lunes, 8 de julio de 2013

Remember Sammy Jankis (V)

No creo que vuelva a haber muchas entradas del blog tan extensas como para tener que dividirlas en cinco partes; han sido muchas entregas y además muy largas, pero es que tanto la película como el tema dan mucho de sí, espero que os estén resultando interesantes. Aunque se podría decir que la etiqueta que engloba el contenido de todas las entregas es el cerebro, cada una de ellas ha tenido un enfoque claramente diferenciado de las demás: la primera analizaba el tema de la memoria humana desde un punto de vista científico, la segunda hablaba de Memento sin desvelar demasiado acerca de sus enigmas, la tercera se centraba en mi propio cerebro y en mi manera de funcionar, y la cuarta hacía un análisis en profundidad del film de Christopher Nolan. Memento, como ya hemos visto, es una película acerca de la memoria, de cómo define nuestra identidad y determina nuestra moral, y de cómo a pesar de su gran importancia es muy poco fiable… pero también es una película sobre la tristeza y sobre aprender a superar el dolor de la pérdida. Si estas últimas semanas hemos hablado de los esfuerzos de Leonard Shelby, y de los míos propios, por recordar ciertas cosas, hoy hablaremos de nuestros esfuerzos por olvidar otras.
Poco antes de Memento, en 1999, se estrenó una coproducción hispano-argentina titulada Sé Quién Eres que también trataba el tema de la amnesia anterógrada. Los personajes protagonistas de este film de Patricia Ferreira son un paciente con Síndrome de Korsakoff, interpretado por Miguel Ángel Solá, y la doctora que lo trata, interpretada por Ana Fernández. La primera vez que la ve, para él es como un mazazo (pero no de los que dañan el hipocampo, sino de los buenos) y al instante se enamora de ella perdidamente… Hasta aquí, nada que no hayamos visto ya en mil películas románticas; la gracia del asunto radica en que, como él no puede generar nuevos recuerdos, cada vez que se la vuelve a encontrar ocurre lo mismo, y ella puede percibir claramente el flechazo en su rostro como si fuese siempre la primera vez, sintiéndose, como es natural, muy halagada. Me gusta en particular este detalle de la película porque me recuerda un poco a mi propia experiencia personal.
 
 
Mi última relación sentimental (última por ahora, espero) ha sido la más duradera y la que más ha significado para mí; muchos de los momentos más hermosos de mi vida se los debo a mi ex pareja. No sólo conectaba conmigo en más aspectos que la mayoría de la gente, sino que además tenía (y sigue teniendo) una Belleza, en el sentido más básico y primario de la palabra, a la que era muy difícil resistirse… y yo no me resistía, por supuesto. Como ya os he comentado, siempre he sido una persona muy visual, muy sensorial; no me atraen las relaciones sociales o afectivas a distancia, basadas sólo en las palabras o en una imagen de mala calidad en una pantalla: prefiero el contacto directo con la gente. Igual que a Leonard Shelby o a Christopher Nolan, a mí tampoco me gusta hablar por teléfono (o por Internet); necesito ver los ojos de una persona mientras hablo con ella, fijarme en las múltiples claves no verbales de comunicación, en los pequeños detalles… y no sólo para sacar información, sino también para disfrutar de ellos. Con mi pareja era exactamente igual: necesitaba tenerla cerca, y lo pasaba mal cuando se iba fuera durante unos días o unas semanas. En cierto modo me ocurría con ella como al protagonista de Sé Quién Eres: la abrazaba siempre como la primera vez, la besaba siempre como la primera vez, hacía el amor siempre como la primera vez… el poder experimentar esto así era una suerte para mí, claro. No acababa de acostumbrarme a tanta Belleza, y no acababa de creer que yo formara parte también de esa Belleza.
Ella, sin embargo, se aburría más rápido de todo, o así me lo parecía a mí: mientras yo me preocupaba más por el fondo que por la forma, intentando sacar todo el jugo a los placeres sencillos de la vida y disfrutando, cada vez que repetíamos una experiencia, de nuevos matices (haciéndola por tanto una experiencia nueva), ella veía las cosas de un modo diferente y se quejaba de la escasa variedad en nuestras actividades, igual que Leonard se quejaba de que su mujer leyera una y otra vez el mismo libro. Mientras mi lema era y sigue siendo aprender algo nuevo cada día, tratar de comprender los nexos ocultos que lo relacionan todo en el Universo para poder obrar después de forma coherente, el de ella parecía ser el de hacer algo nuevo cada día, aunque ella misma no acabara de entender el sentido, ni la relevancia, ni las consecuencias de dichas acciones. Emprendía continuamente nuevas actividades y nuevos viajes, tratando de huir de la rutina, sin darse cuenta de que en realidad estaba tratando de huir de sí misma, de silenciar esa voz de su cabeza que le decía cosas que ella no quería oír. Por esta y por otras diferencias irreconciliables en la manera de ver las cosas, que no vienen al caso, decidimos terminar la relación al poco tiempo de empezar a vivir juntos.
Conforme pasaban los meses desde la ruptura, las discusiones y los enfados, que se recuerdan con la parte más racional de la cabeza, se me fueron borrando parcialmente de la memoria; pero las partes buenas, como cuando la acariciaba, la miraba a los ojos o le olía el pelo recién lavado al tenerla cerca, cosas que se recuerdan con una parte más primitiva, más instintiva, más sensorial del cerebro (lo que algunos suelen llamar, como ya os comenté, “el corazón”), seguían muy vívidas en mi interior… Estas trampas de la mente pueden ser muy peligrosas si no eres consciente de ellas, así que cada vez que me acordaba de mi ex y sentía nostalgia de su afecto me obligaba a mí mismo a recordar también la parte mala para equilibrar, para racionalizar la situación. Aun así, al principio la echaba de menos muy a menudo.
 
 
Otra de las características de mi cerebro, de la que os hablé hace poco, contribuía a empeorar aun más la situación: tener una mala memoria episódica significa que se registran de manera permanente menos hechos en tu cabeza, y que por tanto el Tiempo percibido avanza más despacio que el Tiempo real, a no ser que ocurra algo importante y con verdadero significado (algo semántico) en tu vida o en el Mundo. La consecuencia de esto es que, mientras a otras personas les resultaría más fácil pasar página y cerrar la herida con tan sólo centrarse en su trabajo, sus aficiones, sus proyectos o incluso una nueva relación, para mí era como si la ruptura estuviera aún reciente aunque los meses pasaran rápido, lo cual hacía la ausencia de ella más dolorosa; incluso tenía que pensar un momento para recordar si lo habíamos dejado hacía uno o dos años, dándose la paradoja de que, precisamente por esa razón, y utilizando las palabras de Leonard Shelby, no me acordaba de olvidarla (¿No hay una canción de Mecano que habla de esto?). Igual que a Leonard, se me borraban algunas cosas que debería recordar, y sin embargo tenía frescas en mi memoria otras que quería olvidar… ironías del destino.
De todos modos, más deprisa o más despacio todas las heridas acaban curándose, y aunque me ha costado, hace tiempo que no me duele comprobar que su lado de la cama está frío; de hecho, ni siquiera considero ya que ese lado de la cama sea suyo. Mi relación actual con ella es buena, y quedamos un par de veces al año para contarnos qué tal nos va, pero no me gustaría verla muy a menudo; sé que eso me haría recordar demasiado un determinado tipo de Belleza que una vez tuve en mi vida y que se ha desvanecido en el Tiempo. He puesto mis ideas en orden (los que seguís este blog sois testigos) y ahora estoy seguro de que fue una Belleza muy grande a lo que renunciamos, sí, pero una Belleza incompleta, al fin y al cabo; sé que, a pesar del sufrimiento para ambos, fue mejor así. Ya no pienso tanto en lo que tenía con ella y ya no tengo; me gusta más pensar que algún día, quizás pronto, podré tener con otra persona lo que no tenía con ella. Estoy cicatrizando.
 
 
Para mi sorpresa, en las últimas reuniones del Aula de Cine me he enterado de que Memento ha sido la segunda proyección en la Facultad de Filología con mayor asistencia de todo el año; es curioso cómo una historia sobre un caso de amnesia anterógrada, algo tan poco frecuente, puede convertirse en película de culto y conectar tanto con una cantidad tan grande de gente en todo el Mundo… Es lo que tienen el buen Cine o la buena Literatura: no importa lo raro que sea a primera vista el protagonista, o lo lejano o imaginario que sea el lugar o el tiempo en que transcurren, sabemos reconocer las buenas historias porque en el fondo nos permiten vernos reflejados en ellas y aprender algo sobre nosotros mismos. En mi caso, todavía hay ocasiones muy de cuando en cuando en las que, viendo alguna película o escuchando alguna canción en particular, me acuerdo de mi ex y por unos segundos noto una reacción, como si se me hubiera metido algo en los ojos; ha debido ser alguna mota de polvo flotando en el aire, pienso para mis adentros… Como ejemplo de lo primero, ya hemos hablado de Memento, sin ir más lejos; y en lo que respecta a la Música, pues tres cuartos de lo mismo: tal y como decían en aquella película de Jonás Trueba, a veces me da la impresión de que todas las canciones hablan de mí.

4 comentarios:

Kalonauta dijo...


No os preocupéis, chicos, como si yo no estuviera... Sólo estoy haciendo tareas de mantenimiento del blog: es que los comentarios se oxidan si no se usan durante más de un mes. ;-)

¿Una entrada de diez mil palabras y no se os ocurre nada que decir? ¡Venga, animaos, aunque sean sólo dos líneas! :-)

Kalonauta dijo...


Vete acostumbrando, Kalonauta del Pasado, porque dentro de tres años, aunque tu círculo de amistades sea más interesante, seguirás sin una nueva pareja, y aunque el número de visitas en el blog haya aumentado seguirás sin recibir comentarios… ¿Quién sabe? Tal vez sólo hace falta esperar un poco más de tiempo… Sólo un poco más… ¡Paciencia!

Luis García Castro dijo...

¡Oh! ¡El Kalonauta del futuro también habla de temas personales!! :-O

Kalonauta dijo...


Al fin y al cabo, Luiyo, se podría decir que éste es un blog personal; de ahí el batiburrillo de temas, aunque yo siempre intento buscar una cierta coherencia en el conjunto (todos intentamos buscar cierta coherencia en nosotros mismos, ¿o no?).

Aunque de vez en cuando voy dejando caer pinceladas aquí y allá, creo que hace bastante tiempo que no publico una entrada centrada exclusivamente en el tema del Afecto (o la falta del mismo)... Me parece que ya va siendo hora de hacerlo de nuevo; a ver si consigo poner mis ideas en orden a lo largo de las próximas semanas.