lunes, 31 de agosto de 2015

Sueños en Technicolor (II)


Es curioso: por lo general nunca recuerdas cómo empezó un sueño ni tampoco cómo acaba. Cuando recuerdas el final suele ser porque te has despertado a mitad de fase REM, con lo que no has dejado que el sueño concluya del todo y por tanto ése no es el final propiamente dicho. Y tampoco te acuerdas del comienzo porque tu principal asidero para recordar son las últimas imágenes que han pasado por tu mente, y desde ellas puedes intentar retroceder escena por escena hasta donde tu memoria alcance, pero el hilo de la memoria en los sueños es fino y quebradizo como el hilo de una araña, por lo que acabamos entrando en una zona brumosa y no sabemos seguir hacia atrás.

Lo mejor es despertarse sin recordar tus sueños en absoluto, porque significa que has completado el ciclo y por tanto has descansado bien, pero de todos modos es interesante asomarse a este mundo aunque sea sólo de cuando en cuando… Algunas veces a lo largo de mi vida, por mera curiosidad, me he dedicado a apuntar lo que recordaba de lo soñado durante varios días seguidos. Dicen que es bueno beber mucha agua antes de acostarse para que te entren ganas de ir al lavabo y así te despiertes más fácilmente, pero yo no lo he puesto en práctica; suele ser más bien algún ruido de la calle, a primera hora de la mañana, el que me hace despertar a mitad de la ensoñación. Conviene tener papel y boli en la mesita de noche para que no te distraiga ningún estímulo externo entre el momento de incorporarte y el de tomar notas; los sueños son escurridizos como un gorrión, y si no lo escribes todo en cuanto te despiertes, su frágil recuerdo se hundirá de nuevo en la oscuridad a la que pertenece.




Hace un mes volví a tomar de vez en cuando algunas notas telegráficas nada más despertarme, para tener material con el que poder escribir esta entrada. Os resumo a continuación algunos fragmentos seleccionados, empezando por los sueños más recientes, los de esta última semana. En uno de ellos un boston terrier pequeño y de pelo negro, y con muy mala leche, había mordido mi mano de forma que todos los dedos menos el gordo se habían quedado dentro de su boca, y a pesar de que lo sacudía a un lado y al otro se negaba a abrir las mandíbulas y soltar su presa… El caso es que no me dolía, pero yo estaba preocupado por la posibilidad de perder alguna falange si no hacía algo rápidamente. Y lo más gracioso del asunto es que el dueño del perro estaba junto a mí y no parecía estar preocupado en absoluto, repitiéndome una y otra vez: “Tranquilo, que no hace nada…” También recientemente recuerdo haber soñado que estaba en mi antiguo colegio. Es de noche, las luces están apagadas y yo espero en la oscuridad, muy callado y atento, a que llegue el ascensor para subir a robar algo (no me acuerdo de qué), cuando de pronto me encuentro bajando por la escalera a mi profesor de lengua, que (para mi sorpresa) me dice que puedo hacer lo que quiera por arriba, pero que por favor no le borre la pizarra.

En otro sueño recuerdo ir vagando por la calle, también de noche, con una almohada cervical en una mano y arrastrando con la otra un carrito de la compra, de los de bolsa cuadrada de tela y dos ruedecitas. Había mucha actividad y ocurrían bastantes cosas a mi alrededor, y en medio del caos una señora mayor se llevaba por error el carrito porque lo había confundido con el suyo. Más adelante en el mismo sueño, si no me equivoco, me encontraba en un pabellón cubierto de un polideportivo, con mucha más gente, tumbados todos en el suelo intentando dormir; pero mirando hacia arriba veíamos que el techo estaba plagado de peces viscosos y de aspecto muy desagradable, similar al de una anguila, que se arrastraban boca abajo usando sus aletas como si fueran patas, sin que la fuerza de gravedad pareciera afectarles. Lo peor de todo fue cuando uno de ellos se percató de nuestra presencia y se dejó caer justo a mi lado… No recuerdo lo que pasó después, o si los bichos atacaban o mordían, pero la explicación para esta escena podría tener que ver con las picaduras de mosquito que me he detectado últimamente en tobillos y pantorrillas.




Remontémonos un poco más hacia el pasado, hace dos semanas. Durante mi viaje más reciente, durmiendo una noche en mi habitación del hotel, estalló una tormenta de verano sobre la ciudad y me despertaron a mitad de sueño varios truenos bastante fuertes, de manera que aproveché para tomar algunas notas rápidas de lo soñado en el bloc que te dejan normalmente sobre la mesa… Tiene gracia que dos de los fragmentos recordados transcurriesen precisamente dentro de un hotel. En uno de ellos el dueño, que además era mago y hacía algún truco de prestidigitación de vez en cuando, entraba en mi habitación y me decía que corría peligro y que tenía que irme de allí cuanto antes, conduciéndome hacia fuera a través de estancias de aspecto algo tétrico, más parecidas a las salas de un extraño y viejo museo que a los pasillos y vestíbulos de un hotel. Salíamos a la calle y seguíamos huyendo por entre callejones y pasajes subterráneos, junto con un ruso corpulento y malcarado y una rusa bastante guapa y medio borracha que hablaba continuamente de su hijo pequeño, ausente en ese momento por razones que ignoro…

En otro de los fragmentos que recuerdo tengo reservadas dos habitaciones para mí solo en un hotel distinto, mucho más lujoso; es la hora del desayuno y brilla el sol. Salgo de una habitación y me dirijo hacia la otra, con la mala suerte de que se me cierra la puerta de la primera y me doy cuenta de que no he cogido las llaves… Sin embargo, vuelvo sobre mis pasos y la abro de nuevo sin dificultad (y en el sueño no me planteo que sea nada extraño, lo veo como algo normal). En el último fragmento seleccionado de aquella noche estoy desnudo en la calle en pleno día y tengo que trepar dos o tres pisos por la fachada de un edificio para hacer algo (ya no recuerdo qué era, o si lo conseguí). Después bajo por una farola y a mitad de camino ésta empieza a doblarse como si fuera de goma, con lo que caigo hacia el asfalto; pero lo hago como a cámara lenta y aterrizo sin hacerme daño (aunque no de manera muy elegante, todo hay que decirlo).




También tengo notas de hace un mes, cuando empecé a tomarlas, pero ocurre algo muy interesante… Los apuntes recientes me ha sido fácil traducirlos en párrafos mínimamente coherentes que podáis entender, porque los sueños aún están relativamente frescos en mi memoria; pero si dejas pasar tres o cuatro semanas las notas que habías tomado de forma muy esquemática, y que en su momento parecían un buen resumen de lo ocurrido, ya no tienen ningún sentido, porque al tratarse de situaciones absurdas es francamente complicado describir telegráficamente lo que va pasando en un sueño… Leo las palabras que yo mismo escogí para poder acordarme y es como si las hubiera escrito otra persona, no me viene ninguna imagen a la cabeza.

Sólo uno de los sueños menos recientes se me ha quedado grabado a fuego hasta el punto de poder describirlo un mes después. Más que un sueño se trata de una sola escena, visualmente muy elaborada. Se corresponde con el plano final de una historia en clave de thriller, y en él se muestran simultáneamente dos realidades alternativas en el día en que se frustró un ataque terrorista en unas oficinas. Consiste en un plano-secuencia con un elegante travelling a cámara lenta, estéticamente muy trabajado. En blanco y negro (o con el color muy desaturado) vemos a los trabajadores de las oficinas yendo tranquilamente de aquí para allá en sus quehaceres diarios; pero superpuestos, visibles sólo a ojos del espectador (es decir, los míos) y en colores muy saturados, vemos el rojo de los salpicones de sangre en brazos y piernas y el azul de los agujeros de bala en los cristales que separan los cubículos de los oficinistas: tan sólo un mero eco residual de las personas heridas y los cristales rotos por unas balas que no producen ningún sonido, las balas que habrían volado si no se hubiera evitado la masacre… ¡Peliculero total! Y además, cosa rara, con un toquecito de color.



4 comentarios:

Susana Martínez dijo...

Enhorabuena !!!, siempre es un placer leerte.
Me parecen super interesantes los temas que eliges.
Sigue así!!!!

Besosss

Kalonauta dijo...


¡Muchas gracias por los ánimos, Guapísima!

Nos vemos, un abrazo :-)

El Rojo dijo...

Vaya, vaya, vaya! Me se de uno que soñó que jugaba al tenis con el mismísimo Chewbacca. Cuando me lo contó, iba conduciendo y me dio un ataque de risa importante,...."pa vernos matao" !!!

Kalonauta dijo...


¡Ostras, es verdad, me había olvidado por completo! ¡Qué bueno fue aquello!

He visto tu otro comentario, pero te contesto mañana con más tiempo, que quiero extenderme un poco más...

¡Gracias por pasarte por aquí, Rojo!