lunes, 2 de diciembre de 2013

Los Pilares de la Tierra (V)

Después de cuatro semanas en las que hemos paseado alrededor de la Catedral, subido al Micalet, contemplado los ángeles recién liberados de su prisión y contado la historia de la reliquia de San Vicente, llegamos por fin a las consideraciones finales sobre la Iglesia y el papel que ha jugado en nuestra sociedad tanto en el pasado como en el presente. Pero antes teníamos que resolver el cliffhanger en el que os dejé hace siete días: habíamos entrado en la zona privada del edificio y atravesado la Sacristía Mayor, la Sacristía Nueva y la Sala Capitular hasta llegar al Relicario, una capilla con tres armarios empotrados de grandes dimensiones. Abramos los armarios y echemos un vistazo a la colección de reliquias de la Seo.
Algunas de estas reliquias estuvieron en las capillas de la corte itinerante de los reyes de Aragón, en Zaragoza, Barcelona y finalmente en el Palacio Real de Valencia, desde donde fueron llevadas a la Catedral en 1437 por orden de Alfonso V el Magnánimo. Los contenedores o relicarios, muchos de ellos representando a los santos de cuerpo entero, otros sólo el busto, constituían un verdadero tesoro en sí mismos, pero la mayor parte fueron fundidos en 1812 en Mallorca, a donde se habían trasladado, junto con el Retablo de plata y la Custodia Procesional gótica, para salvarlos del saqueo de los ejércitos de Napoleón; se convirtieron en monedas para pagar a las tropas que luchaban contra los franceses (Daos cuenta de que es ya la segunda vez que vemos que los remedios de aquella época en particular eran casi siempre peores que la enfermedad). Pese a esta gran pérdida y a las sufridas en el saqueo e incendio de la Catedral el 21 de julio de 1936, se conservaron muchas reliquias, ahora guardadas en relicarios más modestos, y algunas piezas de orfebrería de gran valor histórico. De los antiguos bustos de plata sólo ha quedado uno de gran Belleza, del S.XV, con la imagen de la Virgen María.
 
 
Pero hagamos ya una breve enumeración de algunas de las reliquias propiamente dichas. Hay que puntualizar que incluso la misma Iglesia distingue entre las reliquias auténticas, que son las que se veneran, y las reliquias históricas, a las que no se otorga credibilidad pero que se conservan por respeto a las tradiciones que testimonian o al recuerdo de las personas que las veneraron, y también por su valor artístico. Tenemos así una de las setenta y dos espinas (serie limitada) de la corona de Jesucristo, manchada de sangre, regalada en 1256 por el rey de Francia San Luis a Jaume I; o un relicario del brazo de San Jorge que perteneció a la reina de Chipre; o un lignum crucis de la emperatriz Constanza de Grecia, fallecida en Valencia y enterrada en la iglesia de San Juan del Hospital.
La autenticidad de algunos de los objetos suena simplemente poco creíble, sin llegar a ser algo descabellado: un diente de San Esteban, una saeta de las que le clavaron a San Sebastián o un tobillo del pie de San Matías Apóstol. Ejemplos como el del dibujo de la verdadera cara de la Virgen realizado por San Lucas Evangelista, las dos monedas de Judas Iscariote o la esponja con la que dieron de beber vinagre a Jesús cuando estaba en la cruz suenan ya bastante inverosímiles. En otros casos entramos directamente en el terreno de lo surrealista: ¿Un pedacito de la faja de la Virgen María y un trozo de la capa de San José? ¿Una piedra del portal de Belén? ¿Un pañal del Niño Jesús y una camisita (sin su canesú) bordada por su madre? Sí, amigos: todo esto lo tenemos aquí, en nuestra Catedral; y yo sin enterarme hasta el día de hoy. Hay piezas, como la mano derecha del mismo San Lucas o el trozo de la cabeza de Santiago el Menor, cuya sola mención pone los pelos de punta, pero es ésta la que en mi opinión se lleva la palma: ¿qué clase de mente perturbada puede idear la falsa reliquia de un Niño Inocente de los que Herodes mandó degollar? Sí, también la tenemos. Hace tiempo asistí a una de las visitas guiadas al Relicario y fue una experiencia bastante inquietante; no pude evitar pensar, al ver las distintas cajitas y frascos, en los estantes de algún siniestro gabinete de curiosidades, o en el macabro contenido de la nevera de un sociópata caníbal.
 
 
El haberse aprovechado de las creencias y de la ignorancia de la gente para acumular dinero con el mercadeo de reliquias o el tráfico de indulgencias es sólo una de las sombras en el pasado de la Iglesia, pero también hay algunas luces: si volvemos sobre nuestros pasos desde el Relicario hacia la Sacristía Nueva veremos una escalera por la que se accede al Archivo-Biblioteca Catedralicio, que ocupa dos plantas por encima de las Sacristías y la Sala Capitular. Este archivo, con cuatro salas en la primera planta y otras cuatro (una de ellas de lectura) en la segunda, contiene legajos, pergaminos, bulas pontificias, documentos reales y notariales, constituciones de la Catedral, deliberaciones del capítulo, cartas, oficios… En la misma sede del Archivo General se halla también el Archivo Musical Catedralicio, en el que se guardan las partituras de la música que ha resonado dentro de estos muros desde el S.XIII.
He visto muchos de estos documentos en diversas exposiciones y he de reconocer que contemplar con calma hasta sus más pequeños detalles, casi poder tocarlos, llegar a comprender en parte lo que dicen, reconocer en ellos nombres concretos de habitantes anónimos de la ciudad o la firma dejada por la mano de algún personaje famoso, supone una experiencia realmente emocionante. A través de estos libros y pergaminos se establece una especie de vínculo entre la persona que los contempla y los antiguos habitantes de Valencia; nos permiten tener un atisbo de sus vidas, no sólo las de los grandes hombres y los casi sesenta obispos que ha tenido la Seo, sino también las de la gente humilde que pisó estas mismas calles hace varios siglos.
 
 
Que la Iglesia se haya convertido en una institución tan arraigada en estos dos milenios ha propiciado que se enquiste y se quede anticuada en muchos aspectos, desvirtuándose su mensaje original, pero reconozco que, a pesar de necesitar que alguien les limpie las telarañas a nivel ideológico, han conseguido mantener una continuidad y convertirse en una referencia muy potente de la civilización actual: después de setecientos cincuenta años la Catedral sigue ahí, en el mismo sitio, cambiada pero reconocible, mientras todos los edificios que la rodeaban inicialmente ya han desaparecido hace mucho… Su mole de piedra es en sí un punto de referencia, un signo palpable que nos recuerda que la nuestra y la del rey Jaume o Andreu d’Albalat no son más que dos partes diferentes del mismo tapiz temporal, dos puntos del mismo eje cronológico alejados pero conectados entre sí; esto hace que nos sea más fácil tomar conciencia de que nuestras acciones de hoy pueden influir en las vidas de otros, incluso a muy largo plazo. Nos guste o no, la institución de la Iglesia Cristiana es uno de los pilares sobre los que se asienta nuestra sociedad actual, y aunque a veces ha jugado un papel de destrucción, en otras ocasiones ha sido responsable de la preservación del Conocimiento, de la Música, de la Belleza a lo largo del Tiempo. Más adelante hablaremos en el blog del Arte, la Ciencia y la Literatura de la Grecia y la Roma clásicas que han llegado hasta nuestros días por haber sido conservadas en los sótanos de los Archivos Vaticanos.
Hablando de dejar cosas para más adelante: supongo que algunos os habréis dado cuenta de que no hemos explicado nada acerca de la antigua Sala Capitular, cerca de la Puerta de los Hierros… Efectivamente, aún no hemos siquiera mencionado la reliquia más importante de las que se guardan en la Catedral de Valencia, pero pienso que por ahora ya tenemos bastante información sobre la Seo con cinco entregas consecutivas, de modo que esperaremos unos meses antes de hablar largo y tendido acerca del Santo Grial.
 
 

1 comentario:

Kalonauta dijo...


Os paso aquí un enlace a la información sobre un ciclo de conferencias que se va a celebrar a lo largo de todo el 2016, a un ritmo de una cada mes aproximadamente, acerca del patrimonio de la Catedral de Valencia. Cae siempre en martes a las 19h, y se celebra en el Ámbito Cultural del Corte Inglés de Colón, en la sexta planta junto a la cafetería, excepto en dos de las charlas, que se imparten en el Museo de San Pío V. Hace poco vi una de las conferencias y me gustó mucho, pero os recomiendo estar puntuales o un poquito antes, porque al menos el otro día se llenó hasta los topes... Pienso repetir, así que si os pasáis por alguna seguramente nos veremos. Aquí os dejo la info:

http://www.upv.es/entidades/BBAA/infoweb/fba/info/U0713638.pdf

Saludos