación no estaba prevista cuando se escribió la primera película, pero se empezó a preparar incluso antes del estreno en 1972 porque las vibraciones por entonces eran ya muy buenas. Mientras que la original es más épica, la Parte II tiene más tintes de tragedia. Varios de los elementos narrativos de la primera (la fiesta inicial, el asesinato a sangre fría que el protagonista tiene que llevar a cabo personalmente, la matanza final) son utilizados de nuevo en la segunda pero no como meros calcos, sino precisamente para poner de manifiesto las diferencias entre unos y otros y de ese modo enriquecer aún más, por contraste, la primera película, en un fantástico ejercicio de intertextualidad.


El niño Vito Andolini de Corleone mirando a la Estatua de la Libertad desde la Isla de Ellis durante su cuarentena


Ya dijimos la semana pasada que en la Parte II se alternan dos líneas temporales, una de las cuales narra cómo el niño Vito Andolini llega a principios del siglo XX a Nueva York, desde el pueblo siciliano de Corleone, y tiene que buscarse la vida (el cambio de apellido se produce en las aduanas por un error en la traducción). Como curiosidad podemos comentar que los abuelos maternos de Al Pacino proceden precisamente de Corleone, situado al sur de la capital, Palermo. Las escenas para la película se rodaron en otro pueblo más pequeño porque ya por los años 70 el Corleone real estaba bastante desarrollado.

Es curioso que en la película original no se pronuncie ni una sola vez la palabra Mafia (en la segunda sí se la nombra dos o tres veces). Los orígenes de esta organización criminal se remontan a mediados del siglo XIX en la parte occidental de Sicilia, bajo el reinado de los Borbones de Nápoles, y concidiendo con el paso en la isla del feudalismo al capitalismo. Al haber más dueños de tierras, más propiedad privada, aparecieron grupos que al margen de la legalidad ofrecían protección para el ganado y los campos de cítricos a cambio de dinero, y parece ser que a partir de ahí los métodos se volvieron algo cuestionables en algunos casos, de lo que derivó todo lo demás… En cualquiera de las películas de la trilogía las escenas de Sicilia aportan a la historia una gran fuerza y autenticidad, con un cambio de tempo muy original; suponen una especie de retorno a los orígenes, a las raíces… Esto no quiere decir que la isla se nos presente como un lugar idílico y paradisiaco, más bien al contrario; en ella suceden muchas muertes: Apollonia, la familia de Vito, Don Ciccio, Mary… Sicilia representa los orígenes violentos de la Familia con mayúscula.


Robert De Niro en su papel del joven Vito Corleone


Como novedad principal en el reparto tenemos a Robert De Niro interpretando a un Marlon Brando más joven, emulando su manera de hablar entre murmullos. Para la preparación de su personaje De Niro se pasó cuatro meses en Sicilia aprendiendo el dialecto para poder decir sus diálogos… En esta línea temporal del relato vemos cuál fue el método del joven Vito para labrarse una reputación en Little Italy: lo hace de una forma muy inteligente, con mucha mano izquierda, sabe utilizar la diplomacia antes de tener que recurrir a la violencia; es amable y leal con los que le respetan y sabe darles una oportunidad, pero a la vez es terrible con los que se le oponen… Esto cuadra bastante con la famosa frase “Le haré una oferta que no podrá rechazar”. La escena en la que Vito mata a Fanucci con una pistola envuelta en una toalla (en toda la trilogía solo le vemos matar personalmente a este pequeño capo y a Don Ciccio) rima a la perfección con aquella en que Michael mató a Sollozzo y McCluskey en el restaurante.

En la otra línea temporal, entre 1958 y 1960, Michael Corleone intenta que sus negocios queden limpios de irregularidades, pero le resulta muy difícil conseguirlo. Mientras Vito quería que le mostrasen respeto, Michael busca ante todo la legalidad, pero por el camino descubre que la sombra de su padre es alargada, que es muy difícil estar a la altura. Sin ir más lejos, las primeras escenas de la Parte II, durante la fiesta de la comunión de su hijo Anthony, muestran cómo Michael no goza del mismo nivel de respeto que tenía Vito: el senador Geary y hasta su propia hermana Connie se le suben a las barbas. Hacia el final de la película queda confirmado que Michael es un hombre sin piedad, un paranoico que no confía en nadie y que no da ni una oportunidad a aquellos que le traicionan… Moviéndose en un mundo tan peligroso como el suyo podría pensarse que cierta razón no le falta: al fin y al cabo Don Ciccio quería matar a Vito con tan solo nueve años por si se vengaba en el futuro, y acabó teniendo razón… Uno de los muchos aciertos de esta trilogía es que los personajes (y no solo los protagonistas, también los secundarios) están muy bien escritos y presentan una gran complejidad.


Secuencia de El Padrino: Parte II en la que Michael Corleone le dice a su hermano Fredo que conoce su traición


No podemos hablar de este filme sin mencionar la muerte de Fredo, uno de los momentos cumbre de la trilogía. El más inseguro y pusilánime de los hermanos (en la primera tirotean a su padre porque no sabe reaccionar a tiempo), traiciona a Michael por puros celos. Del mismo modo que no consumó su venganza contra las familias rivales hasta después de la muerte de Vito, Michael tiene esta vez la sangre fría de postponer la ejecución de su hermano hasta que fallezca la madre de ambos (fue Mario Puzo el que pidió este favor a Coppola mientras escribían el guion, como si a él también le doliese demasiado hacerlo de otra forma). Al Neri será el encargado de ejecutar el plan, y en un par de ocasiones estando Fredo presente se le ve al fondo de la imagen, como un presagio de lo inevitable; su cruce de miradas con Michael mientras este abraza a su hermano en el velatorio de la Mamma es realmente desgarrador.

Fredo muere pescando, en una barca en el Lago Tahoe, mientras reza una oración para que piquen los peces. Michael lo elimina para proteger su imperio y por extensión a su familia (¿Acaso no es Fredo también su familia? Terrible contradicción), pero este hecho lo atormentará durante el resto de su vida. Vito consiguió la paz en las Cinco Familias (al menos hasta el bautizo de sangre) y que se respetase la vida de Michael gracias a que renunció a la venganza por la muerte de Sonny, y hasta Connie acaba perdonando a Michael por el asesinato de su marido Carlo… Michael, sin embargo, no es capaz de perdonar a Fredo (podría simplemente haberle desterrado de la Familia) y eso al final se vuelve en su contra; su gran defecto es su ansia de venganza, el dejarse llevar por sus impulsos más bajos.


Imagen de El Padrino: Parte II con Fredo Corleone y Al Neri pescando en una barca en el Lago Tahoe


Es una gozada seguir a todos los personajes secundarios de la historia a lo largo de las distintas épocas, y el que sean interpretados por los mismos actores en las tres películas (lo que ocurre en la mayoría de los casos) le aporta más verosimilitud y más potencia al relato. Yo no suelo tener muy buena memoria para los nombres y los pequeños detalles, pero cada nueva vez que veo la trilogía voy teniendo una idea más clara de todas las relaciones y me doy dando cuenta de lo cuidados que están estos detalles… Para que os hagáis una idea de mi despiste, no fue hasta después de varios visionados que se me quedó en la cabeza que en la primera peli el oponente principal es Emilio Barzini, en la segunda es Hyman Roth y en la tercera Osvaldo Altobello.

En 1977 se reeditaron para televisión (quitando algo de violencia, sexo y palabras malsonantes) las dos primeras películas en orden cronológico añadiendo muchas escenas eliminadas del montaje cinematográfico: a esta miniserie de cuatro episodios se le llamó La Saga de El Padrino. En las escenas añadidas obtenemos información adicional muy interesante: la muerte de Genco, anterior consigliere de Vito, la escena en que Clemenza compra los famosos cannoli y más metraje de los jóvenes Vito, Clemenza y Tessio en Little Italy, y de la venganza de Vito en Sicilia, así como de la bomba que Michael le pone en el coche a Fabrizio, el responsable de la muerte de Apollonia. Los tres filmes incluyendo todas las escenas añadidas suman casi diez horas de metraje.


Foto de Familia sacada en la fiesta de la Primera Comunión de Anthony Corleone


Pero vayamos a la escena final de la segunda película, en la que se muestra un recuerdo de Michael Corleone, una vez consumada su venganza con Fredo… Se trata de un flashback a una reunión familiar en 1941, justo después del bombardeo de Pearl Harbor, que hizo que Michael se alistase al ejército. Para este día de rodaje se contrató a varios de los actores que habían trabajado en el filme original, recuperando los personajes de Sonny, Carlo o Tessio (todos ya muertos al principio de la Parte II, recordemos). Hasta la víspera se esperaba también a Marlon Brando para interpretar de nuevo a Vito, pero cambió de idea en el último momento, así que Coppola reescribió el guion de un día para otro (una vez más).

La nueva planificación de la escena, en la que se celebra el cumpleaños del Padrino, engrandece la figura de Vito, la hace más mítica, a pesar de que Brando ni siquiera aparece en pantalla (o precisamente por eso)… Mientras esperan a su padre con la tarta preparada, Michael da la noticia a sus hermanos de que quiere luchar por su país, lo que provoca la ira de Sonny, que le recrimina que su país no es su familia, no es sangre de su sangre… El único que le felicita por su decisión es Fredo. En ese momento se oye llegar a Vito y todos excepto Michael se levantan y van a cantarle por su cumpleaños fuera de cuadro… Esa imagen de Michael sentado solo a la mesa es un presagio de que veinte años después, al final de la Parte II, habrá derrotado a sus enemigos pero a cambio casi todas las personas a las que quería habrán muerto o le habrán abandonado… Y en la conclusión de la trilogía cinematográfica veremos que el precio que tendrá que pagar por su frialdad y su ambición será todavía mayor, pero de eso hablaremos la semana que viene.


Los cinco hijos de Vito Corleone, Tessio y Carlo en la fiesta de cumpleaños del Padrino en 1941


lunes, 29 de junio de 2020

Leave the Gun, Take the Cannoli (I)

El origen de esta entrada múltiple se puede rastrear retrocediendo a las noches de tres viernes consecutivos, los pasados 8, 15 y 22 de mayo. En estas fechas la cadena DMax programó la trilogía cinematográfica de El Padrino, con lo que me animé a verlas una vez más. Son películas que no te cansas de visionar, y sigo descubriendo nuevos detalles en cada nueva ocasión, más todavía cuando hay poca diferencia de tiempo entre una y otra para poder hacer las conexiones, como en este caso. Por tanto durante las próximas tres semanas voy a hacer un análisis de estos filmes de 1972, 1974 y 1990, dirigidos por Francis Ford Coppola. Os aviso desde ahora de que va a haber spoilers a mansalva, así que si no las habéis visto aún no continuéis leyendo: haceos con ellas, disfrutadlas con tranquilidad y luego volved aquí, que no sabéis lo que os estáis perdiendo… Para que esto no se haga demasiado largo voy a suponer que conocéis el argumento y los personajes de las tres películas, así que si las habéis visto pero no las tenéis frescas podéis poneros al día con las correspondientes entradas de la Wikipedia.

Este universo cinematográfico está basado en el best seller homónimo de 1969 de Mario Puzo, que escribió el guión de los tres filmes junto con Coppola. La novela original proporcionó material para la primera película y la parte de la juventud de Vito Corleone en la segunda, que son muy fieles a la fuente… De hecho, el director afirmaba que el nombre completo de la primera peli debía ser El Padrino de Mario Puzo. La distribuidora de las tres películas fue Paramount, que tras comprar los derechos a Puzo y barajar algunos nombres de directores encargó el proyecto a Coppola, relativamente desconocido por entonces y parte de un grupo de nuevos cineastas americanos que revolucionaron el medio a finales de los 60 y principios de los 70 (Scorsese, De Palma, Lucas, Spielberg, Cimino y tantos otros). Aunque es un director muy innovador, las películas de El Padrino sin embargo son formalmente muy clásicas en comparación con otras propuestas de esa época.


Foto de Vito Corleone rodeado de su familia durante la boda de su hija Connie


Gran parte del éxito de la trilogía se debe al increíble reparto, que incluye nombres como Marlon Brando, Al Pacino, Diane Keaton, James Caan, Robert Duvall, John Cazale o Talia Shire (hermana de Coppola). En la segunda parte se añadió como el joven Vito Robert De Niro, que había hecho en la anterior una prueba para el papel de Sonny pero al final se había descolgado del proyecto. En la tercera se incorporaron Andy García y Sofia Coppola, la hija del director. Para las escenas familiares más íntimas de la trilogía el director, de ascendencia italoamericana, se inspiró en sus propios recuerdos, en lo que veía en su casa de joven… Resulta curioso que una de las formas que tuvo de ensayar con el reparto antes de rodar la primera entrega fue celebrar una comida en la que los actores y actrices debían improvisar sin salirse en ningún momento de su papel. Coppola experimentó muchas presiones durante este primer rodaje: tuvo que luchar para que los productores contratasen (y después mantuviesen) a Pacino, y él mismo estuvo a punto de ser despedido un par de veces. En la segunda parte ya tuvo más control sobre el proyecto porque la primera había tenido muy buena acogida.

La fotografía de Gordon Willis es impresionante, con atmósferas increíblemente oscuras conseguidas mediante una baja exposición, mostrando a veces solo siluetas, con las caras y los ojos de los personajes medio en sombras, como dando a entender que ocultan muchos secretos… No por nada se conocía a Willis como El Príncipe de las Tinieblas. A esto se añade un marcado tono amarillento en las imágenes, sobre todo en la segunda película. La mayoría de las escenas se rodaron en localizaciones reales, no en decorados. La banda sonora es de Nino Rota, compositor habitual de Fellini y también de la música de Rocco y sus Hermanos, que llamó especialmente la atención de Coppola. Rota trabajó desde Italia y fue el director el que se desplazó allí para verle. La primera parte no pudo ser nominada al Óscar a la mejor música porque el compositor había reciclado parte de su banda sonora para Fortunella, película de 1958. La banda sonora de la segunda parte sin embargo no tuvo problemas para ser nominada, a pesar de utilizar muchos de los temas musicales de la anterior… Cosas que pasan.


Imagen del director Francis Ford Coppola junto a una cámara de cine


La trilogía ha pasado sin duda a formar parte de la cultura popular, hasta el punto de que la gente conoce muchos de sus elementos de forma indirecta, incluso sin haber visto las películas. Si no hubiera sido por El Padrino no tendríamos otras obras maestras como Uno de los Nuestros de Scorsese o la serie de David Chase Los Soprano. Al éxito de la novela original y de las películas ayudó bastante la fascinación del público por el género de gangsters. La acción del filme original, cuya duración es de 2 horas y 55 minutos, transcurre entre 1945 y 1955, sobre todo en la ciudad de Nueva York, y en él se nos narra la historia de la Familia criminal de Don Vito Corleone y la transformación y ascenso al poder de su hijo Michael. En ambos personajes, con ciertas diferencias que comentaremos más adelante, vemos que una persona puede amar a su familia y a la vez, para garantizar la seguridad y bienestar de la misma, cometer delitos e incluso matar y ordenar la muerte de otros… Una de las preguntas que plantea el filme es si el fin justifica o no los medios.

Para que os hagáis una idea de la magnitud del fenómeno, poco antes del estreno de la primera película las escuchas policiales captaron a varios mafiosos reales discutiendo sobre quién debería interpretar al Padrino de la novela (parece que les gustaba sobre todo Paul Newman), y después del estreno varios capos declararon que les había encantado. Los críticos también la adoraron, y hasta el mismísimo Stanley Kubrick dijo que quizás era la mejor película que había visto nunca, y que el casting era perfecto. Un par de años más tarde esta primera entrega la pasaron por la tele, pocas semanas antes del estreno de la segunda, y la Compañía de Aguas de la Ciudad de Nueva York tuvo problemas de suministro porque todo el mundo tiraba de la cadena al mismo tiempo, durante los anuncios.


Logo de la película El Padrino, con una mano en la parte superior manejando los hilos


Aunque hablaremos de ella más detenidamente la semana que viene, por ahora os recuerdo que la segunda parte presenta un original montaje en dos líneas temporales paralelas, siendo a la vez secuela y precuela: una de las líneas se centra en la infancia y juventud de Vito durante las dos primeras décadas del S.XX, en Sicilia y después en el barrio neoyorkino de Little Italy, y la otra sigue la historia de su hijo Michael entre 1958 y 1960, transcurriendo sobre todo en Las Vegas y Nevada, y también en La Habana. En total son 3 horas y 22 minutos que no se hacen largos en absoluto, y en los que vamos saltando adelante y atrás en el tiempo. Inicialmente estos cambios de línea temporal eran más frecuentes, produciéndose cada 10 minutos, pero esta opción resultó algo confusa en los pases previos, así que se remontó la película a contrarreloj pocos días antes del estreno reduciendo el número de saltos, quedando fragmentos de narración de unos 20 minutos cada uno. El tercer filme, del que hablaremos sobre todo de aquí a dos semanas, dura 2 horas y 42 minutos y da un salto temporal mayor tanto dentro como fuera de la ficción, transcurriendo entre 1979 y 1980, de vuelta a Nueva York desde Las Vegas y después en Sicilia para el gran final.


Michael Corleone con su uniforme del ejército sentado junto a su novia Kay en la boda de su hermana Connie


Pasemos a hablar con más calma de algunas escenas y detalles concretos de la película original… Al principio el personaje de Michael Corleone se mantiene al margen de la acción: es un héroe condecorado de la Segunda Guerra Mundial, que acaba de terminar, y no está involucrado en los negocios criminales de su familia, ni quiere estarlo. Son las circunstancias las que le obligan a hacerlo cuando los hombres de Sollozzo atentan contra la vida de su padre y al visitarle en el hospital descubre que se ha retirado todo el personal que había para su protección… Un momento aparentemente trivial pero de gran importancia es la escena del mechero, en la que le enciende el cigarro al único hombre que está allí para ayudarle y es consciente de que conserva su pulso firme; ahí Michael se da cuenta de que sirve para eso, de que su habilidad para mantener la calma y pensar con claridad en situaciones críticas es una gran ventaja en ese mundo. Lo mejor de todo es que al parecer esta escena se improvisó sobre la marcha porque el actor que acompañaba a Al Pacino estaba realmente nervioso y le temblaban las manos.

Es excelente también la actuación de Marlon Brando, que por entonces era la única gran estrella del reparto (y famoso por ser muy difícil de manejar). Por ejemplo destaca la economía de medios con la que muestra cómo Vito se entristece cuando le cuentan que es Michael el que ha matado a Sollozzo y al capitán McCluskey para vengarle. También es fantástica la improvisación en la primera escena del filme con un gato que encontró por los estudios, y que tumbado panza arriba en su regazo parece su gato de toda la vida; bastó una sola toma para conseguir el resultado que vemos en la peli, aunque tuvieron que volver a grabar los diálogos de Brando porque no se oían bien con el ronroneo del minino. Otro ejemplo de que Coppola no tenía problema en introducir cambios sobre la marcha si funcionaban está en la escena donde Luca Brasi felicita a Don Vito por la boda de su hija: el actor que interpretaba al matón (que al parecer tenía información de primera mano acerca del mundo de la Mafia, ya me entendéis) no se equivocó a propósito, se atascó varias veces por tener que actuar delante del gran Brando, así que tres semanas más tarde rodaron la escena del exterior en la que Brasi está ensayando su discurso, dándole así la vuelta a la tortilla y convirtiendo la crisis en oportunidad.


Don Vito Corleone en la oscuridad de su despacho y con su gato en brazos


Otro de los muchos secundarios interesantes es Johnny Fontane, una especie de trasunto de Frank Sinatra que consigue un papel en una película gracias a una cabeza de caballo colocada en la cama del productor en mitad de la noche (La cabeza, por cierto, era real: la consiguieron de una industria de comida para perros). A Sinatra este paralelismo no le hizo ninguna gracia, y movió hilos antes del estreno para que se redujese el número de escenas en que aparece el personaje. Sin embargo, para cuando se planeaba rodar la tercera parte veinte años después el gran éxito de las anteriores había hecho cambiar al cantante de idea, hasta el punto de que pidió interpretar el personaje de Don Altobello (al final se encargó Eli Wallach porque el salario no era suficientemente alto para Sinatra).

Una escena que me gustaría comentar más despacio es aquella en la que Sonny Corleone manda a Clemenza y a Rocco a dar un último paseo a Paulie Gatto por su supuesta traición… Antes de hacer el trabajito, la esposa de Clemenza le encarga que compre unos cannoli para la noche: se trata de repostería típica siciliana, una especie de cañas rellenas de crema de ricotta. Después vemos a los verdugos y a la confiada víctima recorriendo en coche las calles de la ciudad hasta llegar a un descampado en las afueras. Mientras Clemenza orina entre unas cañas es Rocco el que aprieta el gatillo. La sucinta frase de Clemenza al abandonar allí mismo el coche con el cadáver, que da título a esta entrada del blog y que de hecho fue improvisada sobre la marcha, es “Deja la pistola, coge los cannoli”.

Estas seis palabras condensan magistralmente una parte muy importante del espíritu de la película y de la trilogía en su conjunto; reflejan muy bien el contraste entre lo personal y los negocios, la vida familiar y las actividades criminales, que aun así se entremezclan de forma natural para estos personajes… Es lógico por ejemplo que Vito Corleone vea la violencia como algo normal en su vida: el Padrino creció rodeado de ella en Sicilia, y toda su familia murió en 1901 a manos de Don Ciccio, así que de alguna manera tanto él como sus hijos y subordinados aprenden a convertir lo horrible en algo habitual y tolerable… Por cierto, adivinad cómo elimina Connie a Don Altobello en la tercera película: precisamente regalándole unos cannoli envenenados por su cumpleaños.


Descampado de las afueras en el que Rocco y Clemenza matan a Paulie Gatto, con la Estatua de la Libertad al fondo


La opción tomada por Coppola (y respaldada por el estudio) de mostrar la violencia de forma explícita y cruda, en escenas como la del doble asesinato en el restaurante o el acribillamiento de Sonny, se debe a precedentes como Bonnie & Clyde o Grupo Salvaje, que habían triunfado en los años previos. Cada una de las películas de la trilogía acaba con un montaje mostrando una oleada de muertes que provoca un cambio radical de la situación; en el caso del filme original se trata del conocido como bautizo de sangre, en el que Michael, convertido en el nuevo Padrino, decide eliminar a los capos de las otras familias mafiosas, lo que se nos muestra en paralelo con el bautizo del hijo de Connie (interpretado por cierto por Sofia Coppola), del que él mismo es el padrino con minúscula. Es un claro ejemplo de la frialdad con la que Michael puede mostrar dos caras totalmente opuestas: por un lado afirma durante la ceremonia que renuncia a Satán, y por otro es capaz de ordenar la muerte del propio padre de la criatura (que sí, que sí, que es un maltratador y un traidor a la Familia, pero resulta impactante de todos modos). El brutal contraste entre los dos tipos de escenas junto con el órgano de iglesia que suena de fondo aporta una gran fuerza al resultado final.

La película de 1972 nos muestra por tanto el ascenso de Michael hasta convertirse en Padrino, con la narración empezando desde el punto de vista de Vito y acabando desde el de Michael, y siendo la escena del restaurante el punto de inflexión. Inicialmente se pensó en poner después del doble asesinato un intermedio para que la gente pudiese ir al lavabo en el cine (de ahí el crescendo de la banda sonora en ese punto), pero Coppola se opuso porque pensaba que haciéndolo se perdía el impulso narrativo… Y hablando de intermedios: lo vamos a dejar aquí por ahora y la semana que viene nos centraremos en la Parte II, en la que se nos muestra de forma paralela el ascenso del joven Vito y el inicio de la caída de Michael, ganando el primero una familia mientras que el segundo la pierde.


Primer plano del rostro de Michael Corleone durante el bautizo de su sobrino


lunes, 22 de junio de 2020

El Murmullo de las Paredes (XII)

Estaba pensando que ya iba tocando una entrada basada en imágenes cuando me he dado cuenta de que, entre unas cosas y otras, llevo prácticamente un año y medio sin publicar una nueva entrega de mis mejores fotos de arte urbano en Valencia… Así que aquí tenéis la que completa una docena.


Intervención artística mediante una inscripción en un guante viejo: “This is street art… Isn’t it?”

Graffiti de temática arquitectónica en un bloque de hormigón en la zona de La Punta

Graffiti de gran tamaño en un muro de Velluters representando la cabeza de un pájaro

Graffiti de El Cabanyal representando hormigas que salen de una grieta en la pared

Polémica intervención artística que incluyó graffitis en el pasillo del claustro renacentista del Centro del Carmen

Graffiti de la zona de Zaidía que representa a un samurai blandiendo su katana

Detalle de muro con graffitis en la zona de El Carmen con tres palomas posadas sobre él

Graffiti de la calle Cañete que combina a una pareja besándose con las cúpulas de la ciudad de Valencia

Intervención artística en una tapa de alcantarilla de Russafa, con toques de distintos colores en el relieve metálico

Detalle de una exposición de PichiAvo sobre graffiti en el Centro del Carmen de Valencia