martes, 16 de julio de 2019

Espejo Negro (III)


Volvamos al Primer Mundo para hablar de los aspectos sociológicos y psicológicos de la adicción a las nuevas tecnologías, y para despejar la incógnita de si al final me voy a cambiar de móvil y de portátil, y por qué. Ya en la segunda mitad de la primera entrega hablamos de cómo muchas personas recurren a las redes sociales como una forma de obtener fácilmente una gratificación instantánea, en un constante zapping de un tema a otro y sin profundizar en nada, dando prioridad a lo superficial frente a lo sustancial. También adelantamos que, frente al amplio abanico de canales y formatos que revisar, la gente se centra más en el WhatsApp y ya no lee los e-mails… La consecuencia de que todo el mundo disponga de tarifa plana para comunicarse desde el móvil es que ya casi no se concretan planes ni con un día de antelación; la inmediatez en la recepción de los mensajes es la excusa que muchos utilizan para cambiar de opinión en el último momento, y por tanto ya nadie se compromete a nada ni con nadie.

Da pena ver por la calle a grupos de amigos que miran cada uno su pantallita, como zombies, porque en realidad no tienen nada interesante que decirse, o porque tienen miedo de salir de su zona de confort y hablar con los demás cara a cara… Y me duele todavía más cuando son parejas, hipnotizado cada cual con su móvil, o padres con niños en carritos que los ignoran por completo porque están mirando Internet… También llama la atención ver a adolescentes y a jóvenes con móviles de última generación que parecen demasiado caros para su extracto social, y se pregunta uno qué sacrificios habrán tenido que hacer ellos o sus padres solo para poder estar a la moda, gastando un dinero que podrían haber utilizado para cosas más importantes (en la misma línea, más adelante podemos hablar de los tatuajes). Otro hecho chocante es la gran cantidad de pantallas rajadas y sin reparar que se ven por ahí… Un ejemplo más de la diferencia abismal que hay entre los anuncios de móviles y la cruda realidad.




El mismo contraste entre la teoría y la realidad se produce con el uso de las redes sociales: ante la multitud de opciones la gente está más confusa que nunca y va saltando de formato en formato, siguiendo la moda y sin aprender la lección, echando pestes de la penúltima plataforma y pensando siempre que la siguiente será la que solucione sus problemas y su soledad por arte de magia, sin darse cuenta de que la clave no está en las formas sino en el fondo, que lo importante no es poder compartir chorradas de forma instantánea y en cualquier momento, sino transmitir ideas con contenido, ideas más meditadas bajo una perspectiva más amplia, centrándose en la verdadera conexión con los demás y no en una búsqueda de atención narcisista, guiándose antes por el Todos-Mejor-Siempre que por el Yo-Más-Ahora.

Es posible que teniendo hoy en día más medios de comunicación que nunca nos estemos comunicando menos que nunca con los demás, al perdernos en los detalles… En otras palabras, los árboles no nos dejan ver el bosque. Cuando desaparece momentáneamente la imagen de la pantalla del móvil o del portátil nos quedamos sorprendidos mirando a esa cabecita que se refleja en el espejo negro y nos damos cuenta de que somos nosotros mismos, y que a pesar de la falsa ilusión de estar conectados seguimos estando solos.




Volviendo al uso de las redes para algo útil como es quedar en persona con tus amigos, me saca de mis casillas esta tendencia a la modernidad líquida, esta cultura de lo instantáneo… ¿Qué hay de malo en intentar planificar tu agenda con al menos un par de días de antelación? Cada año que pasa me resulta más difícil hacerlo con algunos de mis conocidos. Yo no soy de esas personas que, no importa a dónde vayan, cada cinco minutos están ojeando su pantalla, por si acaso se están perdiendo alguna otra actividad mejor que se está desarrollando al mismo tiempo en otro lugar; yo me olvido de mi móvil y disfruto del momento, vivo el Presente… A lo largo del año hay docenas de interesantes actividades socioculturales a las que he podido acudir sin tener datos en el móvil y sin necesidad de enterarme media hora antes, simplemente planificándome un poco…

A saber: exposiciones en museos y charlas de la Academia de Bellas Artes; conferencias del Colegio de Arquitectos, actividades de las Semanas de la Arquitectura y del Urbanismo, un curso sobre Historia de la Ciudad y visitas guiadas dentro y fuera del casco antiguo (a veces en calidad de asistente y otras en calidad de guía informal, con amigos míos); ferias científicas y conferencias en el Museo de Ciencias; charlas de Escépticos en el Pub, coloquios del Grupo Humanista y actividades de la Plataforma per Russafa; conciertos de música (normalmente de grupos de amigos) y veladas de karaoke; proyecciones de películas en Cinema Jove, la explanada del MuVIM, Nits de Cinema en el claustro de La Nau o la Filmo d’Estiu; y otros festivales como el Photon, Intramurs o el Russafart… Y mis viajes de verano los hago siempre con el móvil apagado durante una semana, y nunca he tenido un problema ni un imprevisto porque me los organizo con cuidado antes de viajar, me basta con mis dos o tres hojitas-resumen con la información básica… Creo que es la mejor manera de desconectar realmente de la rutina diaria y volver a casa descansado y renovado por dentro.




Muchas de las actividades que he citado en el párrafo anterior me las he podido planificar porque, al ser auspiciadas por entidades serias y profesionales, se proporciona la información con antelación suficiente, meses a veces… Pero ¡ojo! Empiezo a notar un peligroso cambio en la tendencia. Recuerdo al menos dos ejemplos este último año (Open House y Vociferio) en los que la web anunciando el evento, con una maquetación exquisita y unas fotos estupendas, está disponible mucho tiempo antes, pero completamente vacía de contenido, anunciándose los detalles de la programación tan solo a dos o tres días de la fecha de inicio, con el consiguiente caos posterior en cuanto a reserva de plazas, planificación, etc. ¿Se está propagando la falta de seriedad del nivel de lo personal al de lo profesional? ¿Ya no podemos confiar ni en las empresas supuestamente serias con subvenciones importantes? Si es la sociedad entera la que se está WhatsAppizando y no sabe organizarse a largo plazo, nos dirigimos a un Futuro distópico realmente deprimente.

Ya sé, algunos pensaréis que soy demasiado negativo, pero me limito a destacar algunas tendencias que observo para aportar mi granito de arena y evitar, en la medida de lo posible, que estas actitudes se generalicen cada vez más. Ya sé que hay gente que está pendiente de las nuevas tecnologías y a la vez son competentes y dignos de confianza, pero también hay un número creciente de personas que no lo son. Los móviles, por supuesto, tienen muchas cosas buenas pero hay que aprender a utilizarlos sabiamente; una herramienta tecnológica tan potente como Internet y las redes sociales conlleva una gran responsabilidad que en muchas ocasiones no estamos teniendo. La tecnología se ha democratizado y está al alcance de todos, lo cual está muy bien, pero si estos avances no van de la mano de una buena educación con respecto a la importancia del esfuerzo y al compromiso de ofrecer siempre lo mejor de ti, a la toma de decisiones razonadas y a intentar mantenerse fiel a esas decisiones, nos convertiremos en un Mundo lleno de aficionados, de tarugos incompetentes en los que no se podrá confiar, y de ahí al desastre hay un paso.




Ya en la recta final de esta entrada múltiple, volvamos a hablar un poco de mí y de este blog personal… Muchas veces me he quejado de que el número de comentarios en La Belleza y el Tiempo ha ido cayendo poco a poco con los años, y tenía mis sospechas acerca de la razón para ello, pero las he visto confirmadas al documentarme estas semanas… WhatsApp se lanzó en 2009 y su crecimiento ha sido imparable estos últimos años. Las siguientes cifras describen la evolución de los millones de usuarios en todo el Mundo entre 2013 y 2018: 200, 400, 700, 1000, 1200 y 1500. La Belleza y el Tiempo comenzó a funcionar a mediados de agosto de 2012, y en los primeros cinco meses hubo un total de 67 comentarios. Esta es la evolución en el número de comentarios entre 2013 y 2018: 120, 122, 84, 69, 52 y 35… La correlación es clara. Os aseguro que este descenso no se debe a que la calidad de las entradas haya ido decayendo; algunas de las más interesantes y trabajadas se han publicado cuando ya se notaba esta tendencia a la baja, y todavía me quedan muchas ideas interesantes por usar. En las entradas de 2019 hay solo 8 comentarios (y la mitad son míos; es decir, solo cuatro personas han participado en los últimos seis meses).

Varios lectores me han comentado en persona que los temas tratados son a veces demasiado elevados como para poder contestar al mismo nivel. Yo no os pido que dediquéis tanto tiempo como yo a documentaros, o que escribáis un ensayo para responderme, pero un par de líneas dándome vuestra opinión aunque sea por encima se agradecerían mucho… Está claro que si la gente no participa es porque hay otras alternativas de intercambio social online que son más rápidas, fáciles y atractivas, si bien más superficiales… Reconozcámoslo: los blogs ya no están de moda, el grueso del rebaño se ha movido hacia otros pastos más verdes. La gente se ha vuelto perezosa para escribir, sobre todo teniendo en cuenta que el teclado pequeño e incómodo de un móvil es apropiado para frases cortas y emojis, pero no para mandar un e-mail (y mucho menos para escribir entradas de dos mil palabras como esta, no quiero ni imaginármelo…). Muchos de mis amigos me recriminan, medio en serio medio en broma, que en cuanto a tecnologías me he quedado estancado en el siglo XX, y tienen razón; me he quedado atrás y los demás han seguido hacia delante (no sé si en la dirección correcta, pero digamos que hacia delante), lo que hace que a veces me sienta un poco solo.




Mi intención es seguir expresando ideas complejas en el blog para tratar de entender por mí mismo el Mundo que nos rodea, pero a la vez quiero sentirme un poco más conectado con mis amigos, con lo que me gustaría tener WhatsApp… Por otra parte, he estado investigando y he averiguado que la versión de Android en mi móvil es la 2.3.6, y que la aplicación de mensajería dejará de funcionar en todas las versiones anteriores a la 2.3.7 en febrero del próximo año. A esto se añade que la batería del móvil, aunque todavía funciona bien, ya está dando los primeros signos de fatiga y haciendo alguna cosa rara (solo se deja cargar con el móvil apagado, y a veces la pantalla muestra carga casi completa cuando en realidad está solo a mitad).

Para más inri, mi cámara digital compacta (de la que no hemos hablado aquí, pero que también tiene su tiempo, al menos una década) también está empezando a mostrar achaques, así que cuando se rompa necesitaré otro aparato que haga fotos decentes… Ya sabéis que soy bastante meticuloso y cuadriculado, así que en caso de haber cambios en mis dispositivos electrónicos, para mí es mejor hacerlos en los meses de verano porque tengo más tiempo libre para informarme bien, tomar las decisiones correctas y acostumbrarme a las novedades. Y tengamos también en cuenta que la vida media de un portátil oscila entre tres y cinco años y la de un móvil ronda los dos, así que yo ya he cumplido más que de sobra, con mis ocho años en ambos casos (heredando además de segunda mano el móvil de mi padre).




Por tanto he tomado la decisión de hacer caso a mi hermano (y a varios de mis amigos) y he empezado las gestiones para adquirir un móvil nuevo… He cambiado mi tarifa de fibra de 20 a 100 megas haciendo una portabilidad de mi número e incluyendo los datos del móvil, y básicamente por la misma cuota mensual que pagaba antes. En cuanto al terminal, he escogido uno bastante reciente pero de gama media, sin pijadas, que tras el conveniente regateo no me ha salido mal de precio. Si todo va bien, en algún momento a lo largo de esta semana me llegarán el terminal y la nueva SIM, y me pondré manos a la obra con la configuración (intentando proteger mi privacidad dentro de lo posible) y las aplicaciones. Me instalaré WhatsApp pero trataré de usarlo con cabeza y no meterme en demasiados grupos, sobre todo si tienen mucho spam y fotos de gatitos en vez de información útil… Pero ¿quién sabe? La voluntad es débil, y a lo mejor le cojo el gustillo a eso de intercambiar chorradas y dejo de escribir en el blog… Al fin y al cabo, ¿cuánta gente queda que lo siga de verdad? Los lectores que me echéis de menos podéis iniciar un chat conmigo y nos intercambiamos emojis de cuando en cuando, para no perder el contacto.




En cuanto al ordenador portátil, por ahora no me voy a comprar uno nuevo, voy a aguantar con el que tengo. Está por ver si el cambio de 20 a 100 megas le sienta bien o mal al hardware al entrar en Internet; espero que sea lo primero… Por de pronto le he hecho una revisión a fondo (hasta donde yo llego, que no es mucho) para limpiar basurilla y aumentar el rendimiento, reduciendo el número de programas que se ejecutan al iniciarse Windows, eliminando archivos temporales, defragmentando el disco… Voy a ver si le puedo hacer un par de apaños adicionales o si le pido a algún amigo informático que le eche un vistazo y me diga qué más se puede cambiar para que me dure más tiempo. Me parece que al Windows 7 no le queda mucho de seguir recibiendo actualizaciones, pero ahora mismo no quiero pensar en eso, las cosas una detrás de otra…

A veces me entra una ligera sensación de culpa a fin de mes cuando miro mi cuota de la fibra óptica y pienso que tengo suerte por disfrutar de estos lujos del Primer Mundo… Afortunadamente, esa sensación se disipa en parte cuando recuerdo que, como ya os comenté una vez, también dedico un pequeño porcentaje de mi sueldo a colaborar con Oxfam Intermón, porcentaje que haciendo la división sale más o menos a 1,20€ cada día. Uno de los países en los que trabaja Oxfam es precisamente la República Democrática del Congo, de cuya crisis os hablé la semana pasada… A lo largo de los últimos años han ayudado allí proporcionando agua segura a la población, difundiendo información básica sobre higiene para detener el brote de ébola, construyendo cien puntos de lavado de manos que son utilizados por 120.000 personas y colaborando en la mejora de las instalaciones hospitalarias… Más adelante, si todo va bien y veo estabilidad en mi futuro laboral, tengo el propósito de aumentar mi cuota de Oxfam para que sea mayor que mi cuota de Internet y móvil, que ronda los 1,50€ diarios; tal vez no sea suficiente, pero yo al menos habré hecho mi parte… Al ritmo que vamos, no sé cómo estará este mundo de locos dentro de cincuenta años, pero una cosa es segura: pienso irme de aquí con la conciencia tranquila y la cabeza bien alta.


  

lunes, 8 de julio de 2019

Espejo Negro (II)


Mi padre me contó una vez que en uno de los trabajos que tuvo cuando era joven, en una empresa de fabricación de muebles, se encargaba de llevar la contabilidad de la empresa y las nóminas de los alrededor de cincuenta trabajadores, y que para todo eso le bastaba con una facturadora que tenía una memoria de algo menos de 1k… ¿Qué haríamos hoy en día con 1k? Absolutamente nada… Los paquetes de software aumentan de tamaño con cada nueva versión, requiriendo equipos de hardware con más espacio en disco, procesadores más rápidos y mayor memoria RAM. A veces el aumento de tamaño se debe a la introducción de aplicaciones que la mayoría de usuarios nunca utilizará, y otras a la desidia de los programadores que no se toman el tiempo necesario para depurar el código fuente. Por ejemplo, las versiones nuevas de los productos de Linux se pueden usar en computadoras antiguas, cosa que no se podría decir de los programas de Microsoft… A esto se suma que al cabo de un cierto tiempo los fabricantes de software dejan de proporcionar asistencia y parches para las versiones antiguas, con lo que resulta más peligroso seguir utilizándolas.

La semana pasada os expliqué cómo esto mismo ha hecho que mis dispositivos electrónicos se queden anticuados, y cómo a pesar de ello he aguantado lo máximo posible sin cambiarlos. Algunos podríais pensar que me resisto por una cuestión de dinero, por tacaño, pero no es así, os aseguro que lo hago por principios… De hecho, aquí tenéis una prueba de lo que digo: hace una semana y pico estaba dando una vuelta por el Parque Central poco antes del cierre y me encontré por casualidad un móvil abandonado sobre un bordillo. No había nadie en decenas de metros a la redonda, y el móvil parecía moderno y bastante caro; para mí habría sido muy fácil cogerlo y ahorrarme varios cientos de euros en un terminal nuevo, pero ni siquiera lo toqué, lo dejé allí para dar a su legítimo dueño la oportunidad de volver y recuperarlo… simplemente porque sabía que llevárselo estaba mal.




Como ya os comenté en la entrega anterior, estos últimos días he estado intentando decidir si me actualizo y me pongo WhatsApp o si aguanto un poco más, y para ello me he confeccionado una lista de pros y contras. Una de las principales razones en contra de comprar un móvil son los perjuicios derivados para el medio ambiente y para mucha gente en países en vías de desarrollo, así que pasemos a explicar esto con algo más de detalle… Ya hemos hablado antes en el blog de obsolescencia programada y percibida. Una buena fuente de información sobre la obsolescencia programada es el documental Comprar, Tirar, Comprar, coproducción franco-española de 2011 dirigida por Cosima Dannoritzer. En él se nos explica por ejemplo cómo los distintos fabricantes de bombillas se reunieron tan pronto como en 1924 y se pusieron de acuerdo para acortar la vida media de su producto a mil horas, dando lugar al llamado Cártel Phoebus, que no ha sido más que el principio de la historia. Muchas de las cosas que se comentan en el documental siguen vigentes hoy; al fin y al cabo no es tan antiguo, tiene los mismos años que mi móvil y mi portátil.

Por tanto, muchos de los aparatos que tenemos en casa están diseñados para romperse al cabo de un tiempo, y cuando eso pasa lo más habitual es que no haya recambios disponibles o que la reparación sea casi tan cara como la compra de un aparato nuevo… Pero hoy en día ni siquiera hace falta que el producto se estropee para que adquiramos otro; los responsables de marketing y publicidad de las compañías se encargan de bombardearnos con anuncios en los que todo es maravilloso y perfecto cuando la realidad que hay detrás es bien distinta, y la mayoría de consumidores tienen tan poco espíritu crítico que se tragan las mentiras con patatas. La actual preocupación de los diseñadores de productos es por tanto crear necesidades artificiales, no satisfacer necesidades reales. Es la llamada obsolescencia percibida: la tecnología se convierte en una moda más, y hay una auténtica obsesión por ser el primero en comprar la novedad más reciente del mercado. Con cada nuevo lanzamiento se forman colas enormes en las tiendas especializadas para hacerse con una de las unidades del último modelo… Las cifras hablan por sí solas: se estima que en el Mundo se vende casi medio millón de móviles cada día.




Y para fabricar todos esos terminales nuevos hace falta una gran cantidad de recursos naturales, recursos que son limitados, lo queramos o no. Se calcula que con un crecimiento del 2% anual en la producción, hacia 2030 se agotarían las reservas de cobre, plomo, níquel, plata, estaño y zinc. Ya en su día os hablé en el blog de la huella ecológica y os comenté que para que todas nuestras actividades actuales pudiesen continuar indefinidamente haría falta un planeta y medio. El actual modelo económico y comercial no es sostenible; las compañías multinacionales planifican sus estrategias pensando solo en sus beneficios económicos a corto plazo, no en las consecuencias a largo plazo y a muy distintos niveles, que ya no son tan fáciles de predecir (Las señales de que esto acabará mal son muchas, pero no hay peor sordo que el que no quiere oír).

Según la ONU en el Mundo se generan cada año cincuenta millones de toneladas de residuos relacionados con los aparatos electrónicos (uno de estos millones es español), que no se reciclan adecuadamente y acaban principalmente en vertederos de países en vías de desarrollo, antes en Asia y ahora más en África (por ejemplo en Ghana y Nigeria). La exportación de residuos electrónicos es ilegal en la Unión Europea, pero no en los USA; y aun así, muchas veces se exportan desde Europa aparatos calificados como “de segunda mano” que en su mayoría son ya prácticamente inservibles en su lugar de destino (Hecha la ley, hecha la trampa).

Arsénico, antimonio, berilio, plomo, níquel, zinc, cadmio o mercurio son solo algunos de los elementos presentes en los móviles que si no se tratan adecuadamente podrían contaminar la Naturaleza durante cientos de años, y que también son dañinos para nosotros. Las personas (en ocasiones niños) que manipulan estos aparatos para extraerles el aluminio y el cobre se ven expuestas a sustancias tóxicas como los citados plomo y cadmio, ftalatos o dioxinas que acaban afectando a su salud. Y la gente de estos países no solo tienen que soportar la contaminación, sino que a veces hacen de mano de obra barata para fabricar los productos (en zonas con legislación injusta o insuficiente, como el sudeste asiático, África, China, Brasil, México y Europa Central) que luego se venden con un amplio margen de beneficio en los países desarrollados, lo que contribuye a aumentar las desigualdades entre regiones (Actualmente el 15% de la población de los países desarrollados acapara el 56% de todos los bienes).




Por poner un ejemplo más concreto, quiero hablar ahora del coltán, mineral mezcla de colombita y tantalita muy apreciado porque con él se pueden fabricar condensadores muy finos y resistencias de alta potencia que permiten la miniaturización de los componentes de los dispositivos electrónicos. El problema está en que la producción anual apenas llega para satisfacer la demanda de nuevos móviles… La República Democrática del Congo cuenta con gran parte de las reservas mundiales, y allí la búsqueda de beneficios a toda costa por parte de las multinacionales ha hecho que se deje de lado la ética y se saque partido de la inestabilidad de la región y de una serie de guerras internas que se han cobrado en las últimas dos décadas unos cinco millones de muertes, genocidio difícil de explicar teniendo en cuenta que el coltán que lleva un móvil no supera los dos céntimos. Comunidades enteras destruidas, infinidad de casas reducidas a cenizas y miles de mujeres violadas han dado lugar a la considerada como la peor crisis humanitaria del Mundo, que afecta hoy en día a trece millones de personas; y para colmo una parte del país ha sido afectada por un brote de ébola… Incluso en las minas que no son de sangre se produce explotación infantil y los sueldos son ínfimos, de dos o tres dólares diarios, multiplicándose luego el precio del material hasta por trenta en la venta a las compañías.

En los últimos años, con la aprobación de normativas como la Ley Dodd-Frank, se han exigido más garantías de que los aparatos hayan sido fabricados sin materiales procedentes de zonas en conflicto, lo que ha impulsado a las minas africanas a intentar regularizar su situación y ha hecho aumentar la importancia como proveedores de Australia y Brasil (país este último donde algunos están preocupados por las agresivas políticas económicas de Jair Bolsonaro y la posibilidad de que acaben cometiéndose abusos sobre los indígenas, tal y como ha ocurrido en el Congo)… Resulta irónico que para que un niño de doce años en España pueda estar doce horas al día hipnotizado con la nariz pegada a su móvil tal vez tenga que haber otro niño de doce años en el Congo trabajando doce horas al día en una mina: lo más gracioso del asunto es que, si bien por distintas razones, ninguno de esos dos niños tendría que llevar ese tipo de vida; pero mientras mucha gente en África tiene problemas de verdad nosotros aquí nos angustiamos por estupideces, por nuestros putos problemas del primer mundo.




Pero no seamos negativos y hablemos también de soluciones… En Francia por ejemplo ya se han tomado medidas legales en 2014, con multas y hasta penas de cárcel, para evitar la obsolescencia programada, y las empresas están empleando materiales de mejor calidad en sus productos para que duren más. En 2016 Suecia redujo el IVA del 25% al 12% en la reparación de aparatos electrónicos para tratar de prolongar su vida media. También hay empresas que se dedican a combatir la sulfatación de las baterías viejas para hacer que funcionen correctamente durante más tiempo. Y uno de los resultados más palpables de este movimiento antiobsolescente es el Fairphone, móvil modular en el que las piezas se venden por separado y son fácilmente reemplazables, y además están fabricadas siguiendo criterios de comercio justo (Y parece que están teniendo buenas ventas).

Una vez hayamos usado nuestros aparatos lo máximo posible, hemos de reciclarlos correctamente, llevándolos al punto limpio más cercano de nuestra ciudad, o reutilizarlos formateándolos y donándolos a alguna ONG que les proporcione una segunda vida con usuarios que no pueden permitirse comprarlos, tal como un lector de este blog me ha comentado por privado que hace… Es importante estar bien informados sobre estas cuestiones, lo cual a veces no resulta fácil en esta sociedad consumista y superficial; por ejemplo los buscadores de Internet, al ser preguntados por el tema, supondrán siempre primero que quieres comprar, no evitar el despilfarro, con lo que los resultados que buscas tendrás que ir a encontrarlos al fondo de la página… Pero que la información sobre el agotamiento de los recursos naturales o sobre los minerales de sangre sea más difícil de encontrar no significa que el problema sea menos grave. La verdad es que no acabo de entender cómo esa gente que cambia dos o tres de sus dispositivos cada año puede ser tan obtusa y corta de miras como para no ver más allá de sus propias narices por mera pereza intelectual, impasible ante el sufrimiento de otros o incluso ante nuestro propio sufrimiento futuro con tal de conseguir un poco de gratificación instantánea o una ilusoria sensación de alto status.




Al problema de la obsolescencia programada y percibida se le añade el de nuestra privacidad y lo mucho que las grandes compañías averiguan de nosotros sin nuestro permiso para ampliar aún más su margen de beneficios, pero no me voy a meter en detalle en ese tema porque la entrada se haría larguísima… En resumen, os animo a hacer durar vuestros dispositivos un poco más antes de reemplazarlos por otros nuevos; no nos fijemos tanto en las especificaciones y la potencia de un aparato como en la manera en que lo vamos a usar… Haciendo un paralelismo con los videojuegos, muchas veces un juego antiguo con reglas muy sencillas y que no requiere apenas memoria resulta más divertido que uno nuevo hiperrealista con unos gráficos de la leche, y la primera impresión, la fachada, acaba siendo lo de menos.

Tal y como me sucede a veces, me he dado cuenta sobre la marcha de que tenía material de sobra para una tercera entrega, así que la semana que viene, en la conclusión, me centraré de nuevo en las redes sociales y hablaré de los aspectos más sociológicos y psicológicos del problema, y de cómo estas herramientas virtuales han cambiado la Vida real de las personas, a veces para peor. Trataré también de establecer una correlación entre el aumento de usuarios de WhatsApp y la disminución de comentarios en La Belleza y el Tiempo y, lo que es más importante, os explicaré las razones por las que al final he decidido cambiarme la tarifa, comprar un móvil e instalarme la dichosa aplicación.



martes, 2 de julio de 2019

Espejo Negro (I)


En la primera parte de esta entrada doble voy a relataros algunas de mis desventuras con los dispositivos electrónicos y el software que utilizan… Empecemos hablando de mi ordenador portátil. Lo cuido bastante bien, tiene ocho años y aun así está prácticamente nuevo. Hoy en día lo uso básicamente para las mismas tareas que hace casi una década, por lo que en teoría no debería haber ningún problema con él; sin embargo, las nuevas versiones del software son cada vez más pesadas y requieren equipos más potentes… Hace ya casi un año, después de ejecutar una actualización de Firefox, noté que YouTube me funcionaba muy lento y hacía que se colgase el ordenador. No era la primera ni la segunda vez que tenía un susto de este tipo así que, ya un poco harto, tomé la drástica decisión de restaurar la versión anterior e impedir las actualizaciones de Firefox a partir de ese momento.

El funcionamiento del portátil volvió a la normalidad, a excepción de los insistentes mensajes diarios diciéndome que Firefox estaba muy desactualizado, mensajes que yo ignoraba sistemáticamente. Así seguí durante varios meses, y el único contratiempo que tuve fue que una de las actualizaciones de Windows disponibles (a final de mes ejecuto solamente las que son imprescindibles) no se instalaba correctamente, tal vez por culpa del Firefox o por cualquier otra razón, vete tú a saber. Consulté mi situación con algunos amigos que controlan de informática y me dijeron que esto era un poco peligroso a la hora de defenderse contra posibles virus informáticos, pero lo único que pasó fue que en un par de ocasiones el antivirus se activó al detectar erróneamente al Flash Player como una amenaza, lo que se solucionó simplemente reiniciando el portátil.




Cuando la cosa se puso algo más fea no fue por mi culpa, sino de los programadores de Mozilla: el pasado 3 de mayo, debido a un bug con la caducidad de un certificado, dejaron de funcionar los complementos en Firefox, entre ellos el AdBlock Plus que elimina la molesta publicidad de las webs por las que vas navegando. En la semana y pico o dos semanas que pasaron hasta que encontré la solución más sencilla tuve que estar soportando con una paciencia de santo los anuncios intercalados en los vídeos de YouTube (Creo que os hablé de ello hace poco en el blog… Lo de la publicidad en Internet daría para escribir otra entrada entera. Hace dos o tres semanas El País me obligó a desactivar el AdBlock Plus en su página, pero en este caso se trata de un problema menor; basta con no mirar a los márgenes, nadie te interrumpe mientras estás leyendo los artículos de prensa, cosa que sí ocurre en los vídeos).

Finalmente, después de este pequeño impasse, instalé la nueva actualización de Firefox que incluía el parche para poder activar de nuevo los complementos (incluido el AdBlock Plus), pero librarme de los anuncios me llevaba de vuelta al problema inicial: durante unas semanas estuve al loro, a ver si el portátil funcionaba lento en ocasiones… Las actualizaciones de Windows se instalaban ya correctamente pero, como me temía, Firefox se volvió a colgar varias veces, sobre todo cuando tenía abiertas muchas pestañas simultáneamente. Así que hace muy poco me descargué el complemento que permite restaurar la versión clásica de YouTube, que no lleva Polymer y por tanto (supuestamente) no va tan lenta en Firefox y Edge (la versión nueva funciona perfectamente en Chrome; hay quien dice que esto es una artimaña de Google para que los usuarios se pasen a su software). Llevo unos pocos días con el YouTube Clásico y por ahora no estoy teniendo problemas, pero veremos cuánto dura la cosa…




Hablemos ahora de otra de mis pantallas, esta de menor tamaño: si el portátil lo uso más para consultar información, el móvil lo utilizo exclusivamente para la otra mitad del acrónimo TIC, es decir, para la comunicación. Mi primer móvil era de los de tapita, de los que se abrían en plan bisagra para hablar. Me duró más de una década pero al final la batería empezó a hacer cosas raras, así que heredé de mi padre otro más moderno que funcionaba bien pero que a él se le había quedado corto de prestaciones (o sea, de memoria para las fotos, etc). Calculo, por tanto, que este segundo aparato no llegará a la década de antigüedad desde que lo compró mi padre, pero debe andar cerca, más o menos como el portátil…

Lo tengo sin datos contratados, con una tarjeta prepago, y cada seis meses la compañía me obliga, para no dar de baja la tarjeta, a recargar un mínimo de diez euros, saldo que no llego a agotar en el siguiente semestre porque, al no ser una persona que decida sus planes en el último momento, en lugar de depender de los SMS o las llamadas suelo comunicarme más por e-mail… o al menos lo intentaba hasta hace poco. Para acceder a Internet me basta con mi conexión de casa, de fibra óptica de 20 megas; el técnico que me la instaló, que parecía bastante competente, me dijo que su conexión era de 5 megas y que le sobraba para funcionar ya que, como yo, no jugaba a videojuegos ni necesitaba demasiada rapidez. Al no disponer de datos en el móvil, lógicamente no tengo WhatsApp; estuve a punto de instalármelo en 2017 para la búsqueda del nuevo piso y la mudanza, pero al final no me hizo ninguna falta.




Como os decía, para estar en contacto con mis amigos y conocidos utilizo sobre todo los e-mails o en su defecto los SMS, pero en el último par de años se está volviendo cada vez más difícil estar al día de los planes interesantes solo por estos medios… Recuerdo que a principios del milenio las listas de correo electrónico bullían de actividad, a veces con contenidos interesantes y otras con chorradas. Poco a poco las listas se fueron utilizando menos, a medida que surgían otros foros con formatos más ágiles y atractivos para intercambiar información (y también en algunos casos para no sentirse solo, no nos engañemos), como los muros de Facebook, los hilos de Twitter o las stories de Instagram… Por estos lares a mí ya no se me vio, no estoy en las redes sociales; prefiero filtrar mejor el tipo de personas que tienen acceso a mi intimidad (por eso este blog es anónimo). No me gusta la interacción meramente digital con la gente, ya he comentado muchas veces en La Belleza y el Tiempo que prefiero utilizar Internet para quedar con los amigos en persona, es decir, como un medio y no como un fin en sí mismo.

Hoy en día, frente al estancamiento de Facebook, los nuevos corrillos digitales son los grupos de WhatsApp, y por falta de tiempo hay mucha gente que ya no da abasto a la hora de revisar todos los formatos anteriores… Hay quien te responde a tu e-mail una semana o incluso un mes después, y gente que ya ni siquiera te responde (no sé si porque ya no los leen o porque ya no se dignan contestar por un medio tan anticuado y con tan poco glamour, a no ser que se trate de una notificación de Hacienda). En algunos de estos casos ya ni siquiera los SMS reciben respuesta, hasta el punto de hacerse necesaria la llamada normal o el WhatsApp. Realizar una llamada no me supone ningún problema cuando se trata de una interacción de individuo a individuo, pero hay veces que la propuesta de quedar para hacer algo no parte de mí, sino que la idea surge vagamente en un grupo de WhatsApp y no llega a perfilarse y tomar forma hasta el último momento, con lo que no me da tiempo a enterarme del plan.




Y llegamos así a la pregunta del millón: todo esto me está haciendo pensar si no sería una buena idea instalarme el WhatsApp en el móvil… Pero entonces me surge la siguiente duda: ¿lo uso sin datos, revisándolo cada tarde con el wifi de casa, o ya puestos me pongo conexión en el móvil, como me recomienda mi hermano? Hasta ahora me he apañado perfectamente sin ella; ya os he dicho antes que soy una persona organizada y por ejemplo cuando salgo de casa sé perfectamente cómo llegar a mi destino sin necesitar Google Maps… Lo de ponerme o no datos no es cuestión de dinero, porque seguramente la cuota mensual que pagaría si cambiara de tarifa de fibra óptica incluyendo la conexión del móvil sería más o menos la misma, incluso puede que un par de euros más barata, y con 100 megas de wifi en lugar de 20… Tampoco creo que haya problema en que móvil e Internet los tenga actualmente en dos compañías distintas; seguro que mi permanencia terminó hace años y se podría arreglar. Ni siquiera sería un problema la cantidad de chorradas, chistes malos, memes y fotos de negros del wassup que sé que me llegarían, por mucho que seleccionase en qué grupos entro; supongo que tarde o temprano me acostumbraría a detectarlos y leerlos en diagonal sin necesidad de prestar mucha atención.




El verdadero problema está en que a lo mejor la última versión de WhatsApp le queda grande al móvil heredado de mi padre, que un modelo tan antiguo tal vez ya no la soporta… O que para sacar el máximo partido a esos 100 megas, si me los cambiara, tal vez tendría que comprarme un nuevo portátil (con una tarjeta de red mejor, con más memoria RAM o vete tú a saber con qué otras prestaciones), a pesar de que el mío todavía está en perfectas condiciones. ¿Y por qué sería un problema, sobre todo teniendo en cuenta que con un portátil nuevo solucionaría además las pequeñas dificultades experimentadas con Firefox y YouTube de las que hablaba antes? No lo sería tanto por el dinero que cuestan el móvil o el portátil (que también) o por el tiempo que requiere comparar y escoger los modelos más apropiados para mi caso (que también… ¡Decisiones, decisiones!)…

La principal razón para pensárselo dos veces no está relacionada conmigo, mi tiempo o mi dinero, sino con la conservación del Planeta y el bienestar de personas que no conozco, en países muy lejanos… La semana que viene lo explicaré en detalle. Espero que esta primera entrega no os haya resultado demasiado aburrida, pero me interesaba poner de manifiesto (y creo que lo he conseguido) que mantenerse al día con estas máquinas infernales es complicado y requiere echarle muchas horas y neuronas (que seguramente deberíamos estar dedicando a cosas más importantes). En la segunda entrega hablaremos de obsolescencia programada y percibida y de la diferencia entre cómo se usan las redes sociales y cómo deberían usarse… Y sobre todo os diré cuál ha sido mi decisión respecto a ponerme o no WhatsApp, y si eso conlleva comprarme algún aparato nuevo; estos datos no los omito aquí para generar un emocionante cliffhanger, sino porque todavía yo mismo estoy en proceso de investigarlo y decidirlo… Se aceptan sugerencias en los comentarios.



lunes, 24 de junio de 2019

Grietas en la Pared (V)


Como la entrada de la semana pasada acabó siendo bastante larga, he pensado que estaría bien publicar hoy una más ligera, con algunas de mis fotos. Además, veo en las estadísticas de las etiquetas del blog que el equilibrio entre Belleza y Tiempo se decanta ligeramente hacia la primera, con 149 referencias frente a las 141 del Tiempo, así que para compensar un poco os dejo aquí la quinta entrega de imágenes de edificios antiguos o abandonados de Valencia… Espero que disfrutéis del misterioso poder evocador de las grietas, desconchones, mallas y puertas clausuradas.












lunes, 17 de junio de 2019

Divertidas Consecuencias (V)


Empecé esta entrada múltiple mezclando el entretenimiento con la política, así que me vais a permitir que en esta quinta entrega sobre los programas de David Broncano hablemos un poco de sexo… La semana pasada nos dejamos por comentar una última categoría en la que podríamos incluir a las entrevistas de La Resistencia: el Tinder de Broncano. Se trata de una serie de cantantes, actrices y deportistas con las que según los comentarios de YouTube se ha visto verdadera química con el presentador… Está claro que muchos de los que comentan en este sentido solo ven lo que quieren ver, y lo que no ven se lo inventan (me atrevería a aventurar que son internautas sin una vida sexual muy activa; probablemente la gente con pareja no tiene tanto tiempo para escribir o leer comentarios de este tipo en YouTube), pero sí es verdad que varias invitadas han hecho amagos de coqueteo, no sé si de forma sincera o simplemente para dar más espectáculo y hacer la entrevista más entretenida y más viral… A lo mejor lo que ocurre es simplemente que David las hace reír y se relajan, con lo que están más luminosas y nos parecen más sexys.




Pasemos a enumerar algunas de las invitadas que me han resultado especialmente atractivas, hayan tenido o no más o menos feeling con Broncano… Aparte de Ingrid, de la que ya hemos hablado varias veces, una de las primeras entrevistadas que me pareció un soplo de aire fresco fue Brisa Fenoy, que estuvo bastante simpática hablando de su música y se rió mucho con los chistes del pachacho (Si no recuerdo mal, él le echó bastantes cumplidos… ¿solo buenos modales o algo más?). La nadadora Ona Carbonell fue la primera a la que recuerdo haciendo comentarios abiertamente sugerentes, y a las pruebas me remito: ya en los dos primeros minutos le dijo que se sentara más cerca y se le abrió de piernas. Más adelante Quequé llevó al programa a Natalia de Operación Triunfo, mito erótico de la adolescencia de Broncano y protagonista según sus propias palabras de muchas noches solitarias… Al final de la entrevista se subieron los dos a la mesa a bailar y ella le pegó unos azotes en el trasero por haber sido un niño malo. También fue a que la entrevistaran la guapísima Leonor Watling, que a pesar de tener marido y dos hijas, preguntada por su año de nacimiento, respondió juguetona “¿De qué año quieres que sea?”, tumbándose en el sofá para una sesión de psicoanálisis y mandándolo a él tumbarse después… Aquí empezaron ya en los comentarios los chistecitos sobre milfs, mature women y confused young boys.

Ya en la segunda temporada se produjo la visita de la inocente y virginal Michelle Jenner, que no dio lugar a ningún malentendido de tipo sexual pero hizo que a más de uno se nos desbocase la imaginación (más que nada porque tenemos la mente algo sucia)… Y llegamos a la actriz Adriana Torrebejano, que fue a presentar la película La Sombra de la Ley y estuvo bastante simpática, riéndose mucho y demostrando que realmente le gustaba el programa y conocía sus entresijos; también es verdad que estuvo un poco pesadita colocándose la torera (que enmarcaba su generoso escote), atusándose el pelo o humedeciéndose los labios cada cinco segundos, lo que sin duda captó la atención del presentador. Y por si no fuera suficiente, le aclaró a Broncano que interpretaba en la peli a una caberetera de sriptease y que enseñaba “mandanga de la buena”… Parece que la estrategia surtió efecto, porque se comenta que Broncano le dio SuperLike en el Tinder y formaron (¿forman?) pareja: se les vio juntos en un par de sitios y durante un tiempo el pachacho solo la seguía a ella en Instagram. La entrevista con Adriana tuvo momentos de alta tensión, pero no fue nada comparada con la de Noemí Casquet, de la que hablaremos luego.




Antes de llegar a eso, hablemos un poco de mí; al fin y al cabo este es un blog personal, así que de vez en cuando tendré que contar aquí “mis mierdas”, como suelen decir los modernos. Paso a comentar las similitudes entre Broncano y yo, tanto en nuestra forma de ser como en las cosas que nos gustan y no nos gustan… En primer lugar, ambos somos graciosos, tenemos vis cómica y rapidez para la respuesta ingeniosa (reconozco que él es mejor, pero yo tampoco me quedo corto). Tenemos una verdadera obsesión por el orden y por que las cosas sigan un formato canónico. No nos gusta bailar ni disfrazarnos solo porque lo hagan o nos lo digan los demás, pero sí cuando nos apetece y nos lo pide el cuerpo (por cierto, él canta y baila peor que yo). Y a ambos nos gustan estilos similares de música, como el hard rock y según qué heavy metal.

A pesar de que hay gente que nos mira como a bichos raros por ello, no bebemos alcohol, aunque eso no nos impide ser extrovertidos y desinhibidos cuando estamos de fiesta con los colegas. Tampoco fumamos, e intentamos comer sano. Siempre tenemos muchas cosas que hacer, así que solemos apurar al máximo a la hora de acudir a una cita; tenemos facilidad para dormirnos muy rápido y me da en la nariz que a ambos nos gusta levantarnos tarde. Aunque él sabe mucho más de deportes y yo mucho más de cine, los dos tenemos bastante culturilla general y curiosidad por aprender cosas nuevas cada día, somos hombres del Renacimiento. También somos grandes apasionados de la Ciencia y la Ingeniería (además de Publicidad, Broncano estudió algunas asignaturas de Física porque le apetecía), así como del pensamiento crítico y racional, derivándose como consecuencia lógica de esto último que ninguno de los dos seamos creyentes.




Otra declaración que le he oído hacer y con la que estoy de acuerdo es la de no ser partidario de una relación puramente física, sin al menos algo de amor o afecto… pero esto no quiere decir que seamos unos chapados a la antigua o unos puritanos con respecto al tema; al contrario, no tenemos problema en hablar de sexo y lo vemos como algo bueno y saludable, una forma más de expresión de la libertad de las personas… Una prueba clara de esto está en cómo afrontamos en su día la entrevista con Noemí Casquet, él como entrevistador y yo como espectador. Esta periodista especializada en temas de erotismo venía a presentar su libro, pero sorprendió a Broncano al cederle un pequeño mando a distancia que controlaba un vibrador que llevaba metido en la vagina

A pesar de lo insólito de la situación, el de Orcera se lo tomó con total naturalidad y siguió haciendo comentarios tan graciosos como de costumbre. Uno de los grandes momentos de la entrevista ocurrió cuando Noemí le dijo “¿Te acuerdas de mi coño, por cierto?”, a lo que Broncano respondió inmediatamente, pulsando el botón con alegría: “¡Adelante, a funcionar!”… La propia Noemí no pudo hablar por un momento porque se descojonaba viva, y Ricardo Castella tuvo que sentarse porque estaba llorando de la risa. En cuanto a mis reacciones, la entrevista me encantó: reconozco que, una vez vencida la incomodidad inicial, me produjo cierta excitación, pero sobre todo a medida que avanzaba me pareció más y más divertida y por tanto muy liberadora, una buena manera de romper tabús y prejuicios respecto a este tema y ayudar a normalizar el disfrute de nuestra sexualidad… Os aseguro que al terminar de verla ya no era exactamente la misma persona que antes.




En esta época del año, cuando se va acercando San Juan y el inicio del verano, las chicas empiezan a llevar manga corta y lucir más carne y yo me pregunto con más frecuencia de lo habitual por qué llevo tantos años sin tener una relación como es debido… Ya sé, ya sé que el sexo no es lo único importante, y que en otros campos de la Vida soy muy afortunado, pero después de ver por la calle a tanto guapete gilipollas con pareja permitidme al menos mi derecho al pataleo… Ya que estoy hablando de cosas en las que nos parecemos, me pregunto si Broncano ligará mucho desde que es más conocido. No es especialmente guapo: con esos ojos tan separados, saltones y ligeramente desviados, esa nariz prominente y esos dientes desordenados se parece (más aún cuando no llevaba barba) al perezoso de Ice Age; los dos estamos ahí, ahí en cuanto a atractivo físico, resultones y poco más…

Pero David tiene carisma y personalidad, es muy ingenioso y además, gracias a una mezcla de trabajo duro y suerte, ahora es famoso, gana pasta y tiene el programa de La Resistencia, que es una plataforma ideal para acceder a potenciales parejas sexuales. Es difícil saber si realmente liga más o no, porque es muy celoso de su intimidad. Su relación con Adriana Torrebejano se comenta por ahí, pero no se sabe a ciencia cierta si ha sucedido realmente, qué grado de compromiso ha supuesto para ambos o si dura aún en la actualidad, y lo mismo pasa con algunos otros nombres que se barajan al respecto. Este tema me interesa porque si Broncano está teniendo ahora más suerte con las mujeres eso significa que el mío tampoco es un caso perdido.




Volvamos a La Vida Moderna. Allí tenemos a Quequé, que aunque ya madurito es bastante guapete (y además tiene una voz radiofónica que te preña solo con oírla) y seguro que no tiene problema para ligar de vez en cuando. Luego está Broncano, medio apañao de cara y muy gracioso… Y después está Ignatius Farray, bastante menos atractivo físicamente (calvo, gordo y miope) y sin ninguna intención de disimularlo, siempre muy dejado en cuanto a la ropa e incluso el aseo personal, poco dispuesto a cambiar su forma de ser por una mujer. Desconozco también si Farray tiene pareja actualmente (alguna vez ha hablado de su novia en el pasado) y qué tipo de relación abierta o cerrada mantiene con ella, pero es el único de los tres que en el programa de radio hace de vez en cuando bromas que no son sino intentos poco disimulados de pillar cacho (como dice Quequé, todos sus personajes siguen un fin). Los otros dos copresentadores le paran los pies y se quejan a veces de que está muy salido, pero seguramente es porque ellos tienen bastante más facilidad para ligar. Sin ir más lejos, es de sobra conocido que Farray y Broncano perdieron la virginidad aproximadamente en la misma época, Ignatius con veintinueve años y David con dieciséis (en este aspecto yo me acerco más al canario).

Incluso se podría hacer un paralelismo a nivel creativo: Quequé es el que menos se esfuerza, el más vago del programa, mientras que Broncano reserva energías para La Resistencia e Ignatius siempre se curra mucho más sus secciones… Me hace pensar que los que no somos demasiado guapos y además queremos ser fieles a nuestros principios y no nos gusta fingir para ligar siempre lo tenemos mucho más difícil para conseguir que alguien nos bese o nos abrace en la cama por las noches, lo que me parece bastante injusto (incluso el propio Farray hace veladas referencias a esta injusticia en su serie El Fin de la Comedia).




No es la primera vez que comento que una de las razones por las que empecé a escribir el blog (aparte de para ordenar mis ideas, aumentar mis conocimientos y conectar con otras personas intelectualmente afines, objetivos todos cumplidos en mayor o menor medida) fue para intentar encontrar esa alma gemela con la que poder iniciar una relación a un nivel más íntimo, no solo intelectual sino también físico. Si algunos sostienen que La Resistencia es el Tinder de Broncano, se podría decir que La Belleza y el Tiempo es en cierto modo el Tinder de Kalonauta, tal vez el anuncio de contactos más currado de la historia… y está por ver si también el más inútil; os aseguro que por ahora no ha funcionado en absoluto.

¿Tendré suerte si sigo trabajando duro y escribiendo entradas interesantes, “currándome mi sección”? ¿Encontraré aquí algún día una serie de comentarios o recibiré un privado escrito por mi alma gemela? Está claro que en el campo de la conquista amorosa no soy un Quequé, pero ¿seré más un Broncano o acabaré convertido en un Ignatius, en un payaso triste al que te puedes encontrar solo y borracho por los bares de Malasaña? ¿Necesito tal vez un formato algo más dinámico y visual, como hacerme youtuber, para conseguir ligar? ¿Ayudaría en algo olvidarse del anonimato e incluir fotos mías aquí? ¿Tal vez debería pensar a lo grande y pasarme por las oficinas de El Terrat para dejarles mi currículum y preguntarles si tienen a bien producir un programa presentado por mí? ¿O acaso me estoy equivocando por completo, el Tinder de Broncano no es más que un mito del Club de la Una y el famoso presentador de Orcera también pasa la mano por la pared? Lo sé, lo sé, son demasiadas preguntas sin contestar, pero a estas alturas los lectores del blog ya deberíais haber comprendido que esta Vida es complicada y no suele tener respuestas fáciles.




Que quede claro, antes de seguir, que si ligo tan poco no es porque no pueda, sino porque no quiero… Tras largos años de observación he llegado a la conclusión de que en la mayoría de casos están sin pareja los que no pueden conseguir una o los que pueden aguantar sin ella. En mi caso soy de los segundos; como decía Rust, el personaje de Matthew McConaughey en True Detective, no tengo novia porque sé lo que quiero y porque no tengo miedo a estar solo. Ya he explicado muchas veces en el blog que encontrar a la pareja ideal es muy difícil, pero yo no me rindo, así que os vuelvo a recordar mis cualidades positivas… Aparte de las ventajas que he enumerado antes, las que tengo en común con Broncano, ya os comenté en su día que voy bien servido de los distintos tipos de inteligencia También os hablé de los genes “Rodríguez de la Sierra” que he heredado de la rama materno-materna de mi familia, por los que tengo un metabolismo bastante agradecido, una esperanza de vida que rebasa sobradamente los noventa y una salud de hierro (no recuerdo haberme puesto enfermo como para faltar al trabajo ni un solo día en los últimos diez años)… Y si con esto no os basta para animaros y darme like en el Tinder, queridas lectoras sin compromiso, os voy a proporcionar otra razón de peso.




Es curioso que cuando empiezas a escribir una entrada nunca sabes cómo va a acabar… Jamás imaginé que esta fuese a desembocar aquí pero, ya que llevamos varias semanas hablando de libertad de expresión, escatología, pajas, vibradores y transgresión, creo que es el momento perfecto para convertir durante un par de párrafos este blog en un Tinder de verdad, crudo y seco (De perdidos al río…). A ver cómo puedo compartir con vosotras un par de detalles más íntimos, como hacen los invitados que responden a las preguntas del dinero y de follar, sin ser demasiado grosero o explícito… Digamos que en lo referente al sexo estoy muy bien dotado, con un 20% más que la media española en cuanto a tamaño en excitación (Si queréis hacer los cálculos tendréis que buscar el dato vosotras mismas).

Y aquí viene el otro detalle: por lo general esto no se me nota porque (aparte de que no suelo llevar pantalones ajustados) soy grower, no shower; en otras palabras, que en mi caso hay que frotar la lámpara para que salga el genio (Esta clasificación entre penes de sangre y de carne es otro de los datos que he aprendido últimamente escuchando La Vida Moderna… ¡No te acostarás sin saber una cosa más!). También es mala suerte, tiene narices que ni siquiera en esto del tamaño mis cualidades positivas sean evidentes en una primera impresión… Habiendo dicho esto y añadiendo lo de mi gracia y salero naturales, y a la vista de lo experimentado en mis anteriores relaciones, me creo por tanto plenamente capacitado para hacer que una mujer se muera de risa y se corra de gusto a la vez en la cama… Francamente, no sé a qué estáis esperando para contactar conmigo, chicas.




¡Ya está, ya lo he dicho! No puedo creer que acabe de dar mis medidas íntimas en el blog; disculpad si os ha parecido algo fuera de lugar, pero es que son ya muchos años de soledad, y pocos cartuchos más me quedan por quemar… Como se suele decir, situaciones desesperadas requieren (permitidme el juego de palabras) medidas extraordinarias. Ahora ya sabéis de mí tanto o más que mis amistades más cercanas… A la que le encanten los contenidos de este blog le encantaré también yo tal y como soy, así que a esa la animo a ponerse en contacto conmigo, que no se arrepentirá Os recuerdo una vez más que si aún no estáis seguras del todo y queréis saber qué aspecto tengo solo tenéis que mandarme un mail y os enviaré una foto por privado… Pues con esto poco más queda por decir. Si el anuncio de contactos de esta quinta entrega no funciona, siempre nos quedarán las risas de los enlaces de las cuatro anteriores, pero yo no pierdo la esperanza… Espero que haya suerte más pronto que tarde y que haber tomado esta decisión, lanzándome a la piscina de cabeza, acabe teniendo para mí picantes y por lo tanto divertidas consecuencias.