martes, 1 de noviembre de 2016

A Partir de Aquí, Cuesta Abajo


Desde que diseñé mi Mapa de Etiquetas y empecé a escribir en el blog hace unos años han aparecido dos o tres conceptos nuevos que no dejaban de venirme a la cabeza a la hora de redactar las entradas y conectarlas entre sí en un todo coherente; una de las palabras que aun no estando en el andamiaje del Mapa bien podría figurar en la lista de etiquetas es “Equilibrio”, que está relacionada con la de Sencillez, aunque con matices ligeramente distintos. Para hablaros de equilibrio debo empezar explicando qué es una función de mérito. En el terreno de las Matemáticas y la Ciencia una función es una representación gráfica de la relación entre dos variables: la que podemos modificar de forma directa (en el eje horizontal) y la que esperamos modificar indirectamente a partir del cambio anterior, a ser posible en nuestro beneficio (ésta se representa en el eje vertical). Cuando la relación entre ambas variables es sencilla y no hay otros factores adicionales que influyan en el resultado final, la función suele ser siempre creciente o siempre decreciente.

Pero cuando la relación es más compleja (y la mayoría de las cosas que importan en la Vida lamentablemente lo son) puede ocurrir que al cambiar el valor de la coordenada horizontal se estén modificando indirectamente otras variables ocultas que afectan al resultado en sentido opuesto, con lo que hay una lucha entre factores antagónicos y la gráfica final tiene una forma más complicada, creciendo primero y decreciendo después, alcanzando un máximo en forma de joroba. En estos casos en los que el resultado depende de más de un factor es algo más difícil alcanzar el valor óptimo de la coordenada vertical, y en tu elección de la coordenada horizontal corres el riesgo de pasarte o quedarte corto; de ahí se deriva que “más” no siempre signifique “mejor”. No es la primera vez que hablamos de esto: ¿os acordáis de la filosofía del “Todos-Mejor-Siempre” en contraposición a la del “Yo-Más-Ahora”?




Estas funciones de mérito se pueden aplicar por ejemplo a la cantidad de bienes materiales que uno tiene y la satisfacción que éstos le reportan: hasta cierto punto disponer de más dinero y propiedades te hace la Vida más fácil, pero llega un momento en que poseer demasiadas cosas hace que te agobies y no puedas disfrutar de ellas como deberías, olvidándote en el proceso de otros bienes inmateriales tanto o más importantes. En relación con esto, también se puede aplicar la presente teoría a la elección de los productos que compras: ¿es mejor escogerlos de gama baja o de superlujo? Seguramente los más baratos del mercado serán de mala calidad, y se romperán antes o no funcionarán del todo bien; por otro lado, cuando compras los productos más caros estás pagando no sólo por sus prestaciones reales sino también por otros detalles superfluos que sólo sirven para hacerlos exclusivos, para permitirte alardear de que tú sí puedes permitirte adquirirlos y otras muchas personas no pueden. Yo siempre escojo los productos de gama media, que tienen buenas prestaciones pero sin pagar un extra por lujos innecesarios; al fin y al cabo, sólo los inseguros y los ignorantes necesitan alardear ante los demás.

Resulta muy curioso este mundo del marketing, que a veces va en contra de toda lógica… Normalmente los primeros avances y modificaciones que se hacen a una nueva invención son realmente útiles, pero cuando el asunto está ya suficientemente perfeccionado se les plantea a los publicistas una duda cruel; y es que los humanos, para no aburrirse, necesitan siempre novedades y cambios, aunque sean a peor. La percepción equivocada de que lo nuevo siempre es mejor lleva por ejemplo a hacer pequeñas modificaciones y presentar el producto bajo un nuevo nombre, acumulando cambio sobre cambio y nombre sobre nombre hasta llegar a extremos tan ridículos como el de Kalia Vanish Oxi-Action Crystal White… Hablando de productos limpiadores, me hace gracia el hecho de que, si hacemos caso a la publicidad, siempre son todos geniales hasta que sale la fórmula mejorada, momento en el cual la fórmula antigua pasa a ser de golpe una auténtica basura… ¿En qué quedamos? Otro recurso para obtener más beneficios es el de presentar las nuevas soluciones a un problema como si fueran mejores cuando en realidad son simplemente distintas, aprovechando para incluir un sobrecargo monetario que a veces no está justificado (me viene a la mente el ejemplo de los colchones de muelles y los viscoelásticos). En los casos más extremos el aumento de precio viene justificado por cambios que no han mejorado apreciablemente la calidad del producto, o que directamente la han empeorado; aquí entramos ya en el terreno del fraude…




Las funciones de mérito se pueden aplicar también en el nivel creativo, ya que en toda actividad de este tipo por un lado se adquiere experiencia y la técnica se perfecciona, pero por otro las buenas ideas se van agotando: puede pasar por ejemplo que un grupo musical saque durante un tiempo discos cada vez mejores y luego la calidad vaya hacia abajo, por agotamiento o por mera dejadez de sus componentes. Lo mismo ocurre con las temporadas de una serie de televisión o con las secuelas de una franquicia cinematográfica: los guionistas pueden mantener un alto nivel de originalidad durante un tiempo, pero llegará un momento en el que se empezarán a repetir una y otra vez las mismas fórmulas, perdiéndose la chispa… Como suelo decir cuando salgo de marcha hasta la madrugada, “Una retirada a tiempo es una victoria”, y a veces hay que saber cuándo plantarse. Ya hemos hablado de esto en otra ocasión, pero se me ocurre un ejemplo más reciente: la excelente primera temporada de True Detective, que a modo de miniserie narraba en ocho episodios una historia hasta su conclusión, cambiando de personajes y de trama en la siguiente temporada.

En ocasiones no es la falta de ideas originales sino el aumento del número de seguidores lo que hace que una iniciativa creativa pierda su gracia (es lo que se llama morir de éxito). Pienso en esos grupos musicales de fama internacional que, hartos de llenar estadios en sus conciertos y de ser acosados por sus fans, echan de menos las actuaciones en locales más reducidos y el contacto más directo y más normal con su público, con lo que no consiguen motivarse para componer las canciones de su nuevo disco. También están los que no sacan nuevos trabajos porque están muy a gusto en la piscina de la mansión que se compraron con las ganancias de sus primeros discos; o aquellos que, con vistas a expandirse a un mercado lo más amplio posible, limaron sus aristas y se autocensuraron a la hora de crear, perdiendo así parte de su gracia… Un ejemplo excelente de una iniciativa que echó el freno justo en el momento de mayor afluencia de público es el de Desayuno con Viandantes; los amigos de Desayunos comprendieron también que un evento no es necesariamente mejor sólo porque acuda más gente… Para terminar con este apartado, una pregunta que me hago a mí mismo: ¿Está La Belleza y el Tiempo en su fase de ascenso o en la de caída…? En cuanto al agotamiento de las ideas, me refiero, porque el número de visitantes, aun yendo poco a poco en aumento, nunca ha sido como para echar cohetes... Espero no haber llegado todavía a lo más alto de la curva.




Como resumen de lo visto podríamos decir que para tener una buena Vida debemos guiarnos por la moderación, buscando el punto justo de equilibrio, siguiendo la máxima de Aristóteles de que en el término medio está la virtud; y que a veces la clave para ser más feliz radica en la vuelta a la Sencillez… ¿Pero qué pasa cuando la variable en el eje horizontal de la función de mérito es el Tiempo? El paso de los años es inexorable e irreversible, con lo que no se puede elegir a voluntad el punto de equilibrio: llegará un día en que seguramente sin darnos cuenta alcanzaremos este punto óptimo y a partir del cual, a mayor o menor velocidad, ya todo irá cuesta abajo.

Decía la canción que tres cosas hay en la Vida: salud, dinero y amor… De dinero y bienes materiales ya hemos hablado. ¿Qué pasa con el amor? ¿Acaba irremediablemente en una curva descendente, o hay personas afortunadas que consiguen encontrar a alguien con quien poder mantener la llama de la pasión y el cariño encendida hasta el final? Supongo que alguno habrá por ahí… En lo que respecta a la salud, no cabe duda: irremediablemente todos acabamos yendo a peor más tarde o más temprano. Los que tienen suerte consiguen aguantar en buena forma hasta una edad avanzada (me acuerdo por ejemplo de Hostilio, el primo de mi abuela), pero muchos otros no tienen esa fortuna, y en cualquier caso el pico de salud óptima se suele alcanzar bastantes años antes de que llegue el final… El nivel general de satisfacción en la Vida depende de más factores aparte de estos tres antes citados, y el objetivo a cumplir es el de mantenerlo bien alto tanto tiempo como se pueda, incluso hasta el mismo momento de partir… Por ahora dejamos el razonamiento en este punto; dentro de poco dedicaremos una entrada o dos a hablar con más calma acerca de la Muerte.



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